PRESENTACIONES LITERARIAS

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO OFICIAL DE SEMANA SANTA

PRESENTADOR: ANTONIO G. COLOMINA RIQUELME

LUGAR: AUDITORIO DE LA LONJA DE ORIHUELA

FECHA: 17 de MARZO del 2011

 

Antonio G. Colomina recibe la medalla de la Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de la Semana Santa,

de manos de la Alcaldesa de Orihuela Excma. Sra. Dª Mónica Lorente en presencia del Imo. Sr. D. Eduardo Ferrández

Presidente de dicha Junta Mayor.

 

De izquierda a derecha: D. José Sáez, director del libro de Semana Santa, Dª Mónica Lorente, alcaldesa de Orihuela,

D. Antonio G. Colomina, presentador del evento, D. Antonio L. Galiano, cronista oficial de Orihuela, y D. Julio Calvet, magistrado y escritor.

 

 

Excma. Sra. Alcaldesa

de la Ciudad de Orihuela.

Ilmo. Sr. Presidente y Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de la Semana Santa de Orihuela.

Dignísimas autoridades civiles y eclesiásticas.

Ilustres señoras y señores, cargos y dignidades de la Semana Santa de Orihuela del año 2011.

Señoras y Señores.

Ante todo, permítanme que exprese mi gratitud a cuantas personas han confiado en mí para llevar a cabo la presentación de este libro Oficial de la Semana Santa de Orihuela 2011, y muy especialmente a D. José Sáez Sironi, director de esta prestigiosa publicación y Presidente del Patronazgo de la Ciudad de Orihuela, persona tan vinculada a la Semana Santa que sería casi imposible figurársela sin él. Por expreso deseo suyo y su reconocida modestia, omito dar una reseña biográfica de su prolífica trayectoria como servidor de Orihuela y su Semana Santa.

Mi satisfacción aún, si cabe, es mayor por dos razones: primero, por ser el primer año que se va a celebrar nuestra Semana Santa bajo el título de “Bien de Interés TurísticoInternacional”, mérito que corresponde a todos y cada uno de los oriolanos, encabezados por nuestras autoridades locales y el buen hacer del presidente y Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de Orihuela.

En segundo lugar, por llevarse a cabo este acto en uno de los edificios más emblemáticos de nuestra querida Orihuela: La Lonja. Los que me conocen bien saben perfectamente que he crecido intramuros de este inmueble, que tuvo el acierto de rehabilitar para la cultura, nuestro anterior alcalde y Glosador al Pregón 2010 D. José Manuel Medina Cañizares. Mi padre, Enrique Colomina Menárguez tenía su negocio aquí, justo debajo de donde nos encontramos, siendo el Asentador de Frutas y Hortalizas nº 2. Y aquí mismo, en los prolegómenos de la Semana Santa de mi niñez, introducían los pasos de La Oración en el Huerto y de El Prendimiento para limpiarlos y adornarlos. Y, como un juego, nos dejaban a los críos que andábamos corriendo entre carruajes y montones de fruta subir a ellos, bayeta en mano, para sacarle brillo a los cráneos lisos de los apóstoles.

No puedo presumir aquí de haber sido un nazareno precoz, como hubiera sido mi deseo, mi modesta condición nunca me permitió, muy a mi pesar, costearme una vesta, abonar las cuotas correspondientes y surtirme de caramelos. Pero no por ello dejé de participar en mi juventud de nuestra Semana Santa. En los comienzos del Grupo de los Cantores de la Pasión “Federico Rogel”, tuve el honor de formar parte del mismo, dirigido por D. Juan Pedro Muñoz, y con voces tan importantes como las de: Antonio Vicea, Antonio Picazo, Joaquín Martínez Zambudio, Hermenegildo Conejero, José Antonio Parra, José Bas, Faustino Cayuelas, José María Soto, Enrique Manzanares, y otros no menos importantes cuyos nombres se difuminan ya en mi memoria.

Con tan sólo 18 años de edad, me ausenté, también a mi pesar, de Orihuela; primero a prestar el Servicio Militar voluntariamente, después por imperativos laborales; pero tan pronto como pude acercarme a nuestra tierra, solicité mi ingreso en la Orden Franciscana Seglar y Muy Ilustre Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, donde tuve la ocasión de colaborar en la transición de la antigua Venerable Orden Tercera a la actual Orden Franciscana Seglar, habiendo desempeñado también el oficio como maestro de Formación. Y en este período de tiempo, tuve el privilegio de tratar a dos personas que, desgraciadamente se nos fueron: Conchita Martínez Marín, Glosadora al Pregón de la Semana Santa de 1996, siendo la primera mujer que fue distinguida con este alto honor. Y a Emilio Bregante Palazón, presidente de la Junta Mayor durante más de dos décadas.

Y ya que he citado el Servicio Militar y fiel a mi costumbre de rememorar anécdotas, pues la vida es recuerdo, ya que el futuro está por llegar y el presente ya es pasado, me gustaría relatarles una de ellas: Nos encontrábamos en un acuartelamiento de Madrid tres amigos oriolanos: Bartolomé Fons —conocido entre sus amigos por “Batito”—, Cayetano Lorente, y el que les habla. Era la tarde de Domingo de Ramos de 1959, ninguno de los tres pudimos disfrutar un permiso para pasarlo en Orihuela. Padecíamos la morriña que nos acude a los que hemos nacido aquí y no podemos estar presentes en nuestras procesiones. Nos hallábamos conversando sobre la procesión de “Las Mantillas”, si saldría o no aquella tarde “La Carriza”. “Batito”, con la gracia innata en él, se dirigió a un teléfono que había colgado en la pared de la cantina y, tras introducir algunas monedas, llamó al casino de Orihuela. Se puso al teléfono el conserje, después de identificarse y decirle el motivo de su llamada le preguntó: “¿Ha pasado ya “La Carriza?”, el conserje le respondió afirmativamente y continuó: “Ahora están pasando los ‘Armaos’”. ‘Batito’ le dio un encargo: “Dígale a ‘Pitoto’ que saque el pecho, que este año no estoy allí para decírselo”. El amable conserje puso el auricular en dirección a la calle para que pudiéramos escuchar las cornetas y tambores. Así fue, pudimos oír la marcha de la Centuria Romana. Los tres, con los ojos humedecidos, nos quedamos desalentados, rompió el silencio Cayetano que sacando una cajetilla de “Celtas” de su bolsillo nos dijo: “Vamos a echar un ‘sigarrico’ que se nos baje este nudo de la garganta”.

Pero no deseo alejarme del verdadero motivo de mi presencia aquí, que no es otro que la noble misión de presentar este importante Libro Oficial de la Semana Santa de nuestra Ciudad.

Orihuela, con los albores del tiempo litúrgico fuerte de Cuaresma, comienza a cambiar su fisonomía, los actos de Cofradías, Hermandades y Mayordomías proliferan, la parsimonia de un pueblo pacífico se transforma en un frenesí religioso y cultural, los monumentales campanarios otean desde las alturas a las gentes que van y vienen deseosas de participar en actos litúrgicos, penitenciales o solidarios: La Novena y Besapié a Ntro. Padre Jesús, el Vía Crucis Penitencial, la Cena del Hambre que organiza la Hermandad de la Resurrección a beneficio de Manos Unidas, Certamen de Aleluyas, concursos de fotografía, Rastrillos benéficos, Vigilias extraordinarias de la Adoración Nocturna, Misas de Cofradías, Hermandades y Mayordomías en sufragio de sus cofrades fallecidos, Glosa al Pregón de la Semana Santa, Glosa de la Centuria Romana, … hacen aparición en sus calles y plazas los dos grupos de Cantores de la Pasión que por las noches anuncian a Orihuela la inminente celebración de la Pasión de Cristo, el sonido inconfundible de las bocinas gemelas, los clarines y bandas de cornetas y tambores realizan sus últimos ensayos…

Y es que Orihuela se convierte en una segunda Jerusalén. Y ahora me viene a la memoria una frase que le escuché a nuestro anterior obispo Monseñor Oliver, y que pronunció en su cátedra, es decir, en la Catedral, y dijo aquello tan bonito que se me quedó grabado para siempre: “En Orihuela vive el Señor”, y yo añadiría: “Y la Virgen de Monserrate, nuestra madre, que vela por todos nosotros.

Este año, como he dicho anteriormente, no es uno más, es el año en que el mundo entero pondrá sus ojos sobre nosotros para examinarnos, pues el título de “Bien de Interés Turístico Internacional” nos lo hemos ganado a pulso, pero ahora hay que mantenerlo con la dignidad que caracteriza a esta noble y Gran Ciudad de Orihuela —Gran Ciudad, así está declarada por la Generalidad Valenciana— y seguir trabajando para que algún día, nuestra Semana Mayor sea reconocida por la UNESCO, “Patrimonio de la Humanidad”. Por ello, me gustaría hacer un llamamiento desde aquí a todos los que participamos en los desfiles procesionales. Debemos esforzarnos en guardar la compostura, dar preferencia en el reparto de caramelos a niños, discapacitados y ancianos; en silencio, con sobriedad, sin interrumpir el orden de las filas, y siempre con la seriedad y el recogimiento que debe identificar al Nazareno. Nuestra responsabilidad es grande, como lo es nuestra Ciudad y Nuestra Semana Santa, por eso, no debemos desfallecer en nuestro empeño de conservar el legado de nuestros antepasados: nuestro patrimonio, nuestras tradiciones y todo lo que Dios ha tenido a bien otorgarle a esta bendita tierra.

Y el libro Oficial de la Semana Santa de este año, cuya lectura van a disfrutar, sin lugar a dudas, representa en la portada algo insólito y único, la Cruz de los Labradores o Diablesa, grupo escultórico que data de 1695 del imaginero Nicolás de Bussy, en una fotografía de Jesús Aledo Leiva, este paso, el más antiguo de la Semana Santa oriolana, forma una alegoría del triunfo de la Cruz sobre el mundo, el demonio y la carne.

La primera página nos presenta el emblema de la Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de la Semana Santa de Orihuela.

A continuación, una preciosa y artística fotografía titulada “Un mar de cera” que corresponde al paso de Ntra. Sra. de los Ángeles, cuyo autor es José Sáez Sironi.

El Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la diócesis D. Rafael Palmero Ramos nos dice que “vivamos con autenticidad la Semana Santa” y nos invita, entre otras cosas, a “contemplar los pasos de Semana Santa, no sólo como obras de arte, de calidad ciertamente indiscutible, sino, sobre todo, como imágenes que nos ayuden a comunicar un mensaje actual y sugerente; pongamos rostros humanos a las figuras cinceladas por la mano de nuestros mejores escultores”. Al final, ofrece la ayuda de la Vicaría General a las Cofradías, Hermandades y Mayordomías para “ser lo que en realidad queréis ser: agrupaciones de hermanos en el seno de la Iglesia Madre”.

La alcaldesa del Excmo. Ayuntamiento de Orihuela, en su salutación, dice que este año 2011, brilla, si cabe, con más intensidad nuestra Semana Santa por ser la primera vez que se va a celebrar habiendo sido declarada de Interés Turístico Internacional. Felicita a los cargos que han sido nombrados para este año y muy especialmente a D. Eduardo Ferrández Felices, Presidente de la Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías por su “intachable labor al frente de la Junta Mayor y, sobre todo, por su enorme corazón…” Con un saludo a todos los cofrades y el deseo de seguir trabajando todos juntos para que nuestra Semana Santa brille cada vez con más intensidad.

En sus líneas D. Eduardo Ferrández Felices, Presidente de la Junta Mayor, felicita a todos y cada uno de los cofrades por los logros conseguidos y menciona muy especialmente a la Concejalía de Cultura desde donde se han tramitado todos los expedientes para la Declaración de Interés Turístico Internacional.

Relaciona los cuatro pilares en los que se ha fundamentado este merecido galardón: Singularidad, Diversidad, Antigüedad y Participación.

Una fotografía de la bocina negra en el momento de realizar su toque anunciador me recuerda en mi niñez a quien tenía este cometido entonces: Paco “El Perejilero”. Era tan largo su toque que todo el mundo se asombraba de la resistencia pulmonar de este gran oriolano.

El Rvdo. D. José Antonio Moya Grau, Consiliario de la Junta Mayor, se refiere a la mujer y a los jóvenes en la Semana Santa y, entre otras cosas dice: “Esta sociedad pluralista y laicista en la que nos encontramos, nuestras cofradías siguen siendo un ‘reclamo’ atrayente para los jóvenes y un espacio social aglutinante de la juventud”. Se ilustra con varias fotografías de niñas y niños nazarenos.

Vivir la procesión” nos dice María Dolores Bregante Illescas, con una fotografía en la que aparece el Cristo de las Santas Mujeres en primer plano, y al fondo la Virgen de los Dolores, invita a participar y a ponerse la mantilla, aunque sólo sea una vez, y sepan lo que se siente al acompañar el Domingo de Ramos a la Virgen por las calles de Orihuela. Varias fotografías de esta procesión ilustran dicho artículo.

Con el título “Nuevos aires” nos escribe José Antonio Navarro Cuadrado que habla de su Cofradía de la Flagelación o “Los Azotes”, su nueva directiva, “diez peregrinos en el camino de la Semana Santa 2011”, dice él. Le acompaña varias fotografías del paso principal y La Coronación de Espinas, además de un armado con el clarín al hombro.

Las Costaleras de María Santísima del Consuelo también aportan sus vivencias en un escrito firmado por la Junta Directiva, ilustrado con tres fotografías de los pasos titulares.

Del “Estandarte Samaritano” nos relata Conchi García Rodes el significado de todos sus bordados y detalles. Acompaña fotografía del paso titular, de un numeroso grupo de nazarenos en la procesión portando el estandarte y de D. Antonio Molina Roca, Portaestandarte 2011.

Jesús Zerón Huguet titula su trabajo “La Negación de San Pedro, regreso a una decisión acertada”. Nos relata la importancia del nuevo trono de “La Negación de San Pedro” y el haber sido elegido este paso para representar a la Semana Santa de Orihuela en el Vía Crucis que presidirá el Papa Benedicto XVI en su próxima visita a Madrid. Ilustra su trabajo con dos fotografías del paso, obra de Vicente Gimeno.

Antonio Sanmartín Alonso hace un resumen de la Glosa al Pregón de la Sociedad Compañía de ‘Armados’ y cuenta cómo eran aquellas procesiones que organizábamos los niños en los barrios, con tambores de botes de conservas y otros artilugios sacados de los trasteros. Le acompaña varias fotografías de la Centuria Romana, pero me llama poderosamente la atención, una que yo de pequeño he presenciado muchas veces, cuando los “Armaos” dan la vuelta por la sierra hasta llegar al barrio de Triana para salir a incorporarse en la procesión.

Ante el Cristo del Ecce Homo” escribe Maite Martínez, con fotografía del Tercio de la Cruz, del paso titular y una instantánea preciosa de Jesús en el paso de la Sentencia en primer plano y la monumental torre de Santa Justa detrás.

Un extenso artículo de Mariano Cecilia Espinosa nos relata los pormenores del “Cristo del Calvario”, de su autor Galarza, acompaña una fotografía de “Ntra. Sra. de las tres Avemarías”, un boceto del Cristo del Calvario y otra de nazarenos desfilando.

Manuel Ramón Vera Abadía titula “Mirando al futuro desde el pasado”, nos relata cómo se le encargó a Sánchez Lozano la nueva imagen de Ntro. Padre Jesús, tras la desaparición de la anterior durante la Guerra Civil. Nos ilustra su trabajo con una fotografía de la anterior imagen del Señor y de la actual, así como de las bocinas gemelas y de los mayordomos saliendo en procesión desde San Francisco.

Adrián Ruiz Bas titula “Ntra. Sra. de los Ángeles y de la Santa Eucaristía”. Describe los motivos que llevaron a la creación de este nuevo paso y la relación que guarda la advocación de Ntra. Sra. de los Ángeles con la sagrada Eucaristía. Tres fotografías complementan este trabajo: el paso de las Virgen, El cáliz con la Sagrada Forma y el titular de la Santa Cena.

XV años de Esperanza” nos dice Manuel Mariano Gutiérrez Cerezo. Relata las medidas y características de Ntra. Sra. de la Esperanza y adereza con varios poemas. Fotografías de La Esperanza, el titular de El Lavatorio, y nazarenos de la cofradía en el Museo de Semana Santa ante el paso de la Esperanza.

Y ya que hemos hablado del Lavatorio, me gustaría contar una anécdota que, aunque ya la he referido en alguna otra parte, me ilusiona hacerlo desde esta tribuna:

Acaeció allá por el año 1956. Mi hermano Enrique era cofrade del Lavatorio, yo tenía tanta ilusión en vestirme de nazareno que aquél año le rogué que me dejara salir el Miércoles Santo y que él lo hiciera en la general del Viernes. Accedió a mi petición y, tuve tan mala suerte que permaneció lloviendo sin parar todo el día. Casi a punto estuvo de suspenderse la procesión, pero en el momento de salir cesó la lluvia y decidieron celebrar el desfile. Las calles estaban embarradas y llenas de charcos. Por entonces, los cirios iban cogidos unos con otros mediante un cable eléctrico que les suministraba una luz de 125 voltios. Como quiera que el cableado arrastrara con frecuencia el suelo mojado, comenzaron los cirios a emitir calambres. No sabíamos cómo solucionar este problema, al final, cansado de soportar aquellas sacudidas se me ocurrió una pequeña maldad, le pedí a un niño de los que portaban el pebetero que me sujetara un momento el cirio para salir de la procesión a hacer mis necesidades fisiológicas, con eso, pensé, descansaría un poco. El chaval, más avispado de lo que yo creía me respondió: “¡De eso nada, que dan la corriente!”. Así que, cambiándome el cirio de mano y soportando penitentemente los calambres, tuve que aguantar hasta el final. Aquí acabó mi experiencia nazarena de aquella época.

Hermano oriolano penitente del Cristo del Consuelo” nos titula Francisco Isidro Hernández Escamilla. Se dirige a los hermanos del Silencio y, entre otras recomendaciones de índole espiritual dice: “Hermano oriolano presente en la noche de Jueves Santo, cuando Orihuela calle a ritmo de silencio y luna llena, el Cristo del Silencio salga, con tu hábito, Cruz y soga, di a todas las gentes que tu penitencia es amar al hombre como hermano”. Una fotografía del interior de Santiago y otra del paso titular con el típico farol en primer plano ilustran el trabajo.

José Sáez Sironi le dirige una emotiva carta a un hermano fallecido recientemente: Luis Soriano, quien fuera Secretario de la Hermandad del Silencio, que le habla de la restauración del Cristo del Consuelo, obra que no pudo ver realizada. Dos preciosas fotografías complementan este trabajo: Una con el hermano fallecido limpiando con un pañuelo el rostro de la imagen de Cristo, y otra espléndida del Cristo del Consuelo ya restaurado en su sede de Santiago.

Costaleros” nos titula Eduardo López Egío, que realiza en el mes de enero un recorrido por las calles de Orihuela por donde discurre su procesión y reflexiona: “¡Cuánto pesa la Buena Muerte a hombros de un costalero!”. Cuatro fotografías acompañan este trabajo.

¡Feliz Pascua de Resurrección!” Juan de Dios Rogel Payá nos relata en su artículo la alegría que embarga a todos la Resurrección de Cristo. La tristeza que produce los días anteriores se ve recompensada con la explosión de júbilo que se manifiesta a través de los cientos de tambores que proclaman a los vientos la gloriosa Resurrección del Señor. Cinco fotografías complementan este trabajo con una preciosa del “Encuentro”.

Tras estos magníficos trabajos literarios y fotográficos que hemos enumerado, de una forma simplificada, porque no podría ser de otra manera, viene lo que se denomina “BORDADOS 2ª PARTE”, la 1ª parte se publicó el año pasado.

Examinar al detalle este capítulo de fotografías, es un placer para la vista. De una belleza extraordinaria.

Es de destacar el artístico trabajo de todos los documentos gráficos y la aportación de sus autores o coleccionistas que, desinteresadamente, y por amor a Orihuela y su Semana Santa, han colaborado con esta emblemática publicación:

Jesús Aledo Leyva, Ascensión García-Molina, Gaspar Poveda, Loíno, Pablo Lorenzo Bregante, Antonio Lozano, Carlos Melgarejo, José Sáez Sironi y Alberto Zerón, así como los archivos de: Ballester, Cofradía del Perdón, José Sáez, y el Obispado

Finaliza el libro con una nota que reza así: “Esta publicación consta de 1.000 ejemplares y se acabó de imprimir el primer Viernes de Cuaresma del año del Señor 2011 en los talleres Gráficas Minerva, bajo la dirección de José Sáez Sironi”.

Ahora sólo me resta felicitar a los cargos de este año: D. Ginés Gea Cayuelas, Glosador al Pregón. D. Tomás Sáez Sánchez, Nazareno de Orihuela y a Dña. Consuelo Moñino Miquel, Abanderada de la Junta Mayor en la Procesión General; así como a todos los distinguidos por sus distintas cofradías. Les agradezco la atención prestada, y les dejo con la proyección de un vídeo que pondrá imagen a mis anteriores palabras. Me gustaría despedirme de todos ustedes y hacerlo con dos frases muy cortitas, pero muy significativas, que pronunciaron, una Gabriel Miró en el “Obispo Leproso”: “¡Qué hermosa es la Semana Santa de Oleza!” Y otra de mi buen amigo Antonio Luis Galiano Pérez en su Glosa al Pregón de 1985: “… Y allá, arriba, en lo alto, la Cruz de la Muela”.

Muchas gracias.

***

 

PRESENTACION DEL LIBRO “ORIHUELA. DESDE LA ESCALERA DE SAN MIGUEL”

Autor: Antonio G. Colomina Riquelme

Presentador:  D. Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor

Fecha: 19 de diciembre de 2019

Lugar: Librería “CODEX”. Orihuela

 

Aspecto del salón de Librería CÓDEX durante la presentación del libro

"Orihuela desde la escalera de San Miguel"

 

 

 

ALOCUCIÓN DE D. JULIO CALVET BOTELLA, PRESENTADOR DEL EVENTO

Buenas noches.

 Es un placer estar esta noche con ustedes para presentarles el nuevo libro de Antonio Colomina Riquelme, “Orihuela. Desde la escalera de San Miguel”, que ha tenido la gentileza de pedirme, lo que para mí es una inmejorable muestra de una amistad ya para siempre perdurable.

Gracias, pues, Antonio, por haberme pedido el estar hoy, aquí, contigo.

Yo no creo absolutamente en las coincidencias. Y por el contrario creo en la libertad. Y que es, en función de la libertad, por lo que en la vida, surgen lo que no son más que aparentes coincidencias.

Y por otro lado creo que es cierto, el dicho que conocemos, de que “las palabras se las lleva el viento”, porque el paso del tiempo, hace que hasta el nombre y las palabras, acaben perdiéndose del recuerdo.

Sólo hay una posible excepción, relativa si se quiere, pero real: Quien deja en la tierra un libro escrito, tiene muchas posibilidades de que su recuerdo y sus palabras, puedan surgir de la oscuridad en los tiempos futuros.

Ha escrito Emilio Lledó, en su interesante ensayo titulado, “Los Libros y la Libertad”, que “Ante los libros, mientras el tiempo nos sostiene y alienta, somos capaces de recuperar lo que otros seres como nosotros gozaron, sufrieron, soñaron, pensaron. Una cierta forma de eternidad, que nos permite alargar nuestra vida hacia otras vidas y alimentarnos de ellas”.

Ser escritor o poder ser tenido por tal, es consecuencia de un don creativo que se posee, y que se fundamenta en el lenguaje y sobre todo en el sentimiento.

Y para ello es preciso el que la palabra y el sentimiento se escriba desde la armonía de aquella y desde la intensidad del alma.

Y vienen estas reflexiones ante el hecho de que aquí, estamos presentando un libro que es un lujo de la palabra y del sentimiento.

La palabra y el sentimiento de Antonio Colomina Riquelme.

La libertad es siempre la capacidad de elegir entre dos o más opciones solo una de ellas. Y la libertad ha existido siempre. Aún en los más duros momentos de la vida. El concepto de libertad, no se puede asociar al concepto de felicidad o fortuna. Ni tampoco se puede circunscribir única y exclusivamente a un derecho político o social.

Porque la libertad es un bien personal, y se tiene para todo. Hay hasta libertad de conciencia. Y hay que creer en la libertad. La libertad se concreta en la palabra “decidir”.

Y la libertad es la que determina el que surjan, lo que antes dije, aparentes coincidencias.

Esta opinión o creencia podrá ser discutible. Pero al menos a mí me ha pasado más de una vez.

Libertad y coincidencia, o coincidencia y libertad.

Creo que fue en el año de 2007, cuando en uno de mis múltiples paseos por esos sitios done se venden libros, me tropecé en uno de los anaqueles del establecimiento, con uno de ellos que se titulaba “Orihuela, dulce pueblo”. Estaba escrito por Antonio Colomina Riquelme, un escritor oriolano a quien no conocía, y no solo me detuve para ojear el libro, sino que acabé adquiriendo un ejemplar.

Lo leí con ilusión. Ya su título me invitaba a ello. Y en la palabra de su autor, Antonio Colomina Riquelme, redescubrí a Orihuela. Aquella Orihuela “de antes”, que yo recordada como pedazos cortos de mi vida.

Y es que yo, que soy un oriolano andante desde al poco de mi nacimiento, al seguir los destinos profesionales de mi padre, y luego los míos propios, quede encantado de la lectura de “Orihuela, dulce pueblo”, que me traía el recuerdo de mi niñez, en las cortas estancia en éste, mi pueblo, al que veníamos en las festividades tradicionales, desde pueblos lejanos, a pasar unos pocos días en la casa de mi abuela Lola, en la calle Mayor de Orihuela.

Y como en la solapa del libro “Orihuela, dulce pueblo”, venia el correo electrónico de su autor, Antonio Colomina Riquelme, le remití una felicitación por su libro que tanto me había gustado.

Recibí una pronta contestación electrónica del escritor, y poco después, aún sin conocernos personalmente, me pidió que le presentara su segundo y próximo libro titulado, “Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes…”, cuya petición, gustosamente acepté, y la que se celebró el día 13 de diciembre de 2007, en el entonces llamado “Conservatorio Municipal de Música “Lonja Municipal”, con una notable asistencia y también la presencia del autor del prólogo del libro, nuestro recordado amigo, el escritor y periodista Tirso Marín Sesse.

Y se rubricó así, el encuentro de dos personas que no se conocían, y que al cabo de los años, han llegado a ser dos amigos entrañables, y unidos por una total hermandad.

La coincidencia y la libertad o viceversa.

Yo pude no haber comprado el libro. No haber felicitado a su autor. Y dejar la ocasión para después. Yo pude haberme escusado de la presentación. Pero resulta que yo nunca me he esperado a la segunda vuelta.

Una segunda vuelta que además no se merecía Antonio Colomina Riquelme, que además de un brillante escritor, es un hombre sereno, honrado, y firme en sus amores y convicciones. La lealtad es para él un signo definitorio y distintivo.

La libertad y la oportunidad son mis lemas. Yo he preferido equivocarme en la rapidez, a llegar el último en la carrera. Ya saben aquello de los trenes. Me subí al camino de Antonio Colomina, y desde entonces andamos juntos desde nuestra amistad, por la vida, por los libros, y por Orihuela.

Pero es que Antonio Colomina pudo haber hecho lo mismo conmigo. Ante mi comunicación de felicitación por su libro, contestarme dándome las gracias y nada más.

Pero el, como yo, se subió al camino de mi vida para caminar también juntos.

Y hoy, como no podía ser menos, y accediendo a su petición, me encuentro una vez más junto al mismo, para presentarles a ustedes su último libro, como ya hiciera también con su magnífico libro “Como la Seda y el Esparto, Memorias de un Zagal de la posguerra”, que celebramos en el auditorio del “Ámbito Cultural” del Corte Inglés de Alicante, el día 21 de mayo de 2010.

Ese libro, cuyo protagonista Javier, tanto tiene que ver con su autor Antonio Colomina Riquelme.

Y estoy aquí, además, porque para mí los libros, son también nuestros amigos. Esos amigos que hay que cuidar, y que tras su lectura, y acaso subrayados, conservarlos con esmero, sobre todo cuando tienen el alma de papel.

Antonio Colomina Riquelme, es como yo, un oriolano andante.

Funcionario del Estado, ha vivido en Madrid, en La Línea de la Concepción, en Algeciras, en Cáceres, y en Alicante. Por los caminos de España. Una vida profesional de entrega y responsabilidad.

Pero con Orihuela siempre, siempre, en su corazón, este lugar donde nació y echó sus mejores raíces a la sombra de San Miguel, del Oratorio Festivo, y de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina.

El lugar donde conoció a su esposa, me parece que por primera vez, en la Glorieta.

Y viene caminando abrazado a ella, Mari Carmen, siempre a su lado, y con sus hijos, María Auxiliadora, Miguel Ángel y María del Carmen. Hoy, Antonio, es ya un patriarca de su querida familia, que ha ido creciendo más y más con sus nietos Cristian, Álvaro y Daniela.

Antonio Colomina Riquelme, es un prolífico escritor que va dejando los rasgos de su pluma sobre todas las cosas que escribe, pero donde más se ha volcado, es cuando al escribir, se ha reencontrado con su Orihuela.

Sus múltiples conferencias, sus presentaciones de libros, y prólogos, sus publicaciones en los “Relatos Urbanos”, donde ha sido finalista, muchos años en los concursos literarios convocados en la Feria del Libro de Alicante, por la Asociación de Libreros, que coordina don José Antonio López Vizcaíno, Presidente de dicha asociación alicantina. Sus colaboraciones en revistas impresas y digitales, como las de “Oleza”, “Asociación de Moros y Cristianos”, “A Golpe de Mozo” de la Hermandad del Cristo de Zalamea, “Portada Vega Baja”, y también en sus ya cinco libros publicados, dan buena prueba de que estamos ante un escritor consagrado, y como tal, aparece en la relación de escritores oriolanos que han apoyado la candidatura de Orihuela como Ciudad Creativa Literaria, ante la UNESCO.

Antonio Colomina ha tenido también la gentileza de ser miembro del Jurado de los premios del concurso de “Relatos infantiles” que ha venido convocando la Fundación de la Comunidad Valenciana Patronato Histórico Artístico de la Ciudad de Orihuela, y en todas sus ediciones celebradas.

La Real Orden de San Antón de la Ciudad de Orihuela, tiene la honra de contar entre sus Caballeros de la misma, a Antonio Colomina Riquelme, cuya presencia la distingue, siendo también el director de la página web de la misma.

Y hoy Antonio Colomina, nos trae su nuevo libro: “Orihuela Desde la Escalera de San Miguel”.

Ante todo, y lo diré más veces, es un libro magnífico.

Me faltan palabras para comentarles este libro, pues en él, voy y vuelvo por entre sus páginas, por generosidad de Antonio para conmigo, lo que agradezco aquí, públicamente a su autor.

Pero sobre todo, me alegra estar aquí, porque su nuevo libro, nos trae de nuevo a Orihuela, a esa Orihuela de su vida, a ese tiempo nuevo, pero viejo a la vez. Y lo hace con el anhelo del recuerdo emocionado.

Y con su emotiva palabra y con su sentimiento.

El pasado forma parte de nuestra existencia, quererlo olvidar es mutilar nuestra vida”, nos dice casi como advertencia, en su nota introductoria.

Y esto es cierto y es esto así. Ya nos dijo el gran poeta de Bohemia, “Rainer María Rilque, “porque acaso no se es más, que de ningún país, más que de país de la infancia”. Y Antonio Colomina es de Orihuela, y Orihuela le ha seguido a lo largo de su vida como un recuerdo enamorado.

Y tras ese pensamiento verdadero, el libro de Antonio Colomina, nos va a recordar a esa Orihuela de sus años mozos, vista y recordada desde la “Escalera de San Miguel”, esa escalera que marcó su vida, y que el gran poeta oriolano, aún no bien del todo reconocido, Carlos Fenoll, nos la describiera diciendo:

San Miguel

Fragancia a tomillo. Sol.

Baja la gente en tropel

La cuesta de caracol…”

¿Quién no recuerda la rejullaera…?

Como en continuo retrato iluminado, ante el lector, nos aparecerá una amplia colección de sus escritos, tanto del tiempo viejo, como del tiempo nuevo. Tiempo poblado de sus gentes, de su entorno y de su paisaje.

Temas costumbristas oriolanos”, será el inicio este libro, donde nos encontraremos con el capítulo que titula “Esplendor oriolano”.

Es un artículo-estudio luminoso, como un amplio introito, donde nos contara buena parte de la historia de Orihuela, de sus edificios históricos, de sus palacios, de sus monumentales Iglesias, de su belleza arquitectónica y de sus personajes, para seguir luego con estudios tan oriolanos como los referidos a “San Isidro”, “el volar la milocha”, “las cruces de mayo”, “la Navidad”, “aquellos sastres”…” “El corazón partío” que es para mí emblemático cuando nos recuerda en su “época de niño”, y no tan niño, el Café Colon, la Cafetería Llanes, el kiosco Medina, el Casino, el Bar Zara, el Hotel Palas, el bar Español, la cafetería Fuiga, el Trocadero, el Brisa, el bar Pepito, el Café Levante, los Barriles, el bar Pedrera, el Farolillo Rojo, el Rancho Grande, y el bar de Los Mariscos o bar de las tetas gordas, para llegar tras atravesar por el Círculo Católico, y la sede del Frente de Juventudes de la Avenida de Tedomiro con sus mesas de billar y de ping-pon, a Radio Orihuela, y encontrarse con Joaquín Ezcurra Alonso y Andrés Lacarcel, presentando su programa especial de artistas aficionados, donde comenzó su carrera quien tan pronto nos abandonó, Joaquín Martínez Zambudio… ¿Qué fue de todo aquello? me pregunto yo, y nos preguntaremos todos, que en nuestro intimo corazón nos diremos, ¿Qué fue de aquella Orihuela? ¿Qué fue de sus gentes? Yo que nací en la calle Mayor, y venia en mis años de niño a ver a mi abuela, ¿Creen ustedes que puedo reconocerla cuando ahora paso por ella?... Bueno, y en éste capítulo Antonio Colomina, nos contara muchas cosas, que no quiero aquí desvelarles más.

Puede que a alguno o a alguna, en su lectura, se vea retratado, o retratada, o les traiga al recuerdo de alguno de sus seres queridos, y que ante ello, sus ojos hagan esfuerzos por evitar que se derrame una sentida lágrima.

Pero es que, llorar… dejar correr una lágrima, es un homenaje al sentimiento.

Y el sentimiento se expresa con la lágrima. Y es bueno expresar el sentimiento.

Seguirá el libro con el capítulo titulado, con la frase de “Temas Religiosos”

Hago justicia si digo que Antonio Colomina Riquelme, es un hombre profundamente creyente.

Yo imagino que ya desde su infancia fue educado en ese ambiente familiar, pero de lo que estoy seguro, es que de su trato y educación con Don Antonio Roda, y con su Oratorio Festivo de San Miguel, nació su amor por Nuestro Padre Jesús, y por la Santísima Virgen, Nuestra Señora de Monserrate, y en especial, bajo el manto de María Auxiliadora.

Hay en el grupo de artículos, que titula, “Mis recuerdos del antiguo Oratorio Festivo” muchas de sus experiencias de activo colegial. Ahí está toda una vida de adolescencia y juventud. Aquí se van a encontrar muchos lectores del libro, consigo mismo.

Pero junto a este artículo hay otro que no podía faltar: “Nuestro Padre Jesús me atrae”, se llama.

Y Antonio Colomina Riquelme, que cuenta entre sus títulos, sus Estudios de Teología y de Profesor de Religión y Moral Católica, no podía estar ajeno al devenir de la Venerable Orden Tercera, y de la constitución de la nueva Orden Franciscana Seglar en la Fraternidad Local de Orihuela, cuyo Primer capítulo electivo se celebró el 8 de junio de 1996, bajo la presidencia, de Don Benedicto Martínez Vicente, como Ministro de la Fraternidad Local, y con Don Antonio Colomina Riquelme, como Maestro Responsable de Formación, entre otros grandes oriolanos.

Todo esto y más nos lo contará Antonio Colomina en este capítulo.

Luego vendrá su Capìtulo Tercero, donde nos contara trasuntos de vivencias personales titulados, “Relatos Breves”. Muchas y hermosas historias: “Javier, un cruzado en la corte celestial”, “Viaje a la enigmática Roca”, “La matanza”, y otros magníficos relatos.

Después, vendrá un capitulo siguiente con el título de “Presentaciones Literarias y Prólogos”, propios y ajenos, donde vamos a aparecer más de uno.

Y por fin, un Quinto capítulo denominado “Varios”, que nos irán presentando historias, personajes, hechos notorios… personajes cómo Doña María Gloria Aparicio Valero, Don Manuel Roberto Leonís Ruiz, Don Ramón Navarro López, Ramón, “in memoriam”, y cerrara el capítulo, con el Diploma del Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, otorgándole la consideración de Reservista Voluntario Honorifico. Y es que aunque muchos no los sepan, les diré, que Antonio Colomina, llego a pertenecer a una compañía expedicionaria en el Sahara, cómo Radiotelegrafista militar, a lo largo y ancho de todo el desierto, y es que como él mismo se reconoce, ésta consideración honoraria, es como las gracias que recibe del Ejército, “por dar parte de lo mejor de tu vida al servicio y defensa de España”.

Y no puedo contarles más. Haría un flaco favor a su autor si se lo contara todo, pues aquí está el libro, para leerlo, serenamente, despacio y evocando nuestros recuerdos.

No es un libro para leerlo de una “carrera”. No es un libro para leerlo una sola vez. Es un libro para luego evocar los recuerdos que nos cuenta, recorriendo las calles y esquinas de Orihuela.

Y no es solo un libro para los hombres y mujeres de Orihuela. Es un libro también para quienes no conozcan este pueblo ni a sus gentes. Y que tras su lectura, estoy seguro, sentirán la curiosidad de conocerlo y venir a esta tierra a la que Gabriel Miro llamó Oleza.

Todo el libro, viene adornado con una colección de fotografías excelentes, de esas en blanco y negro, fotografías, que yo califico de “autenticas”, por estar hechas en aquellas vetustas y pesadas máquinas portátiles de fotografiar, con su “carrete”, y su posterior revelado en la oscuridad, y que a veces nos encontramos, casi perdidas, en algún cajón de aquel antiguo mueble heredado de nuestros mayores, que habita en un rincón de nuestras casas, con esa foto fija, de la que fue una vida, y el recuerdo de los nuestros, alguno de los cuales, ya hemos olvidado hasta sus nombres.

El libro culmina con una fotografía de la Virgen de Monserrate. Una foto antigua de la Virgen, que vela por Orihuela desde su Santuario, que hay que conservar a toda costa ante su fatal deterioro.

Recuerdos y emociones encontramos en el libro, “Orihuela Desde la Escalera de San Miguel”.

Y la palabra. Sobre todo la palabra, que nos trae Antonio Colomina Riquelme.

La palabra como redención. La palabra verdadera y necesaria, que agradecía Machado, La palabra, que como dice Olegario González de Cardedal, que “con su luz y lumbre reganamos el gozo de vivir y la dignidad de ser hombres”.

La palabra en libertad, añadiría yo. En libertad y con dignidad.

Eso es, entre otras muchas cosas, lo que nos trae este luminoso, tierno y amable libro, lleno de sentimientos y de recuerdos, escrito por un hombre bueno que nos recrea esas palabras verdaderas y necesarias: el escritor oriolano Antonio Colomina Riquelme.

No les voy a hablar nada más del libro, pues deseo, que, tienen, seguro, que leerlo.

Les prometo que no lo sentirán. Luego guárdenlo en un lugar preeminente de su casa, y cuando en el silencio de las tardes de invierno, cuando encuentren la serenidad del tiempo, ábranlo por cualquier página, y vuelva a leer la Orihuela de lo viejo y de lo nuevo, la Orihuela de siempre, que no dejará nunca de tener, pase lo que pase, “Alma de poeta y de palmera”.

Enhorabuena, querido Antonio, por este “Orihuela desde la Escalera de San Miguel”, que has traído al mundo de las letras y del recuerdo.

Sólo añadiré, que Editorial Club Universitario, ha realizado una vez más, de la mano del Editor José Antonio López Vizcaíno, una edición elegante, y cuidada, tal y como ha querido que lo sea su autor, por lo que también le felicito de todo corazón.

Vizcaíno, es amigo nuestro y mío desde que Antonio Colomina, me lo presentara pasando a ser también mi Editor.

Yo por eso, en nombre de Antonio y en el mío propio le doy las gracias por su amistad, su afecto y su competencia en estos magníficos libros que nos edita y de los que es buena prueba este libro, que les he presentado.

Y gracias también a esta librería “Codex”, y a nuestro querido amigo Vicente Pina, paladín de todos los libros del mundo, -recuerda Vicente este nombramiento que hoy te ofrezco, “Paladín de todos los libros del mundo”-, por acogernos aquí, en tu casa, rodeados de tantos libros, y de tantos afectos, en esta noche de Adviento y ya Navideña, en nuestra Orihuela sin tiempo.

Terminare estas palabras con unos versos que titulé, cómo “EL PAISAJE DEL ALMA”, de mi libro, “VERSOS DEL MAR Y OTRAS SOLEDADES”, que le dediqué: “A Antonio Colomina, que con su corazón pasea por las calles y plazas de su pueblo”:

El paisaje es el aura de su cielo,

el rigor de sus montañas,

el verde o gris de sus flores,

el encuentro de las cosas con las almas,

el barroquismo del sentido

y también del sentimiento.

El barroquismo del acanto

y la voluta encendida de sus flores,

de su estampa y de sus soles,

y del perfil de sus gentes.

Bastará con pasear, lentamente,

en una noche de otoño por Oleza,

cuando el reloj de la Catedral

toque los cuartos de las once de la noche.

Y escuchar el silencio tan solo quebrado

por el llanto de un niño que no duerme.

Y sentir como cae sobre nosotros

como una lluvia leve

la inmensidad de una nostalgia

del pasado de su vida y de la propia nuestra.

Porque el pasado es imborrable,

porque siempre está habitado, por personas

que se fueron para siempre.”

Mi enhorabuena Antonio por tu nuevo libro “Orihuela. Desde la Escalera de San Miguel”.

No dejen de leerlo.

Muchas gracias, buenas noches, y Feliz Navidad.

***

 

 

 

PALABRAS PRESENTACIÓN DE LA EDICIÓN FASIMIL DEL SERMÓN DE LA RECONQUISTA DE ORIHUELA

DEL AÑO DE 1896 PRONUNCIADO POR DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN. 

ORIHUELA VEINTITRES DE  JUNIO DE DOS MIL VEINTIUNO.

 

DIGNISIMAS AUTORIDADES.

SEÑORAS Y SEÑORES.

GRATITUD.

GRATITUD ESTA NOCHE EN LA ORIHUELA DE LA ILUSIÓN, EN LA ORIHUELA DEL SENTIMIENTO, EN LA ORIHUELA DE LA ESPERANZA.

EN NUESTRA ORIHUELA DEL ALMA.

NOCHE DE GRATITUD Y DE RECUERDO HISTÓRICO DE UN SERMÓN DE LA RECONQUISTA. Y AQUÍ ENTRE LAS SANTAS JUSTA Y RUFINA.

YO CREO QUE LAS BUENAS TRADICIONES DEBEN CONSERVARSE, PUES SON EL ALMA DE LOS PUEBLOS, Y PARA QUE, CUANDO ALGUNA VEZ VOLVAMOS LA VISTA ATRÁS, ENCONTRARLAS Y RECORDARLAS CON RESPETO.  

TODOS LOS HIJOS DE UN PUEBLO, VENIMOS DE SUS  TRADICIONES.

Y ESTA NOCHE ES EL HOMENAJE A UNA TRADICION SECULAR.

EL SERMÓN DE LA RECONQUISTA EN TODOS LOS DIECISIETE DE JULIO DE CADA UNO DE LOS MUCHOS AÑOS VIVIDOS.

YO TENGO EN MIS MANOS EL MANUSTRITO DE UN SERMÓN QUE SE PRONUNCIÓ AQUÍ EN ESTA PARROQUIAL IGLESIA HACE  CIENTO VEINTICINCO AÑOS.

 UN SERMÓN PRONUNCIADO EL DIA 17 DE JULIO DE 1896, POR EL  MUY ILUSTRE SEÑOR DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN.

 DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN NACIÓ EN ORIHUELA EL DIA 6 DE MAYO DE 1872, Y AL TIEMPO DE SU FALLECIMIENTO, TAMBIÉN EN ORIHUELA, SUCEDIDO EL DÍA 4 DE ENERO DE 1939, OSTENTABA EL CARGO DE DEAN DE LA CATEDRAL DE CARTAGENA EN MURCIA. 

HISTORIADOR Y ORADOR SAGRADO, FUE PREDICADOR Y CAPELLAN DE S.M. DON ALFONSO XIII, ANTE EL QUE PREDICÓ EL VIERNES SANTO,  18 DE ABRIL, CUARESMA DE 1919, EN LA REAL CAPILLA DE PALACIO EL SERMÓN DE “LAS SIETE PALABRAS DE  NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN  LA CRUZ”.

HISTORIADOR, NOS DEJÓ UNA IMPORTANTE PRODUCIÓN LITERARIA, DE LA QUE YO DESTACARIA SUS “REBUSCOS”. ESOS ESTUDIOS DE TANTAS COSAS DE LOS ANTIGUOS SIGLOS DE ESTA TIERRA. ES UN AUTOR TAN VIVO, QUE ES DIFICIL ENCONTRAR UN TRABAJO HISTÓRICO DE ORIHUELA DONDE SUS REFERENCIAS NO APAREZCAN. SON ENCOMNIABLES LOS “REBUSCOS”, SOBRE LAS CAPILLAS DE LA CATEDRAL DE ORIHUELA.

EL DIA 17 DE JULIO DE 1896, D0N JULIO LÓPEZ  MAYMÓN, SIENDO PRESBÍTERO Y LICENCIADO EN SAGRADA TEOLOGIA, PREDICÓ EN LA PARROQUIAL IGLESIA DE LAS SANTAS VÍRGENES Y MÁRTIRES JUSTA Y RUFINA, EN PRESENCIA DE AMBOS CABILDOS, CIVIL Y ECLESIÁSTICO, EL SERMÓN DE LA RECONQUISTA DE ORIHUELA.

YO DESEABA QUE SUS PALABRAS ESCRITAS PARA AQUEL DIA, NO QUEDARAN EN EL ANONIMATO, Y PENSÉ EN QUE QUEDARAN VIVAS PARA NUESTRO RECUERDO.

Y AQUÍ ESTÁN ESAS PALABRAS IMPRESAS, TAL Y COMO FUERON MANUSCRITAS, EN EDICIÓN FACSIMIL, PRODUCIDA GRACIAS A LA GENTILEZA Y BUEN HACER DE LA CAJA RURAL CENTRAL. NO TUVE QUE PEDIRSELO DOS VECES. SU PRESIDENTE DON MANUEL RUIZ ESCUDERO Y SU SECRETARIA GENERAL DOÑA LOURDES MARTINEZ DE LINARES RUIZ, ATENDIERON A LA PETICIÓN DE LA PUBLICACIÓN DEL FACSIMIL, PROMOCIONANDO Y SUBVENCIONANDO SU EDICIÓN.

Y TAMBIÉN ME BRINDÓ IGUALMENTE SU COLABORACIÓN, EL MUY ILUSTRE SEÑOR DON JOSE LUIS SATORRE GARCÍA, QUE ME OFRECIÓ  ESTE MARCO INCOMPARABLE PARA SU PRESENTACIÓN. EN EL MISMO LUGAR EN QUE SE PRONUNCIÓ EL SERMÓN HACE 125 AÑOS, Y TAMBIÉN ACEPTÓ SU PRESENTACIÓN PERSONAL, DE ESTA EDICIÓN.

Y GRACIAS A TODOS USTEDES POR SU PRESENCIA.

EN ESPECIAL LAS REPRESENTACIONES DE LOS CABILDOS CIVIL Y RELIGIOSO.

PERO ME VAN A PERMITIR UNAS ESPECIALES MENCIONES: EN PRIMER LUGAR MI GRATITUD AL MUY ILUSTRE SEÑOR DON JOSE ANTONIO GEA FERRÁNDEZ, DEÁN DE LA CATEDRAL DE ORIHUELA, ORIOLANO, QUE CON SU PRESENCIA ASISTE DESDE LA DISTANCIA EN EL TIEMPO, A QUIEN TAMBIEN ORIOLANO, OCUPÓ LA TAN ALTA DIGNIDAD COMO DEÁN, DE LA CATEDRAL DE CARTAGENA EN MURCIA.

GRACIAS DON JOSÉ ANTONIO.

 EN SEGUNDO LUGAR MI GRATITUD A LA ASOCIACIÓN MOROS Y CRISTIANOS DE ORIHUELA, Y A SU REPRESENTACIÓN EN ESTE ACTO, Y A TAMBIÉN, A TODAS SUS COMPARSAS, PERO MUY EN ESPECIAL A LA COMPARSA DE MOROS ALMOHABENOS, DE LA QUE TUVE EL HONOR DE SER MIEMBRO  FUNDADOR CON SU PRIMER PRESIDENTE, DON JOSE MARÍA PENALVA MARTINEZ,  QUE HOY TAMBIEN NOS HONRA CON SU PRESENCIA.

Y EN TERCER LUGAR MI GRATITUD A DON ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, QUE EN EL AÑO 2009, NOS DEJÓ ESCRITO UN LIBRO TITULADO “EL DEÁN DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN. HISTORIADOR Y ORADOR SAGRADO”, MEMORABLE BIOGRAFIA DEL MISMO.

Y POR FIN, EL RUEGO AL MUY ILUSTRE SEÑOR DON JOSE LUIS SATORRE GARCIA,  QUE NOS DIRIJA SUS PALABRAS EN LA PRESENTACION DE ESTA EDICION FACSIMIL, DEL SERMÓN DE LA RECONQUISTA DE ORIHUELA, QUE CON APENAS 24 AÑOS, PRONUNCIO EN ESTE MISMO LUGAR, HACE 125 AÑOS DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN, HERMANO DE MI ABUELA DOÑA DOLORES LÓPEZ MAYMÓN.

MUCHAS GRACIAS.

+++++++++++++++++

AL TERMINO DE LA INTERVENCIÓN DEL SR. SATORRE.

RUEGO AL DIRECTOR DE LA CAJA RURAL CENTRAL, DON MANUEL RUIZ ESCUDERO, QUE NOS HONRE CON SUS PLABRAS.

AL TÉRMINO DE LA INTERVENCIÓN DEL SR. RUIZ.

RUEGO AL ILUSTE SEÑOR DEÁN DE LA CASTEDRAL DE ORIHUELA, PARA  QUE EN  NOMBRE DEL CABILDO ECLESIAL DE ORIHUELA, NOS DIRIJA SUS PALABRAS.

AL TERMINO DE LA INTERVENCIÓN DEL SEÑOR GEA.

RUEGO AL ILUSTRE SR ALCALDE DE ORIHUELA PARA QUE EN NOMBRE DEL CABILDO CIVIL DE ORIHUELA, NOS DIRIJA SUS PALABRAS.

AL TÉRMINO DE SU INTERVENCIÓN.

NUEVAMENTE GRACIAS A TODOS POR SU ASISTENCIA, Y A CONTINUACIÓN, LA CAJA RURAL CENTRAL, TIENE LA ATENCIÓN DE REGALAR A LOS ASISTENTES UN EJEMPLAR DEL LIBRO, EDICIÓN FACSIMIL DEL SERMÓN DE DON JULIO LÓPEZ MAYMÓN, QUE PUEDEN RECOGER, ACERCÁNDOSE HASTA AQUÍ.

JULIO CALVET BOTELLA  

  ***

 

 

De izquierda a derecha D. Antonio L. Galiano Pérez,  Cronista Oficial de Orihuela, Dña. Carolina Gracia, Concejal del Excmo.

Ayuntamiento de Orihuela,  D. Antonio G. Colomina Riquelme, autor del libro, y

D. José A. López Vizcaíno, gerente de ECU

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “ORIHUELA EN MIS ARTÍCULOS”

Autor: Antonio G. Colomina Riquelme

Presentador: Dr. D. Antonio Luis Galiano Pérez

Académico Correspondiente de la Real Academia de Cultura Valenciana

Y Cronista Oficial de la Ciudad de Orihuela

Lugar: Ateneo Cultural Casino Orcelitano (Orihuela)

Fecha: 18 de abril de 2012

 

 

Disertación de D. Antonio L. Galiano Pérez

 

 Siempre que se presenta una nueva publicación, para aquel que vive el oficio de maestro de ceremonias en darla a conocer, se ve sometido a un riesgo, que puede agudizarse por varios motivos. Riesgo de no cumplir con suficiente tino con su tarea, debido a que esos motivos, podrían desvirtuar la última intencilón de la presentación, que no es otra que incitar, o mejor dicho incitarles a la lectura de las páginas que integran la obra.

Motivos de diversa índole. El primero, la amistad, que puede hacer romper y traicionar la imparcialidad a la hora de mostrar el trabajo, la creatividad y la imaginación del autor. El segundo, ajustarse al máximo a la hora de dar a conocer la figura del autor y de su trayectoria. El tercero, el verse ceñido a tener que evitar el descubrir el final, o simplemente la trama o parte de la misma, puesto que mal favor se le haría al autor, si se anticipara el desenlace de la obra.

Pero todo este riesgo y las circunstancias que lo incrementa se puede salvar, procurando ir en la búsqueda de la imparcialidad, o mejor dicho de la objetividad a la hora de expresar ante ustedes, con quién nos encontramos y que nos ofrece aquél que nos ha pedido que presentemos su última publicación, que no su último trabajo.

Dicho todo ello, públicamente he de decir que el autor y un servidor somos amigos, nos profesamos un buena y cordial amistad, y que por la parte que me toca, en ningún momento podría negarme a estar aquí esta tarde dándoles a conocer “Orihuela en mis artículos”. Sería un mal nacido si hubiera renunciado a este oficio, para el que fui requerido por Antonio Colomina, pues a él, le estoy plenamente agradecido por muchas razones. Entre ellas, por ser una persona entrañable que me ha dado cabida entre sus amigos; por dignarse a aconsejarme en muchas ocasiones, consejos acertados a lo que siempre suelo hacer caso; por ser un hombre que al igual que algunos otros perdidos en la diáspora mantiene su corazón y ponen su mirada en la tierra que les vio nacer. Porque Antonio Colomina es un oriolano que no olvida, que su sentimiento cuando vuela, aletea por el cielo y se posa y hace nido, como nuestro Oriol, en lo más alto de esta tierra. Allí, donde la Cruz de la Muela preside y a cuyo pie, bajo su sombra se esparce, descendiendo poco a poco, el vetusto castillo y el Seminario. Hasta llegar, a lo que fue su Oratorio Festivo, que le hizo hombre, al igual que forjó en esa hombría a Don Antonio Roda, cuando allí acudió a dirigirlo por mandato del entonces vicario general don Luis Almarcha.

Antonio, es hombre de la sierra, fue acunado junto a la Peña y por las calles y plazas cercanas jugó entre monumentos y se forjó su mejor aventura, junto a lo que él llama en su libro “los semimonumentos”, aquellos que a pesar de no estar reconocidos como tales, presentan una dimensión histórica y testimonial, y por qué no decirlo sentimental.

El hombre, el hombre Antonio Colomina, se mueve entre sentimientos, y en ellos, siempre vive una ensoñación en la que el decorado es el mismo: Orihuela, su Orihuela de siempre, de sus mayores, de su infancia, de sus amigos. Antonio, vive y siente por Orihuela y no deja en olvido aquellos elementos del paisaje urbano que definió y le forjó en el amor a su tierra. Aquellos ya dichos del Seminario, el Oratorio Festivo y, por último, La Lonja de la que el sustento familiar procedía.

Pero, Antonio, es algo más y profundiza más en su sentimiento, en este caso espiritual. Y como todo creyente, dentro de su devoción popular siempre hay una parada en los caminos que le acercan a su tierra, que le hace meditar y revivir, entre paredes franciscanas de ancestrales devociones bajo la dulce y, a la vez, triste mirada del que pudo tenerlo todo y renunció por nosotros: Nuestro Padre Jesús.

Antonio continuando su trayecto llega hasta otra de sus íntimas devociones: Nuestra Señora de Monserrate. Tras ella, lo espiritual se trastoca en devoción material y vive su sentimiento bajo las alas de El Oriol, arropado con los bordados de su Gloriosa Enseña.                                            

Correspondería presentar al autor de “Orihuela en mis artículos” y, como siempre en estos casos, debo de indicar aquel consabido tópico: qué he de decir de él, si todos lo conocéis y con lo anteriormente expresado queda definido. Pues, Antonio Colomina Riquelme, es y ostenta en toda su vida, un único y orgulloso título: hijo de Orihuela.                                                 

Ha proyectado su obra hacia la misma, y cuando las generaciones futuras deseen conocer la vida y las gentes de esta tierra, la lectura obligada será la obra de Antonio Colomina. En sus libros encontrarán cómo era esta tierra en aquellos años del cuarenta al sesenta del pasado siglo XX. Cómo sentían y vivían los hombres, las mujeres y los niños de Orihuela. Cuáles eran sus necesidades, sus diversiones, sus sentimientos. Antonio ha reflejado en todas sus obras lo que es un claro ejemplo de una materia que hoy en día es tenida en cuenta en las aulas universitarias: la vida cotidiana. En la que no queda nada fuera y todo permanece dentro. Y si bien, con anterioridad, en su trilogía “Orihuela, dulce pueblo”, Orihuela, sus calles, sus plazas, sus gentes...” y “Como la seda y el esparto”, forma el cuerpo de la vida de sus habitantes, con esta publicación completa y recupera una serie de artículos que profundizan aún más en ella.

Tenemos en Antonio Colomina un testigo de los tiempos pasados, que trata con objetividad y sin almibarada y empalagosa prosa cada uno de los temas, pues los textos de Antonio y sus descripciones son fluidos, documentados y muchas veces llenos de lirismo. La descripción que efectúa del ambiente que rodea el asunto del que trata, es ágil y amena. Para muestra un ejemplo.                                               

Nos encontramos en 1959, un cabo de transmisiones regresa el 17 de julio a su tierra de permiso, tras unas maniobras militares:

La noche fue larga, aquella locomotora de carbón parecía no moverse. Bien entrada la madrugada, tras un café de puchero tomado a toda prisa en la cantina de la estación de Albacete, tuve que armarme de paciencia para ver las claras del día. Mis compañeros de viaje, dos monjitas, un infante de marina, un matrimonio de edad avanzada y unos labriegos que se apearon más tarde en Hellín, no sabían dónde reposar la cabeza. Las que peor lo pasaron fueron las religiosas que, con aquellas tocas almidonadas, no podían girar la mirada hacia ninguna parte que no fuera de frente, sin embargo, sufrían aquella incomodidad con gran resignación”. Por fin, arribó a Orihuela, era 17 de julio, viernes, día del Pájaro.                                                 

Antonio es un digno sucesor de aquellos a los que hacía referencia Justo García Soriano, en 1928, en su “Charla sobre motivos oriolanos”, al tratar sobre la cultura y las bellas artes en Orihuela.

Decía Don Justo:

Orihuela fue siempre amante de la cultura y que en ella los oriolanos de ahora deben imitar y aún sobrepujar a los de antaño. Dedíquense, aplíquense con ahínco a ejercitar y desarrollar la inteligencia, y afinar la sensibilidad, a aguzar el ingenio, a ennoblecer, en fin, el espíritu con el conocimiento de la Verdad y la contemplación y recreación de la Belleza, que conducen al bien, al único bien que merece tal nombre.”

En Antonio Colomina se da todo ello, sobre todo su amor a la cultura, ejercitando su inteligencia que le posibilita una gran pasión acompañada de perspicacia que le transporta siempre hacia la verdad. Meta que él encuentra en sus escritos, ya no solo sobre su tierra, que indudablemente lo enaltece, sino en otros asuntos más profundos rayando en lo espiritual, en la que se funde la belleza con el bien.

Un claro ejemplo de lo que decimos los encontramos en esta publicación, en la que no sólo su tierra y sus gentes están presentes, sino también, tal como se nos muestra en su capítulo IV, una tarea catequética.

Así, en dicho capítulo señorean en algunos momentos aspectos hagiográficos, otros de devoción y muchos de ancestrales tradiciones que acompañan a algunas costumbres oriolanas y a una de sus debilidades espirituales: Nuestro Padre Jesús. De los primeros recordemos su visión del eremita San Antonio o de Saulo de Tarso, como él dice, columna maestra de la Iglesia. De los segundos, la presencia de nuestra Patrona. De los terceros, la otra Semana Santa, la que se vive por los niños, antes, después de esos días, y ahora, incluso en los colegios en fechas anteriores de la Semana de Pasión, recordándonos a organizadores de esas procesiones infantiles como Pepe Tormo (el Chepaíco) y suministradores de tambores de hojalata que con anterioridad habían sido botes de conservas, como Jeromo el del Puente o El Chí.

Costumbres arraigadas que iban acompañadas por nuestra gastronomía como las gachas con arrope, enlazadas con Todos los Santos y el Tenorio. La gran devoción al Abuelo, con la familia franciscana y la tarde del Miércoles Santo, con sus preparativos y con una de las procesiones más genuinas de esta tierra, y con un entrañable recuerdo al padre Domingo Meseguer.                                                

La obra que presentamos, además de este capítulo consta de cinco más, estando los dos últimos dedicados a relatos breves y a temática en general, respectivamente. De los primeros, me quedo, tal vez por lo entrañable, con “Ayer tuve un sueño”, que lo dedica: “A mis familiares, amigos y paisanos que ya nos dejaron”, y refiriéndose a algunos de ellos, nos dice:

El padre Antonio Roda iba ataviado con su mejor sotana, roquete de encaje blanco resplandeciente, bonete con borla roja. En su mano derecha, un cirio transparente del que salía un haz de luz rosa y azul, los colores de María auxiliadora; en su mano izquierda portaba un rosario de oro”. Tras él, describe a Emilio Bregante, A Antonio Vicea, Joaquín Ezcurra padre e hijo, Pepe Rodríguez, Luis Boné, Antonio García-Molina, entre otros, y a Conchita Martínez Marín, “vestida de mantilla de Los Dolores, en su mano derecha un lirio, en la izquierda un poema dedicado a la Virgen”.

De los trabajos de temática general, que aparecen en el último capítulo, nos presenta el autor asuntos de actualidad, que no por estar escritos en su momento, pierden oportunidad, como el titulado “La buena salud”, en la que hace un repaso a todos aquellos asuntos que se nos están mostrando actualmente con la crisis económica que estamos viviendo.                                               

Intencionadamente, he querido dejar los primeros capítulos para el final, alterando el orden de los mismos. Así, el primero está dedicado íntegramente a su Orihuela. En sus artículos, vivimos plenamente de su mano la ciudad de entonces, con sus carencias e ilusiones, con sus frustraciones y superación. Vivimos, los sufridos veranos, la colombicultura de la mano de los “palomistas”, el arte de comprarse un traje a la medida, el río y los monumentos, la Cruz de la Muela, los higos de pala, y hasta las costumbres funerarias, incluyendo el color de la ropa apropiada para el momento.

Y dice Antonio:

Como toda la familia del finado tenía que vestir de riguroso luto, mandaban con carácter urgente a la tintorería las prendas más nuevas para teñirlas de negro. Las gentes más humildes lo hacían ellos personalmente en su propia casa hirviendo agua en unos grandes barreños donde introducían el tinte y le daban vueltas a la ropa con una tabla, así hasta que tomaba el color negro y la tendían a secar (nunca al sol); después con la plancha de carbón procedían a su alisado. No quedaba igual que en la tintorería, pero salían del paso con poco dinero”.

Todo esto, que hoy no se vive, gracias a Antonio Colomina lo recordamos, pudiendo las nuevas generaciones conocer estas costumbres de sus padres y abuelos, al igual que otros, que esporádicamente se siguen dando y que surgen con toda la alegría de la fiestas en la Navidad, a la que el autor dedica el segundo capítulo. En ella, como no podía ser menos, dedicado a Julio Calvet y familia, “Los pastores de Belén”, inocente zarzuela que en nuestros años de niño vimos representar en el Oratorio Festivo, en el Círculo Católico y últimamente en el Teatro Circo. Recordamos, el temor que nos infundía la escena del infierno, con un coro de diablillos alabando a Lucifer, todo bajo la iluminación de bombillas enfundadas en papel de celofán rojo y oyéndoles entonar aquellos versos:

 “Todos acatamos,

tu regio poder,

tus esclavos somos.

¡Viva Lucifer!

¡Viva Lucifer!”

Decía que todo ello servirá para dar a conocer a los que nos siguen Orihuela, sus tradiciones y su historia. Pero, la obra de Antonio, no deja en olvido a sus gentes. A aquellos oriolanos y los que no nacieron en esta tierra pero que la sintieron como suya propia y que destacaron fuera de nuestras fronteras y la tuvieron como enseña.

Entre los primeros, el autor, nos habla de un hombre que lo marcó en su vida, el padre Roda. Recuerda también a Pedro Terol en su refugio de Palmones, a su vecino Carlos Fenoll, al malogrado Joaquín Ezcurra Gilabert, a los futbolistas Bienvenido Riquelme y Ramonico, a su buen amigo Mariano Pellús, entre otros. De los segundos, de los adoptados por Orihuela, Joaquín Ezcurra Alonso y el cineasta Angelino Fons, que dejó una profunda huella en el celuloide español.                                               

Vamos dando a su fin a esta presentación, pero, antes de ello, es digno de mencionar que se ha llevado a cabo una buena edición a cargo de la editorial Club Universitario, que nos presenta en 333 páginas, un total de 101 artículos, acompañados por 55 ilustraciones, la mayor parte de ellas inéditas. Se ha contado con una portada de Gaspar Poveda Grau, que ha sabido captar la calle Mayor, flanqueada por la catedral y el palacio episcopal, reflejándose en el suelo humedecido.                                                  

Antonio cierra esta publicación con una imagen del monumento dedicado al poeta Miguel Hernández, al que tanto debe Orihuela, “como sencillo homenaje hacia su memoria y su inmortal obra”.                                                

Por nuestra parte concluimos retomando el principio de esta presentación, esperando que la amistad, la profunda amistad no haya traicionado la imparcialidad y la objetividad a que este oficio de presentador obliga. Eso, sí, agradeciendo a Antonio Colomina Riquelme la deferencia de haberme pedido que oficiara como maestro de ceremonias en este acto de presentación de su último libro, queriendo agradecerle el acierto que ha tenido de haber recopilado estos 101 trabajos desperdigados por varias publicaciones y creado un único cuerpo en “Orihuela en mis artículos”.

Sólo me resta, instarles y aconsejarles que lo lean, pues les auguro que el tedio no les invadirá y conocerán, recordarán y vivirán muchas cosas de nuestra Orihuela.

Muchas gracias.

***

 

PRESENTACION DEL LIBRO  

COMO LA SEDA Y EL ESPARTO"  

(Memorias de un zagal de la posguerra)

Autor: Antonio G. Colomina Riquelme

Presentador: D. Julio Calvet Botella

(Magistrado y escritor)

Lugar: Sala Ámbito Cultural "El Corte Inglés" de Alicante


Fecha y hora: 21 de mayo de 2010  a las 20,00 horas

 

De derecha a izquierda: D. Juan Carlos López, Fiscal del T. Supremo. D. Antonio G. Colomina, autor de la obra.

D. Julio Calvet, Magistrado y escritor.  D. Ramón Fernández "Palmeral", escritor.

 

 

Diario LA VERDAD. Crónica realizada por el ilustre periodista Tirso Marín Sessé

 

 

ALOCUCIÓN DE D. JULIO CALVET BOTELLA,

 

 

 

Señoras y Señores:     

Es para mi un alto honor el comparecer esta tarde ante ustedes para presentarles el nuevo e importante libro del que es autor Don Antonio Colomina Riquelme, accediendo con toda satisfacción a su amable invitación.    

Y lo hago desde el afecto a quien es mi amigo; y desde el reconocimiento a quien  considero  un gran escritor.   

Como la seda y el esparto" ( Memorias de un zagal de la posguerra), se llama el nuevo libro de Antonio Colomina  Riquelme.  

Y he de confesarles que no es la primera vez que emprendo este hermoso cometido, pues ya tuve el honor de presentarle en Orihuela, “su pueblo y el mío”,  su anterior libro “Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes...”, que con el que hoy presentamos, cierra una trilogía, que  inició con su primer libro, “Orihuela. Dulce Pueblo”.  

Por eso nos dice en el pórtico del libro que hoy presentamos, que “ESTE LIBRO COMPLETA LA TRILOGIA DEDICADA POR EL AUTOR A SU ORIHUELA NATAL”.  

Este libro, es así, como la tercera salida de Antonio Colomina Riquelme a campo abierto, como un nuevo Quijote, que sustituye la lanza por la pluma y para contarnos parte de su vida y de la vida de sus personajes, y lleno a reventar de sus ilusiones e ideales, como hombre cabal que es. 

Y en esta su nueva andadura, siento como si resonaran aquí los versos del precioso “Soneto en fuga a Don Quijote”, que escribiera el genial poeta Gerardo Diego:  

 

Me erijo en Don Quijote. Al fin existo.  

Arde en febriles llamas mi cerebro 

y por ojo de aguja ahílo, enhebro 

mi caletre sutil. Lo que soy valgo  

y sé quién soy. El alba ya. Cabalgo. 

Silencio. ¿Sueña   ella  mi requiebro?  

Una barca me espera allá en el Ebro 

y a la Mancha del mar soberbio embisto. 

Nada podrán gigantes, nada endriagos, 

burladores del ser: visto y no visto. 

Mi brazo tronza y mi pasión flamea.   

Mírenme, encántenme tus ojos magos, 

tus verdiazules y ruideros lagos,  

e invencible seré, mi Dulcinea.   

Y Dulcinea es para Antonio Colomina su querida esposa Mari Carmen, que siempre le ha animado y acompañado en sus empresas; y Dulcinea es, después, su pueblo, su Orihuela. Porque al cabo, este libro que concluye su trilogía, gira como él mismo nos anuncia en torno a su pueblo, que forma parte de su corazón, y de la eterna nostalgia, que siempre,  siempre, acaba llevando el hombre a cuestas en su vida. 

 

Pues lo cierto es lo que nos dice  Rainer Maria Rilke:  

porque acaso no se es de ningún país 

mas que del país de la infancia” 

           Y Antonio Colomina Riquelme es de Orihuela, pues es el país de su infancia y el país de su corazón.   

Antonio Colomina  Riquelme, nació en 1940, en la capital de la Vega Baja, en Orihuela, en la calle de Triana, prácticamente a los pies de la iglesia de Santa Justa, con su hermosa y gótica  torre, que se asoma en la fotografía que ilustra la portada de su nuevo libro.   

Hijo de Enrique Colomina Menárguez, y de Manuela Riquelme Ortega, oriolanos, al igual que toda su familia, luego pasó a vivir en la calle del Horno de San Miguel.  

Y es además, escritor, como quien fuera su vecino en aquella calle,  Carlos Fenoll, el panadero poeta, como nos dice el ilustre hernandiano  Ramón Fernández Palmeral, quien acogió en la famosa tertulia de su tahona de la calle Arriba, a Miguel Hernández y a  Ramón Sijé.  

Carlos Fenoll Felices, que nos dice en su poema “Jueves de Carnaval”:  

Y escribo, 

sobre una blanca cuartilla,  

sentado en peñón altivo 

mientras el sol dora y brilla

San Miguel. 

Fragancia a tomillo. Sol. 

Baja la gente en tropel 

la cuesta de caracol...  

Antonio, fue alumno del Colegio Oratorio Festivo de San Miguel, y  mantuvo una entrañable amistad con quien fuera director de dicho colegio, D. Antonio Roda López, quien llegó a ser nombrado en el año de 1.983, Hijo predilecto de Orihuela, por su incansable labor por su pueblo.  

El alma de artista de Antonio se revela pronto. Ya en su juventud anduvo alrededor de agrupaciones de canto, como coros de zarzuelas, y grupo de cantores de la Pasión, llegando incluso formar parte de un trío cantor, tan del uso de su época, con sus dos inseparables amigos José Céspedes Moñino y Manuel Roberto Leonís Ruiz, al que llamaron trío “Orcelis”, y que llegó actuar los sábados por la noche en las galas cara al publico que se celebraban en la antigua emisora de Radio Orihuela. 

Manuel Roberto Leonís Ruiz, es también un magnífico escritor, comprometido, culto y competente, y especialmente un gran poeta, que tuvo la atención de componer a mis ruegos, un hermoso poema al Cristo Yacente de San Juan de la Penitencia,  que esculpiera el inmortal imaginero Salzillo, para acompañar una colaboración en la Revista “CAPIROTE”, de la Agrupación del Santo Sepulcro, de la Ciudad de Cartagena, del año 2009.  

Antonio y Mari Carmen, tienen tres hijos que como él dice son preciosos: María Auxiliadora, Miguel Angel y María del Carmen. Sus hijas le han dado tres nietos, a quienes Antonio, como buen abuelo, les ha dedicado este su libro:  

A mis nietos Christian, Álvaro y Daniela”.  

      Antonio es funcionario del Estado, y al contraer matrimonio, Antonio y su esposa se fueron a vivir a Madrid, donde se encontraba destinado. Después, siguiendo su carrera, pasaron a vivir en la Línea de la Concepción, Algeciras, Cáceres, ciudad, -me lo ha confesado-, que  por su belleza monumental, ha dejado una huella imborrable en su vida, y por último en Alicante, donde hoy reside. 

     Y Antonio Colomina ha cumplido con satisfacción, probidad y eficacia reconocida su carrera profesional, pues no en vano está en posesión de tres condecoraciones con las que ha sido distinguido su buen hacer profesional.  

     Pero su actividad no sólo ha quedado en su carrera de funcionario del Estado. Su inquietud le ha llevado a estudiar Teología, Pedagogía y Didáctica de la enseñanza; es también, Profesor de Religión y Moral Católica; Profesor Deportivo; Operador Radiotelegrafista de primera y Radiotelegrafista Naval; y Diplomado en la Universidad de Alicante por cursos de Prensa, Radio y Televisión, Periodismo digital, Periodismo de investigación,  y Creación narrativa. 

    Todo lo cual,  no ha impedido que Antonio haya tenido siempre puesta su veleta en busca de sus aires, en dirección al Sur: a su Orihuela.  

    Desde aquí, en Alicante, Antonio Colomina viene cumpliendo con su oficio de escritor.  

    Es autor de los libros “Orihuela, dulce pueblo”, con prólogo de Pablo Riquelme Ballesteros,  y de “Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes ...” con prólogo de su amigo, nuestro amigo, el ilustre periodista y prolífico escritor, Tirso Marin Sessé, de quien hoy, por cierto, y aquí en Alicante, tenemos una calle rotulada, por acuerdo del Excelentísimo Ayuntamiento de Alicante, en reconocimiento a sus indudables méritos, como “Calle del Periodista Tirso Marín Sessé”, recientemente inaugurada, cuyos amigos tanto hemos celebrado.  

    Antonio ha colaborado en los libros “Relatos Urbanos, sin trampa ni cartón”; “Relatos Urbanos, reflejos de asfalto”, “Relatos Urbanos, un libro llamado deseo” y “Relatos Urbanos, la belleza del cuerpo”, publicados por la Editorial ECU.   

    Ha publicado centenares de artículos y relatos en revistas impresas y digitales; entre aquellas, en la prestigiosa revista “Oleza”, que hoy dirige el Cronista Oficial de la Ciudad de Orihuela, y fecundo y consagrado escritor, nuestro también amigo, Antonio Luis Galiano Pérez; como también lo hace, en la revista “Portada Vega Baja” de la que es habitual colaborador, con sus magníficos artículos que viene publicando cada quince días; artículos que en no pocas ocasiones son sentidas evocaciones, llenas de recuerdos, como el que a mí tanto me ha gustado especialmente, que titula “Aquellos trajes de antaño”, que tantos recuerdos me han traído, como supongo que también a los que vivieron en aquel “antaño”, y conocieron, y acaso usaron, aquellos cortes de traje de hombre, de tejidos selectos como el llamado “Tamburini”, y recordar todo lo que suponía el hacerse un traje a medida, con las protocolarias y seguras pruebas que a lo largo de su confección realizaban aquellos grandes sastres, que han sufrido el duro ataque de la medida industrial.   

    Conferenciante, también, Antonio, ha  pronunciado conferencias en la “Asociación Forque Senior” de Alicante, de la mano del ilustre y culto doctor Rodríguez Hercilla, que con tanta ilusión y dedicación las organiza y dirige. Como también, ha presentado libros, en Benidorm y en Orihuela. 

      Es administrador de la Web. “Los relatos de Antonio Colomina Riquelme”.  

     Es miembro número 1.644 de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE), y componente de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES).  

     En el presente año de 2.010, por su impecable ejecutoria en todos los órdenes, y sus desvelos para con su pueblo, ha sido distinguido con el nombramiento de Caballero de la Honorífica Orden de San Antón de Orihuela, pasando a formar parte de la misma.   

     Y hoy, Antonio Colomina, nos trae de nuevo su palabra.  

     Y permítanme una reflexión.  

     No cabe duda de que la palabra está sufriendo una notable desnaturalización. 

     La uniformidad expresiva, el tópico repetido a niveles de reiteración, el empleo y la interpretación de la palabra como nota distintiva de un pensamiento o como etiqueta personal, es lamentablemente hoy, discurso habitual.  El olvido del bien hablar y del bien escribir, como también de sus instrumentos tradicionales, es evidente. Y es necesario  procurar que esto, cuanto menos lo primero, no llegue a sus últimas consecuencias.   

    Como dice un ilustre filósofo de nuestro tiempo:  

  “Si la primera desnaturalización que sufre el hombre es la de la palabra, la primera redención que tiene que llevar a cabo es la de las palabras. Que los hombres buenos, los artesanos, los poetas, los santos, nos recreen esas palabras verdaderas y necesarias, que agradecía Machado, con las que decimos el mundo, a nosotros mismos y decimos a Dios. Con su luz y lumbre reganamos el gozo de vivir y la dignidad de ser hombres”.  

    Y Antonio Colomina nos trae su palabra con el gozo de vivir y la dignidad de ser hombre.  

    Estamos ante un libro en parte biográfico y en parte novelado.  

    En parte biográfico porque ya nos lo revela la propia portada del libro. Es una fotografía debida al propio Antonio Colomina, y que es nada menos  que de la casa de la calle de Triana, de Orihuela, donde nació Antonio, con la torre de la iglesia de Santa Justa, cuajada de sus góticas gárgolas, cerrando la calle, como  si fuera un antiguo baluarte. Son los balcones y las persianas de la casa donde nació también Javier, el protagonista de la historia, que precisamente nació en Orihuela, cuando “corría el verano del año l940”, y “el reloj de la torre de Santa Justa daba las campanadas de las 3”, año en el que curiosamente también nació Antonio.  Si a ello le añadimos el subtítulo del libro, “Memorias de un zagal de la posguerra”, difícilmente podremos descartar que estemos ante un libro biográfico.  

    Sin embargo, afortunadamente no es tanto así, porque Antonio tras un tramo ceñido a lo vivido, entra más tarde en la ficción, para dotar a la narración de una intensidad dramática que ya no resulta autobiográfica, y para concluir con un final meramente imaginativo, pues Antonio es hoy un hombre afortunado, y feliz con su familia, y está, quiéralo el Señor, muy lejos de esa despedida de Javier, que tanto me ha emocionado, del zagal de la posguerra despidiéndose de su Orihuela natal, y de Nuestro Padre Jesús, cuando por su edad y circunstancias, se ve ya imposibilitado de volver a su pueblo, y que tiene lugar en el último capítulo del libro que titula, “El ocaso de toda una vida”. Por eso he dicho antes, que es también un libro en parte “novelado”.  

  No les voy a contar el  libro, pues si así lo hiciera, con ello haría un flaco favor a su difusión y lectura, pero aun corriendo tal riesgo, al menos debo detenerme en el mismo,  pues es deber de cualquier presentador, y puesto que me ha correspondido serlo, comportarme con la honestidad  que este encargo me obliga.  

   Estamos pues ante un libro, en parte de recuerdos, y claramente descriptivo, con la nitidez y elegancia que imprime a sus libros su autor. Descriptivo y también coral, porque como en sus anteriores ocasiones, el paisaje de los libros de Antonio están repletos de personas reales o imaginarias, y no son en ningún caso, paisajes solitarios, pues aún cuando los paisajes puedan resultar hermosos en sí, sólo tienen vigor y sólo son completos, cuando resultan paisajes poblados de seres; haciéndose así el libro de Antonio, eco de las primeras palabras del Dios hacedor del hombre, cuando les dijera, y casi ordenara, a los primeros, aquello de “poblar la tierra”. 

    Y como estamos en un libro descriptivo de la vida de un hombre, Javier,  se divide el libro en 12 capítulos.    

    Y sus tres primeros capítulos, son desde luego la historia de Javier en Orihuela, desde su nacimiento, hasta cumplir su adolescencia. O por lo menos, hasta que se fue a la “mili”, y claro está fuera de su pueblo.  

    De esta forma comienza la narración con el nacimiento de Javier, y con las vicisitudes que en aquellos tiempos suponía  el nacimiento de un hijo: en la propia casa, y con la ayuda de una comadrona, o profesora en partos,  como también se les llamaba. En este caso, ayuda a nacer a Javier, doña Patro; y nos cuenta cómo aquellas ilustres mujeres, -yo creo que en aquel entonces era oficio sólo de mujeres-, comenzaban por tranquilizar a la familia, para a continuación, con serenidad y sin prisas, pasar a realizar su trabajo, con ternura y eficacia. Yo no se bien, si doña Patro existió; pero a mi  madre, al menos la asistió una famosa comadrona de Orihuela, doña Encarnación,  que creo que también asistió a la madre de Antonio, de la que mi abuelo Julián Botella, médico a la sazón, decía que doña Encarnación “era una gran señora”. Y curiosamente resulta que doña Encarnación es la abuela de mi querida amiga Conchita; Conchita Cañizares, oriolana que hace honor al señorío de su abuela, con lo que en mi tierra, al fin y a la postre, todo queda en casa. 

    Y del agua caliente, que “era lo primero que pedían las matronas en las casas de las parturientas”, y nacido Javier, pasamos al bautizo, “con el níveo traje de acristianar con sus encajes hechos por una bolillera de la calle de La Feria”, y su descriptivo ritual, en “una gran pila de mármol rosáceo”, y después a la comida de celebración, Cura incluido, para continuar al día siguiente con la tradicional visita al Asilo, e imposición al nacido de un escapulario bendecido por el señor obispo. 

    Y el tiempo va pasando, con el ingreso de Javier en la escuela de párvulos que regentaba doña Carolina; con la pleuresía que padeció Javier, tan oportunamente diagnosticada y tratada por un médico al que el autor llama el doctor Tafarell, de fácil  identificación por su especialidad; con sus tebeos, -Jaimito, Pulgarcito y Pumby-, y con sus recortables, con sus juegos en la “rejullaera”, con las “bolas”, y el volar de la “milocha”, como en  Orihuela se llama a los cometas, castellanizándose así una palabra valenciana, “milotxa”, con lo que el andar y desandar de la lengua en los lugares fronterizos, es un hecho aun no suficientemente estudiado; y para pasar después a contarnos la matanza del cerdo que anualmente todos los meses de diciembre se realizaba en la casa de Javier, como un ritual,  escrita con alta nota descriptiva. Y las Navidades con la función de “Los Pastores de Belén”, y como no, las “riadas”, que  asolaban periódicamente nuestro pueblo, hasta el punto de que en algunas de las casas que resultaban siempre afectadas por el desbordado río, sus moradores poseían barcas para poder salir a las calles que se transformaban en ríos, y poder cubrir así las necesidades vitales de recabar alimentos o de búsqueda de un médico en casos de enfermedad de alguno de sus moradores.  

  La niñez, el colegio y la primera comunión de Javier siguen la descripción de su vida, y nos encontraremos con los lápices de colores “Alpino”, y la goma de borrar “Pelikan”, y con el lápiz y el sacapuntas; con la pequeña bicicleta “Orbea” que le pusieron los Reyes Magos, con sus cines y hasta con las romerías a Murcia, y con su primera comunión con “un traje blanco roto cruzado de pantalón largo con abotonadura dorada conteniendo un ancla, charreteras doradas en los hombros y galones de almirante en las bocamangas...”, y de cómo aquel niño era feliz en su pueblo.  

     Luego vendrán sus estudios en el Colegio de Santo Domingo, y en la Academia Almy, y la adolescencia, con los güateques y los primeros contactos con las chicas, y con sus tertulias en las cafeterías de la época como el Llanes, el Fuiga, el Colón o La Meca. Y ya entonces con sus visitas a la   Biblioteca Pública, donde empezó a leer al maestro Azorín a quien “admiraba con todas sus fuerzas”. Y para llegar a la Pascua Florida del año 1959, que Javier celebró “como si de la última se tratara, sabía que el servicio militar le acechaba y ya no sería lo mismo en el futuro”.  

    “En la Mili te harás hombre” es el titulo del capítulo cuarto. ¡Cómo hemos oído decir esta frase todos los que cumplimos el Servicio Militar obligatorio!. Y qué cambio en verdad suponía para nuestras jóvenes  vidas. 

     Y Javier lo hace en el Regimiento de Caballería Motorizada con acuartelamiento en la Plaza de El Pardo, Madrid.  

     Pero para Javier aquello tuvo un digamos “premio gordo”. Nada menos que  su movilización para formar parte de una Compañía expedicionaria para reforzar la Guarnición en El Aaiún, que recordarán ustedes entonces era provincia española;  y que en marzo de 1961 había que defender  de las incursiones vecinas que se producían. Y Javier, dio un paso al frente. Y allí fue a parar.  

     En realidad entonces las cosas eran así. Yo, permítanme les cuente, cómo estuve a punto de sufrir algo parecido. En el verano del año de 1967, cumplía el segundo campamento de las milicias universitarias en las que me había encuadrado como voluntario, y ya con los galones de sargento de Infantería, en el Campamento de Montejaque, en Ronda, Málaga. Y se desató aquella guerra que se llamó del Yomquipur, en los altos del Golán. Y se nos dijo, -por “radio macuto”, claro-, que podríamos  acabar allí como oficiales de complemento, -como nuevos Alféreces Provisionales-. Afortunadamente a aquella guerra se le recuerda como “la guerra de los seis días”. 

     Pero Antonio, perdón, Javier, sí fué a El Aaiún. Y no lo puede negar, Javier, perdón, Antonio. Véase la fotografía a la página  91 del libro, donde vemos a Javier, digo a Antonio, -perdón otra vez-, como telegrafista militar, y hasta con galones, y en la siguiente fotografía un camello. Vámos, no creo equivocarme. Y es que Colomina, que tiene pinta de héroe, no quiere que así lo consideren. Lo que pasa es que, de alguna manera se le escapa al recordar aquellas duras jornadas cuando en el final del capítulo, el protagonista dice, cuando todo acabó: “La pesadilla del desierto  había terminado”. Y yo pienso que el que vive una pesadilla, del tipo que fuere  y la supera con dignidad, es en verdad, un héroe.  

    “El embrujo de Madrid”; “Por fin la boda”; y “Los hijos, vida familiar”, son los títulos de los capítulos, cinco, seis y siete del libro.  

     En todo este trecho literario, ya se entremezclan retazos biográficos con amplias partes ya de ficción, aunque engalanadas con vivencias y detalles propios de la época por la que va transcurriendo el vivir de Javier. Su boda, el nacimiento de los hijos, la vida profesional, desarrollados entre un arco que va de Orihuela a Madrid, perfilan ahora el libro; y con aconteceres históricos tan trascendentes como los que en aquel tiempo transcurrieron.  

     Después, en el Capitulo Octavo, nos encontramos en plena Transición democrática, ya en Alicante. Y Javier aparece afiliado a la Unión de Centro  Democrático, aquella U.C.D. que fundara Adolfo Suárez, y que desapareció víctima de sus conflictos interiores, dejando un gran vacío.  

     El Capitulo noveno, nos contará su reencuentro con Azorín a quien visitó en los años sesenta  cuando llegó a Madrid para realizar el servicio militar; pero ahora el reencuentro lo será en su pueblo, Monóvar, pues a Javier que trabaja en una entidad bancaria, le van a encomendar que se haga cargo de la puesta en marcha de algunas sucursales, y entre ellas, las más inmediata, la de Monóvar.  

     Los Capitulos Diez y Once, se titulan, “...Y llego el siglo  XXI”, y “Muerte en Miami”. Y aquí escúsenme de que les refiera algún aspecto de los mismos. La narración, ahora ya absolutamente una novela, entra de lleno en la ficción, y la vida de Javier, sufre una serie de profundos quebrantos, con la dureza del esparto, frente a la dulzura y suavidad de la seda.  

    Y finalmente,  el Capitulo Doce, “El ocaso de toda una vida”.  

    Y el escritor la sitúa en el año de 2025, cuando Javier con 85 años, “Deseaba con todas sus fuerzas descansar, terminar su andadura por este valle de lágrimas –como solía decir-”. Y decidió ingresar en una residencia; eso sí de magnificas instalaciones.  

    Pero antes tenia que despedirse de “mi Orihuelica”.  

    Y lo hace el Miércoles Santo, en esa tarde luminosa y anaranjada donde toda la huerta se viste de incienso y azahar, cuando sale a recorrer sus altas calles cercanas a la peña, Nuestro Padre Jesús Nazareno, nuestro Patrón, subido a los hombros de sus mejores mayordomos, vestidos de regio terciopelo morado. 

    Y cuando la figura del Patrón llegó a la altura de Javier, la miró fijamente a los ojos y musitó una improvisada oración, para despedirse de “El Abuelo”, y también de su ”Orihuelica del Señor”: 

    “Señor, creo que ya no volveré a ver más esta imagen tuya que veneramos todos los oriolanos. Cuando llegue el momento de mi partida, te ruego me acojas en tu reino y me pongas al lado de mi amada esposa. Así sea”. 

    “Emprendiendo de nuevo viaje hacia Alicante, esta vez sin retorno”.   

     El libro termina cuando Javier contesta a su hija cuando le aconseja el que  “...debes explicarle a las nuevas generaciones cómo vivíais antes... lo mucho que tuvísteis que luchar para llevar una vida digna...”, con estas palabras:  

 “Hija mia, me sobrevaloras, sólo he sido un zagal de la posguerra, mi vida ha transcurrido unas veces suave y otras áspera, como esos dos productos  que tanto proliferan por mi tierra: la seda y el esparto”.  

    El libro viene acompañado en sus páginas por un buen número de fotografías, que culminan con una fotografía de nuestro Padre Jesús Nazareno, con la sierra al fondo,  y  

...entre mil encapuchados”.  

          La contraportada del libro es una magnifica fotografía hecha por José Antonio López Vizcaíno, tomada desde su avión particular y al tiempo que lo pilota, reflejando Orihuela desde la Cruz de la Muela, que preside nuestra tierra desde muy antiguo, como una parte de su paisaje, de su ser y de su historia.  

Editorial Club Universitario, ha producido con el cuidado y elegante presentación que le es habitual, este libro de Antonio Colomina Riquelme, cuya lectura debo desde aquí aconsejarles en el bien seguro de que nos les defraudará.  

Por ultimo, he tenido la atención por parte de Antonio de prologar este libro, que termino con esta frase que de nuevo aquí reitero:  

Siguiendo una tradición descriptiva, costumbrista y colmenera de gentes y de vidas, Antonio Colomina Riquelme ha compuesto un fresco mosaico que nos deja un amable recuerdo tras su grata y amable lectura”.  

         Muchas gracias  a todos por su presencia y atención.   

***

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

ORIHUELA. SUS CALLES, SUS PLAZAS, SUS GENTES...

Autor: Antonio G. Colomina Riquelme

Presentador: D. Julio Calvet Botella 

(Magistrado y escritor)

Lugar:  Conservatorio Municipal de Música "Pedro Terol" (La Lonja) 

Fecha y hora: 13 de diciembre 2013, a las 19:00 h.

Orihuela

 

 

Aspecto general del público asistente a la presentación del libro,

"Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes..."

Señoras y Señores:

Con gran satisfacción comparezco ante ustedes, para tener el honor de presentar un hermoso libro que su autor, Don Antonio Colomina Riquelme, ha tenido la amabilidad de solicitarme.

Y así me en encuentro una vez más en "Orihuela. Dulce Pueblo", como reza el título de un magnífico libro, escrito también con anterioridad al que hoy presentamos, por Don Antonio Colomina Riquelme.

libro.

"Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes...", se llama el nuevo

Orihuela, una vez más.

No hay paisaje sin figuras, y no hay oriolano en el que el paisaje de Oleza no forme parte de su ser, de su sentir, de su corazón, y acaso, de la eterna nostalgia que a todo hombre envuelve al fin y al cabo la vida.

Por eso los hijos de Orihuela, allí donde estuvieren, pregonan su estirpe a lo largo de su vida; en el correr de sus "Años y Leguas", que es en suma el vivir, con cuyo título el gran escritor alicantino, Gabriel Miró, que también dejara su corazón en esta tierra, titulara un extraordinario y emblemático libro. Años y Leguas y pregonero de su estirpe ha sido también el vivir del escritor que aquí presentamos.

Orihuela es una tierra fértil y de corazón. Y es una tierra de hombres y mujeres fuertes que han resistido a todos los embates que la historia y la leyenda le han presentado; como también a los elementos, como en aquella riada de San Carlos en noviembre de 1987, en la que las aguas del enfurecido río alcanzaron el barandal del puente al llegar a su máxima altura, y cuyo momento imponente inmortalizara en una espectacular fotografía José Sáez Sironi.

Y Orihuela es también palmera y poeta.

Y tiene alma de palmera, por su "olor vegetal, arcaico y litúrgico", que dijera Gabriel Miró, y que hiciera gritar al amigo, "aspirando el aromoso aire", y ante su alter ego, aquello de: "¡ Sigüenza: que olor a Corpus !"; con cuya alborotada expresión y cita, Ramón Sijé, y sus amigos abrieran el primer ejemplar de su "Gallo Crisis", que apareciera en Orihuela, el Corpus de 1.934.

Y tiene alma de poeta. Porque poetas son casi todos. No a la altura, por supuesto, de nuestro gran Miguel Hernández, que se nos fué en aquella triste y sombría madrugada del 28 de marzo de 1942. Poeta siempre presente, como nos recuerda el verso de Miguel Barcala Candel, en su reciente poemario, "Yo pongo el Pensamiento. Tu la Imaginación":

"Ruiseñor y alondra de Orihuela, la muerte llegó pronto muy callada, mas tu palabra permanece y vuela, está presente; tú no sufriste para nada".

Miguel, Sansano, Molina, Fenoll, Conchita Martínez Marín, Sequeros, Gracia Caselles, Más Nieves, Barcala Candel, y tantos otros, que antes y ahora nos van guiando al compás de sus versos, al toque de sus rimas, y al rumor de su aliento... Y haciéndonos así, a todos, y en este barroco y sensual paisaje, poetas de sentimiento y de grandeza.

Pero también los oriolanos se han desbordado en su obra en prosa.

Aquí, la lista sería interminable. Solo permitasemé que recuerde aquí, a mis familiares que me precedieron en el caminar de la vida. Tíos-abuelos ambos. A mi tío Don José Martínez Arenas, que entre otros escribiera un libro de memorias y experiencias, "De mi vida: Hombres y Libros", y también un pedazo del alma de Orihuela, "La tertulia del bar Lauro"; y a mi tío Don Julio López Maymón, el autor de una espléndida biografía de Don Fernando de Loaces, y autor de sus famosos "rebuscos".

Hoy estamos ante un hijo de Orihuela, ante un escritor, y su obra.

El autor, Antonio Colomina Riquelme, y su obra, "Orihuela. Sus Calles. Sus Plazas. Sus Gentes..."

Antonio Colomina Riquelme, nació hace sesenta y siete años en Orihuela, en la calle de Triana, prácticamente a los pies de Santa Justa.

Hijo de Enrique Colomina Menarguez, Asentador número dos, de Frutas y Hortalizas de la Lonja, y de Manuela Riquelme Ortega, oriolanos, al igual que toda su familia. Fue bautizado en la Iglesia de Santa Justa, siendo sus padrinos el Médico Pediatra Don Manuel Andreu y su hermana Doña Pilar. Luego paso a vivir en la calle del Horno de San Miguel.

Alumno del Colegio Oratorio Festivo, tuvo como maestros a Don Félix, Don Francisco, Don José Pazos, Don Jaime, Don Tomás y Don José María, y como no, a nuestro recordado, y también muy presente, Don Antonio Roda López, aquel gran sacerdote, de quien tomó la Primera Comunión y en la Capilla del Oratorio Festivo en lugar de hacerlo en Santa Justa, que era su Parroquia y por petición propia.

El año de 1.984, tuve el honor de ser el Glosador del Pregón de la Semana Santa de Orihuela, siendo Presidente de la Junta Mayor mi querido amigo Don Emilio Bregante Palazón, y dado el reciente fallecimiento, hacía escasos días, de Don Antonio Roda, le dediqué en ese solemne acto, entonces celebrado en el Cine Avenida, mi glosa del Pregón, y también a todos aquellos, "a los que ayudó en sus vidas y en sus muertes".

Antonio Colomina me ha referido cómo agradece a Don Antonio Roda el amor que le inculcó por la Virgen María Auxiliadora.

La juventud de Antonio Colomina, en Orihuela, anduvo alrededor de las agrupaciones de canto. En el Círculo Católico formó parte del coro que ensayaba zarzuelas que más tarde ponían en escena en el Teatro Circo y en otros locales de la Comarca. Se integró en el grupo que formó Pepe Rodríguez, a quien Orihuela tanto debe por su incansable actividad en tantas cosas buenas para ella, y cuyo grupo cantaba "La Misa Tercia", en Latín, naturalmente, y que hacían cada domingo en una parroquia distinta, de forma totalmente altruista, recorriendo pueblos y pedanías.

Después, con sus dos inseparables amigos José Céspedes Moñino y Manuel Roberto Leonís Ruiz, formó el trío "Orcelis" con el fin de actuar los sábados por la noche en las galas cara al publico que se celebraban en la antigua emisora de "Radio Orihuela", que estaba en la Calle Mayor, muy cerca de la casa que fué de mi abuela Lola. Ensayaban en el desaparecido convento de Capuchinos, bajo la dirección de dos frailes que recuerda como muy bondadosos, y que eran primos hermanos, llamados Víctor y Olegario de Vinale Cuando se formó el grupo de la Pasión "Federico Rogel" en la década de los años cincuenta, Antonio Colomina formó parte del mismo, como uno de sus fundadores, pero sólo pudo cantar dos años, ya que se marchó a El Pardo, (Madrid), donde realizó como voluntario el servicio militar durante tres años, especializándose en transmisiones.

En uno de sus permisos en Orihuela, conoció a su esposa Mari Carmen, con quien contrajo matrimonio de la mano de Don Antonio Roda, y claro está, también, en la Capilla del Oratorio Festivo.

Antonio y Mari Carmen tienen tres hijos que como él dice son preciosos: María Auxiliadora, Miguel Angel y María del Carmen. Sus hijas le han dado un nieto cada una, Cristian y Alvaro, que como dice son los dos muy guapos.

Al contraer matrimonio, Antonio y su esposa se fueron a vivir a Madrid, donde se encontraba destinado. Después, pasaron al Campo de Gibraltar, y tras unos años pasaron a Cáceres, y por ultimo en Alicante, cubriendo así, a través de dichos destinos su carrera profesional, que por razones de seguridad siempre sintetiza con la palabra de 'funcionario ".

Pero no se detiene aquí la enorme inquietud de Antonio Colomina. Estudia Teología, Pedagogía y Didáctica de la Enseñanza. Es profesor de Religión y de Moral Católica. Profesor Deportivo. Operador Radiotelegrafista de Primera y Radiotelefonista Naval. Diplomado por la Universidad de Alicante por cursos de Prensa, Radio y Televisión; Periodismo Digital; Periodismo de Investigación y creación narrativa.

Como Orihuela no puede explicarse sin su Semana Santa, y como creo que casi no hay hijo de Orihuela que no este vinculado personalmente o a través de su familia a la Semana Santa, Antonio Colomina, como no podía ser menos, en ella está y formando parte de la Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Debo destacar aquí, cómo participó en la constitución de la nueva Orden Franciscana Seglar en la Fraternidad Local de Orihuela, cuyo Primer Capítulo electivo, celebrado el día 8 de Junio de 1996, constituyó su Consejo, en la forma que me permito recordar: Ministro Local, Benedicto Martínez Vicente; Viceministro, Vicente Meseguer Gracia; Secretario, Emilio Bregante Illescas; Maestro Responsable de Formación, Antonio Colomina Riquelme; Tesorero, Vicente Torres Sánchez; y encargado de Culto, José Manuel Saura Caselles. Dicho Primer Consejo y los distintos Consejos que le han sucedido, han logrado llevar a la Mayordomía a sumar sa.

En "Radio Orihuela", también participó en un reducido grupo que hacían pequeños cuentos y relatos bajo la dirección de Pepe Torres, también añorado oriolano, y que ponían en antena, en directo. en el año 2006, a más de 700 nazarenos, y hay lista de espera para ingresar. Hay que destacar como artífices de este esplendor, al Padre Francisco Oliver, Guardián del Convento entonces y luego Provincial de la Orden Franciscana Menor, como también a Benedicto Martínez, primero como Ministro de la Fraternidad Local y luego como Presidente de la Mayordomía.

Aprovechando este momento, y como Caballero Cubierto del presente año, saludo con la mayor admiración a esos hombres, y con toda devoción a Nuestro Patrono: a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que hoy ya, y como dijo el poeta, ...

"...entre mil encapuchados... cruza humilde el Nazareno".

Antonio Colomina es también Consejero del Centro de Atención a Minusválidos Psíquicos "Santa Faz", donde es también Socio de Honor de la Asociación de Padres.

Creo que Don Antonio Roda, que tanto hizo por los desvalidos, se sentirá muy orgulloso de quien fuera su alumno y su amigo, al verle integrado en estos compromisos tan importantes.

Antonio Colomina ha publicado centenares de artículos y relatos en periódicos, como en el periódico "Información" y en revistas impresas y digitales, como "Orihuela Digital" o "Perito (Literario Artístico"). Es administrador de tres páginas Web: "Orihuela en mis artículos", "El gallo del alba en Alicante", y "Los relatos de Antonio Colomina". Ha intervenido en diversas presentaciones literarias, como el año pasado que presento el libro antológico de poesía, "Abriendo Puertas... por amor al arte", publicado por el Liceo Poético de Benidorm, en que pronunció una frase que conviene recordar por su acierto:

"...La poesía nace en el corazón del poeta, la eleva a su cerebro y éste, da orden a su mano para plasmarla en el papel, por eso no pone precio a su trabajo, porque lo que nace desde lo más profundo del corazón lleva la chispa divina y lo que viene de Dios no se puede tasar..."

Es miembro número 1.644 de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE), y componente de la Red Mundial de Escritores Españoles (REMES).

En el año 2006, publico el libro "Orihuela, Dulce Pueblo", Un paseo por la ciudad oriolana de los años 50 y 60 a través de los recuerdos de su autor, editada por la Editorial Club Universitario, con prólogo de Pablo Riquelme Ballester.

Hoy presentamos su nuevo libro: "Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes... (Deshojando mis recuerdos) ".

"Orihuela. Sus calles, sus plazas, sus gentes ...", esta dedicado, "A mi Orihuelica del Señor", el pueblo que me vió nacer, y a todas sus gentes que me honraron con su amistad y cariño, como tributo de gratitud hacia todos ellos".

Estamos ante un libro de recuerdos y de añoranzas. En la propia portada del libro aparece sobre una vista actual de la ciudad de Orihuela, desde el Seminario, tres hojas de calendario. De Septiembre de 1940, de septiembre de 1950 y de septiembre de 1960.

Es un libro descriptivo, y es un libro coral.

Es un libro descriptivo porque nos va haciendo volver a recorrer lo que constituía en aquellos años el lugar, el pueblo llamado Orihuela. Limitada por el final de los Andenes y la estación, por la plaza de toros y el campo de fútbol Los Arcos, por la calle Arriba y el Colegio de Santo Domingo, por San Francisco, y por el Seminario de San Miguel, y cruzada por el río Segura, el río Segral de Oleza.

Y en su interior las calles de entonces, y también de ahora: desde la Calle Mayor de Ramón y Cajal y Plaza del Teniente Linares hasta la Calle de San Juan, pasando por las calles del Hospital, de San Pascual, Pintor Agrasot, antes Corredera, la desaparecida calle del Molino, calle Obispo Rocamora, de José Antonio, del Río, Alfonso XIII, Colón, Arzobispo Loaces, Calderón de la Barca, Luis Rojas, o de la Mancebería, Doctor Sarget, Francisco Díe, de la Meca, San Agustín, López Pozas, Santa Justa, de las Flores, Ballesteros Villanueva, Paseo Calvo Sotelo, Ruiz Capdepón, Adolfo Clavarana o del Colegio, Capuchinos, San Juan, de Arriba, y otras más.

Y Antonio Colomina no se limita a relatarnos como se componían dichas calles, sino que con una sorprendente memoria, nos va haciendo desfilar por ellas contándonos o recordándonos los comercios, los establecimientos, los despachos de profesionales con sus nombres, las tiendas artesanales, los bares y tabernas, las pastelerías, los cines, los bancos, los organismos oficiales, los colegios... y hasta las casas de lenocinio, es decir un retrato o unos retratos como si fueran postales del entorno de aquellos lugares y tiempos. Y como no, de sus Plazas: la Plaza Nueva, la del Carmen, la del Poeta Sansano, la Plaza de las Salesas, la de la Trinidad, la de Caturla, de Santa Lucía, la del Marqués de Rafal, del teniente Linares, de Santiago, de San Sebastián, y la Plaza de Monserrate. Y la esquina del Pavo.

Al entrar en el libro te ves inmerso en un recorrido de un entorno, que cuanto menos los que como yo, frisamos los sesenta años, hemos visto y conocido. Pero es que Colomina no se conforma con la mera descripción. Antonio Colomina, pone en movimiento, una Ciudad de un tiempo que estaba como quieto, y apenas recordada en este trepidante mundo actual, noria de las norias, del que uno no puede bajarse.

Y nos saca de nuevo a la calle a todas aquellas personas que habitaban Orihuela, algunos felizmente aún con nosotros como el gran campeón, Bernardo Ruiz, "El Pipa", uno de los mejores ciclistas españoles de todos los tiempos y desde luego el primer español que subió al podio de triunfadores de la carrera ciclista más importante de Europa, o la magnífica María Antonia Abad, la sin par Sara Montiel a quien recuerda cantando, desde lo alto del balcón de "Jeromo el del puente", aquella Saeta, que sirvió para descubrirla y convertirla en la mundialmente famosa que es. Pero también saca de nuevo al recuerdo a los que eran y ya no están, quizás por eso, y porque nos lleva a la añoranza, es por lo que tal vez diga en sus primeras páginas que, "Mirar hacia atrás para recordar nuestros orígenes es bueno. Hacerlo con añoranza de tiempos pretéritos que no volverán, es insano". No sé si estoy del todo de acuerdo con esto último, pero si coincido con que la añoranza conlleva a la tristeza, y desde luego la tristeza es ciertamente insana.

Y permítaseme, que haga aquí un alto en el camino y detenerme en el recuerdo de dos grandes personas, de dos grandes hombres, de dos señores que me distinguieron con su amistad, que al tiempo de la publicación de este libro aún estaban con nosotros, y que hoy desde hace muy poco ya no están: Don Luis Cartagena Soriano, y Don Antonio García- Molina Martínez, por los que elevo mi afecto y mi oración.

Y estamos ante un libro coral.

A mí me ha parecido ver al paso de sus calles, y a través de su narración, como si se asomaran a sus balcones, o a sus puertas o a las entradas de sus establecimientos, a tantas personas como cita, desde los recordados "Macando" y "Caralampio", a cada cual más sabio... "Digo yo: A mí me parece poco todo lo que sea bueno, pero me parece que vamos demasiado deprisa"...

hasta llegar a los Guardias municipales de entonces, "El Gallina", Felipe, "El Choso", y Justo.

Y nuestro autor lo hace, quizás porque es su natural, o porque además es cierto, con cariño y con respeto. No hay el mínimo reproche o juicio adverso, si acaso meras y amables anécdotas.

O, ¿quien no recuerda a Don Benito Alvarez de la Riva, aquel famoso y querido médico, del que nos dice como se destacaba en su indumentaria, por utilizar, en invierno y en verano, trajes de lana oscuros y camisa blanca de "cuello duro", -yo parece que lo estoy viendo-, para luego decimos, lo que es cierto, que era un gran señor y que los que le conocimos personalmente le recordamos con cariño y admiración. Hay que ver, con que elegancia, cómo Don Benito llevaba el chaqué, y la vara dorada en la Procesión de "Las Mantillas", en aquellos Domingos de Ramos de Orihuela, en los que, como también hoy, brillaba la luz, el color de las flores y la belleza de la mujer oriolana.

Por eso, antes decía que es también un libro coral. No están todos los que son, pues resultaría imposible, pero sí son todos los que están. Pero además Antonio Colomina nos adereza ese conjunto arquitectónico y coral, como si se tratara de una novela al modo de "La Colmena" de nuestro Premio Nobel, Camilo José Cela, con anécdotas amables y que no pretenden sino el recuerdo y la amenidad. Como cuando nos habla de Comestibles "El Chi", y nos cuenta como su dueño "Ricardico" vendía a granel el aceite con un surtidor manual, y nos dice tiernamente, cómo poca gente de entonces podía comprar por litros, y como a veces despachaba hasta un "octavico"; pues eran unos tiempos... bueno, como dice Eugenio de Pinumbrío, "tan sencillos... pero sin embargo..."; o cuando nos cuenta, la costumbre de los oriolanos de comer sémola los días de lluvia, y a tal propósito la anécdota del señor Jaele, dueño de la ferretería de la Plaza Nueva que no cuenta.

Es un libro cuya lectura, sin duda, nos traerá buenos y queridos recuerdos y un reencuentro del paisaje y sus figuras. Y también de las nuestras.

Y así se van a encontrar mis queridos amigos Alfonso, Emilio y Patrito Ortuño Salar, al pasar por la calle Mayor con la tienda de su abuelo, Tejidos Emilio Salar, y acaso recordar como tenia por costumbre sacar a la calle nueve maniquíes que ponía en hilera junto a la pared, vestidos con trajes, gabanes o gabardinas, que los chiquillos jugando, tiraban a veces al suelo, lo que hacía que, Tano, el dependiente saliera a regañarles ante lo que huían en estampida.

O mi prima Conchita Botella Ballesteros, cuando al pasar la calle Alfonso XIII, lea como se recuerda allí a la Farmacia Botella; la Farmacia de su padre, mi tío Julián Botella Martínez, hermano de mi madre Mari Botella.

O al pasar por la calle Francisco Díe, mi querido amigo José María Germán Pescador, o alguno de sus hermanos, se encuentre con la placa del bufete de abogado de Don Paco Germán, su padre.

Y tantos otros, con otros encuentros...

Después de recorrer las calles y plazas, el libro se detiene en dar un paseo por San Miguel: la escalera del "Gato", la "Rejullaera", el Seminario... Para luego pasar a un capítulo dedicado a "Las fuerzas de Seguridad en Orihuela"; y un último capitulo bajo el título de, "Misceláneas y Curiosidades".

Aquí los recuerdos se enlazan como una cesta de cerezas. Semana Santa, y sus costumbres; el Año Mariano celebrado en la Década de los 50 con las Misiones; las inundaciones y las rogativas, las costumbres de los comercios para anunciar su mercancía; las fiestas de los barrios y sus concursos; los vendedores ambulantes, como aquella señora llamada Amparito que vendía por las calles "camarrojas" hervidas; los oficios de bolilleras, o lavanderas de ropa en el río; los puntos en que se reunían los tratantes de la Vega Baja: alrededores del Hotel Palas, el Bar Zara, el Bar Español y el Café Colon, donde se cerraba el trato con un apretón de manos; las "Hoguericas de San José, un mistico y a correr"; los juegos callejeros: Plau, Marro, Píndola, Rompes, al Ajo, a la Trompa, y la cría de gusanos de seda de la chiquillería; el fútbol de la época, con los legendarios futbolistas de la Orihuela Deportiva, Villagrasa, "El Rondoyo", "El Sangre", Riquelme, "El Oliva"...

Yo me recuerdo, no se qué año, vestido con un traje de heraldo del Perdón, aquellos trajes verdes, que sacamos polvorientos del camerín de nuestro Padre Jesús de la Caída que presidía para el equipo. No se bién, no quisiera equivocarme, si fue para anunciar aquel partido amistoso con el Real Madrid, nada menos que con Enrique Mateos y Héctor Rial, en aquellos tiempos gloriosos del equipo merengue, y que por mucho que se empeñen y mucho dinero gasten, aquellos tiempos, remedando al poeta romántico, esos, "no volverán" Quizás alguno de los que me acompañaban se acuerden mejor que yo de aquel acontecimiento. Y por fin muchos recuerdos sobre el Oratorio Festivo, con sus canciones para el sacerdote Don Juan Torres: Viva Don Juan, "...que nos compra alpargates y nos da de merendar"; y el Himno a María Auxiliadora: "Rendidos a tus plantas reina y señora. Los cristianos te aclaman su Auxiliadora" .

El libro viene acompañado en sus páginas por un buen número de fotografías de lugares y personas de Orihuela, y claro está, no faltando una fotografia de la Cruz de la Muela con Pepe Lorente, Pepe Terrés, Dolores Guerrero, Luis Guerrero, Guillermo Soriano y Encarna, Loli y Finuchi Gas, antes de su cobarde derribo, y que luego nuevamente preside el discurrir de Orihuela desde su alto emplazamiento y que recientemente ha sido objeto de una importante publicación en la colección "Capítulos de Nuestra Historia", escrita por el Cronista Oficial de la Ciudad de Orihuela, Don Antonio Luis Galiano Pérez, y siendo, como es natural la ultima fotografía la de la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, Patrona de Orihuela; y en fin, el libro se cierra con un "Vocabulario oriolano de tiempos pretéritos", con un buen número de palabras desde "abercoque" y "abonico", a "viso" y "zagal", con su correspondiente, digamos, traducción.

No puedo detenerme más en el libro, pues de ser así, ya saldrían todos de aqui como si lo hubieran leido, con grave quebranto editorial, pero sea como fuere, es un libro que se debe tener no solo por su grata lectura sino por que conservarlo será como guardar algo mas de nuestra vida.

"Es un canto a Orihuela en un libro entrañable", califica este libro Tirso Marin Sessé, en un magnífico artículo, como todos los suyos publicado en su Periódico La Verdad, del dia 14 de octubre, periódico del que ha sido y es columnista, cronista y articulista. Tirso Marin, quien prolonga el libro que presentamos es uno de los grandes periodistas alicantinos. Presentador de programas televisivos, conferenciante, gran aficionado a los toros, y escritor de muchos y brillantes libros, desde aquel dedicado a los juristas alicantinos, en el que no me quiso poner, a los dedicados a los toros y toreros Alicantinos como aquellos "El Tino" y "Pacorro" de tan celebrada competencia. Además es un gran conversador y es un anecdotario viviente. Lo sabe todo, todo. Y si no que les cuente la el altar de la Iglesia de San Gregorio, para anunciar con otros amigos y cofrades de mi edad, que no debía ser mucha, algún festejo o acontecimiento para recaudar fondos historia de aquel que quiso ser torero con tan poco éxito y que se llamaba como nombre de guerra, "El Niño de la Cartelera". Me honro de ser su amigo, sobre todo también desde que supe de sus frecuentes visitas a Orihuela para que su querida esposa viniera a rezarle a Nuestro Padre Jesús Nazareno, de quien era tan devota, y con quien hoy, seguro, estará en el Cielo.

Tirso Marin Sessé prologa el libro de Antonio Colomina, y tras referirse al mismo, concluye su proemio diciendo:

"Todo esto se ofrece al curioso lector, que ya devoró "Orihuela, dulce pueblo", la otra obra de Colomina y tendrá oportunidad de completar su acervo anecdótico de la monumental ciudad, quizá la que más historia y tradición tiene de la Provincia de Alicante".

El libro se presenta en una elegante y cuidada edición de la Editorial Club Universitario, impresa en Imprenta Gamma, con domicilio en San Vicente, cuyo editor jefe Don José Antonio López Vizcaíno, Presidente también de la Asociación Provincial de Libreros, nos acompaña, y que les dirigirá a continuación unas palabras.

Y termino. Como dije al principio ha sido para mi un gran honor presentar este libro de mi buen amigo Antonio Colomina Riquelme. Ha sido una satisfacción acompañar en este momento a un hombre digno de toda admiración. Antonio Colomina es uno de esos hombres que nos alumbra con sus hermosos libros, y que nos traen el recuerdo de tantas personas y de tantas cosas. Yo soy de la opinión de que lo que nos hace realmente importantes es ser únicos e irrepetibles. Al fin y a la postre, de cada cual, sólo quedara en este mundo, el recuerdo, pero ello durante un tiempo, a no ser que plumas tan ágiles y tan sentidas, como la de Antonio, dejen caer un nombre en un libro, en una obra impresa, donde siempre y para siempre quedara ese nombre para eterno recuerdo. Gracias también, en nombre de todos ellos, Antonio Colomina, por traer a tanto oriolano de nuevo al recuerdo, en este tu hermoso y magnífico libro que hoy tenemos en las manos. Enhorabuena, amigo y escritor de Orihuela.

Y muchas gracias a todos por su por su atención, y les animo a leer y guardar este hermoso y grato libro.

***

 

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

ORIHUELA, DULCE PUEBLO

Presentadores: 

D. Aitor L. Larrabide Achútegui

(Dr. en Filología Hispánica) 

y

D. Manuel Ramón Vera Abadía

(Licenciado en Historia)

LUGAR:  Sala Museo San Juan de Dios (Orihuela)

FECHA Y HORA: 8 de junio  2006, 20:00 horas

 

DISERTACIÓN DE D. Aitor L. Larrabide Achútegui

Todos los recuerdos son, generalmente, selectivos, y éstos guardan relación estrecha y directa con la edad que contamos. No es lo mismo rememorar hechos sucedidos en nuestra niñez que en nuestra primera juventud, o ya en la madurez.

En el caso que nos ocupa esta noche, son las remembranzas acontecidas en la adolescencia, y durante el arco temporal comprendido entre los años 50 y 60, las que podemos disfrutar con la lectura de este libro: ORIHUELA, DULCE PUEBLO, del amigo Antonio Colomina Riquelme.

En la adolescencia va forjándose nuestra identidad. Se trata de una etapa evolutiva o formativa complicada, con muchos contrastes, agitada como la primavera, estación ésta a la que es posible relacionar por su naturaleza variable. Sin embargo, cuando ya maduros, recordamos ese despertar a la vida, a los sentidos, a los problemas de nuestro entorno, que forman parte ya de nosotros, irrumpe un dulce sentimiento de gozo, de paz, de que todo fue bueno y positivo, a pesar incluso de los lógicos sinsabores y descalabros. Entonces, contemplamos nuestra juventud con ojos más benévolos, porque gozábamos entonces de la vida en su medio más salvaje e intenso.

Paralelamente, en las décadas de los años 50 y 60, España entera experimenta paulatinamente una gran transformación en todos los órdenes: económico, social, político, cultural, etc. No sólo en Orihuela, claro está, sino también en el resto de España.

He leído el libro del amigo Antonio Colomina Riquelme de un tirón, sonriendo ante mil anécdotas y viendo en éste o aquel recuerdo un reflejo también de idénticos sentimientos vividos por mí en tierras norteñas. Leyendo este libro, efectivamente, es posible calibrar el gran cambio sociológico producido en Orihuela, sí, pero da igual que se trate de Orihuela, puede ser cualquier otra ciudad. Además, lo realmente importante es el poder evocador que nos trasfiere la lectura del libro. De este modo, podemos recordar, con sus páginas, cómo fue nuestra propia adolescencia, y así crear nuestro particular libro de recuerdos.

Echar la vista atrás nos conduce, irremediablemente, al paraíso perdido (y ahora rescatado, gracias a Antonio Colomina Riquelme) de lo que fuimos, a un estadio fundamental de lo que ahora somos, y de lo que, ojalá, nunca dejemos de ser. Las fotos antiguas nos devuelven el color ocre de la nostalgia. Y es que, a veces, es muy recomendable y conveniente pararnos, sentarnos en la piedra del camino y mirar hacia atrás, sin ira y sin tristeza. Estas viñetas construyen la imagen personal de un pueblo, no por medio de rutilantes sucesos, no, sino a través de la intrahistoria sobre la que mi paisano Miguel de Unamuno quería edificar la historia verdadera de España. Son los diarios y aparentemente insignificantes hechos (un puente construido, un simpático y sabio barbero o una fiesta entrañable en compañía de los seres queridos) los que forjan la identidad de un pueblo y de sus pobladores o vecinos.

Aquí tenemos un buen puñado de intrahistorias que, además, son comunes a las personas de edad semejante o parecida a la de nuestro autor. Predominan en el relato las fiestas tradicionales, que marcaban el ritmo del pueblo, los pintorescos y humanos siempre personajes que aparecen aquí y allá, como "Cantinflas", pregonero ocasional, salpicando con sonrisas las páginas del volumen, y, como hilo conductor, la juventud que irradia sangre viva, con prisa de agitarse y de experimentar a toda velocidad mil y una aventuras, inolvidables para siempre.

Pero el autor también critica algunas realidades que, como oriolano, le duelen, y por eso nos ofrece su sincera opinión, que valoramos. La situación lamentable del río (p.60), La Murada (p.68), el Casino (pp.119 y 122), etc.

Una prueba de su objetividad es el comentario que realiza del Frente de Juventudes (p.109).

Es por ello que, aparte de solazarnos con este libro, los oriolanos debemos agradecer a Antonio Colomina Riquelme su amor a su patria chica, precisamente porque la quiere tanto desea que despierte y entre con todos los honores y sin complejos en el siglo XXI sin la rémora penosa de lo caduco e inútil.

Muchas gracias. OTROS TEMAS: - Vestir (elegancia). —BILBAO-- Oratorio Festivo. - Venerable Orden Tercera, - Cantores de la Pasión. - Semana Santa -BILBAO-- Lonja. - Zarzuela. -BILBAO-- Radio Orihuela (calle Mayor). - Calle Mayor. - Gira de los barberos a la Virgen de la Fuensanta (Murcia). - Cines.-BILBAO-- Veranos en La Murada. - Baños del río. - Chateos-txikiteos. —BILBAO-- Feria de Agosto (medidor de fuerza, tiro al blanco, etc.).- BILBAO-

- Desfiles procesionales (participación de los niños con la compra de imágenes y confección de pasos).

- Profesiones: aguadores, lecheros, afiladores, chatarreros, paragüeros, costureras a domicilio, fotógrafos del minuto, etc. —BILBAO-

- Raneras de la Plaza de Abastos.

- Lugares de fiestas: Casa Consistorial (Congregación Mariana); Palacio de Pinohermoso (Acción Católica); Frente de Juventudes (Avda. de Teodomiro); Hotel Palas; Casino; cines. La génesis del libro aparece íntimamente ligada a la publicación en formato digital Orihuela Digital. Pablo Riquelme y Pilar Girona, responsables de ésta, empezaron a recibir las colaboraciones de Antonio, colaboraciones muy densas a pesar de su brevedad. La brevedad, que suele ser una necesidad en las publicaciones de Internet, en las que el espacio es caro y hay que amortizarlo con publicidad, no supuso más que un acicate para que Antonio se esforzase en componer verdaderos frescos de una época que muchos sólo conocemos de oídas.

Como decía, las colaboraciones de Antonio fueron llegando y consiguieron colgarse en esta publicación, que ha generado multitud de accesos desde distintos lugares del planeta. Los internautas, gente curiosa por naturaleza, rasgo acentuado con el descubrimiento y el uso de unas muy útiles herramientas llamadas "buscadores", permitían, por fin, a los oriolanos ausentes consultar cualquier cosa de su añorada Orihuela, pero finalmente de la Orihuela que muchos dejaron atrás, y que aún recordaban como si fuese ayer cuando la dejaron

La curiosidad por las nuevas tecnologías se unió a la necesidad de Antonio —bendita necesidad- de poner en común a modo de catarsis sus recuerdos de la Orihuela de los 50 y 60. Esa necesidad se tradujo no sólo en accesos: muchos de sus lectores, oriolanos nostálgicos, enviaron gran cantidad de correos a la dirección de la revista felicitándoles y pidiendo más textos. Es el momento en el que muchos, después de leer puntualmente sus textos, sugerimos a Antonio que pusiese estos textos por escrito, algo que finalmente sucede con la decisiva intervención de Pablo Riquelme, que además realiza el prólogo, y de Pilar Girona.

Los 24 artículos que aquí se recogen son parte de la vida de Antonio, pero también un poco parte de nosotros. Algunos sólo conocemos a los personajes y a los lugares porque nos lo han contado nuestros padres, tíos o abuelos, pero en otros debo de decir con orgullo que al final han terminado formando parte de mi vida, como ocurre con el grupo de cantores de la Primitiva Pasión Federico Rogel, del que Antonio formó parte en sus inicios, y de cuya Junta Directiva participo actualmente o de la Orden Franciscana Seglar, en cuyo Consejo también estoy presente.

El libro es un espléndido ejercicio de algo que hoy se emplea de manera un tanto alegre e incluso, inapropiada, la memoria histórica, y que debe presidir (lo digo como profesional) cualquier estudio histórico que se precie.

Por suerte, el espíritu que ha dominado desde el principio sus textos se ha mantenido. Quien consulte Internet, la Red de redes, puede comprobar que se han seguido publicando más textos, textos que en beneficio de todos esperemos terminen dejando la pantalla de nuestros ordenadores para pasar a formar parte de otro libro o libros. Parafraseando las Sagradas Escrituras, podemos decir que la mies es mucha, y pocos los escogidos para cosecharla, y entre ellos está ciertamente con todo merecimiento Antonio.

En fin, creo que no es momento para extenderme más, tan sólo dejarles en compañía de Antonio, el más indicado para desmenuzar este texto que, creo, es objeto de interés.

***

 

ALOCUCIÓN DE D. MANUEL RAMÓN VERA ABADÍA

 

Señoras y señores, muy buenas noches. Es para mí un orgullo estar aquí esta noche para presentarles el libro “Orihuela, dulce pueblo”, de nuestro amigo Antonio Colomina Riquelme.

Hace unas semanas, en una conversación que mantuvimos Antonio y éste que les habla, me comunicó que finalmente se presentaba en Orihuela el libro, igual que antes se hizo en Alicante con gran asistencia de amigos. Lo que nadie podía esperar es que yo fuese una de las personas designadas para hacerlo aquí, en este trozo del Levante tan fielmente descrito por Miró o por el más universal de todos nosotros, Miguel Hernández. En ese momento, me sentí muy honrado, pero al pasar los días, me sentí también, por qué no decirlo, algo abrumado.

De Antonio, poco se puede decir que no haya sido dicho ya. El Monte de San Miguel, que ha dado desde siempre amparo a la ciudad y que cualquier oriolano que se encuentra ausente está deseando ver para volver a sentirse en casa, le vio nacer y formarse. Años después, cuando le llegó el momento de servir a su país, le despidió, aunque serían varias veces las que le volvería a recibir. Su trabajo, al servicio de los demás como funcionario de la Administración se conjugó con algo más que sigue diciendo mucho de su espíritu abnegado: el mundo de la enseñanza.

Precisamente de la mano de la enseñanza vino nuestra relación. Antonio había intervenido en la reconstitución de la Fraternidad Local de la Orden Franciscana Seglar formando parte del primer Consejo de ésta. Era lo que se denomina coloquialmente Maestro de Novicios, el Hermano Encargado de Formación. Desde ese puesto, nos inició a muchos en la Regla y en las Constituciones franciscanas.

Los que le conocemos, sabíamos que su espíritu inquieto y abnegado no se detendría ante el trámite administrativo de la jubilación. Lo que quizá no esperábamos es que se demostrase de la forma que finalmente lo ha hecho.

Los recuerdos que Antonio albergaba de su niñez y de su juventud bullían en su mente muy frescos. Hay amigos comunes que me han confirmado cómo en muchas de las conversaciones que han mantenido cada vez que se han encontrado aparecían, entre otros, los personajes y los lugares que ustedes encontrarán en las páginas de este libro.

La génesis del libro aparece íntimamente ligada a la publicación en formato digital “Orihuela Digital”. Pablo Riquelme y Pilar Girona, responsables de ésta, empezaron a recibir las colaboraciones de Antonio, colaboraciones muy densas a pesar de su brevedad. La brevedad, que suele ser una necesidad en las publicaciones de Internet, en las que el espacio es caro y hay que amortizarlo con publicidad, no supuso más que un acicate para que Antonio se esforzase en componer verdaderos frescos de una época que muchos sólo conocemos de oídas.

Como decía, las colaboraciones de Antonio fueron llegando y consiguieron colgarse en esta publicación, que ha generado multitud de accesos desde distintos lugares del planeta. Los internautas, gente curiosa por naturaleza, rasgo acentuado con el descubrimiento y el uso de unas muy útiles herramientas llamadas "buscadores", permitían, por fin, a los oriolanos ausentes consultar cualquier cosa de su añorada Orihuela, pero finalmente de la Orihuela que muchos dejaron atrás, y que aún recordaban como si fuese ayer cuando la dejaron

La curiosidad por las nuevas tecnologías se unió a la necesidad de Antonio —bendita necesidad— de poner en común a modo de catarsis sus recuerdos de la Orihuela de los 50 y 60. Esa necesidad se tradujo no sólo en accesos: muchos de sus lectores, oriolanos nostálgicos, enviaron gran cantidad de correos a la dirección de la revista felicitándoles y pidiendo más textos. Es el momento en el que muchos, después de leer puntualmente sus textos, sugerimos a Antonio que pusiese estos textos por escrito, algo que finalmente sucede con la decisiva intervención de Pablo Riquelme, que además realiza el prólogo, y de Pilar Girona.

Los 24 artículos que aquí se recogen son parte de la vida de Antonio, pero también un poco parte de nosotros. Algunos sólo conocemos a los personajes y a los lugares porque nos lo han contado nuestros padres, tíos o abuelos, pero en otros debo de decir con orgullo que al final han terminado formando parte de mi vida, como ocurre con el grupo de cantores de la Primitiva Pasión Federico Rogel, del que Antonio formó parte en sus inicios, y de cuya Junta Directiva participo actualmente, o de la Orden Franciscana Seglar, en cuyo Consejo también estoy presente.

El libro es un espléndido ejercicio de algo que hoy se emplea de manera un tanto alegre e incluso inapropiada, la memoria histórica, y que debe presidir —lo digo como profesional— cualquier estudio histórico que se precie.

Por suerte, el espíritu que ha dominado desde el principio sus textos se ha mantenido. Quien consulte Internet, la Red de redes, puede comprobar que se han seguido publicando más textos, textos que en beneficio de todos esperemos terminen dejando la pantalla de nuestros ordenadores para pasar a formar parte de otro libro o libros. Parafraseando las Sagradas Escrituras, podemos decir que la mies es mucha, y pocos los escogidos para cosecharla, y entre ellos está ciertamente con todo merecimiento Antonio.

En fin, creo que no es momento para extenderme más, tan sólo dejarles en compañía de Antonio, el más indicado para desmenuzar este texto que, creo, es objeto de interés.

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO “RAMÓN SIJÉ. SEMBLANZA” 

 

Del autor  Julio Calvet Botella 

Presenta:  Antonio G. Colomina Riquelme 

Lugar: Biblioteca Pública del Estado “Fdo. de Loazes” 

20 de noviembre de 2009 (19,00 horas) 

Orihuela 

Buenas noches señoras y señores: 

       Nos encontramos aquí, en este magnífico edificio de la Biblioteca Pública del Estado “Fernando de Loazes”, que tan amablemente nos ha facilitado su director D. César Moreno,  para presentar una obra literaria y a su autor. La obra, “Ramón Sijé. Semblanza”, su autor D. Julio Calvet Botella. 

        Debo confesarles que cuando Julio me hizo el alto honor de encargarme esta presentación mi respuesta inmediata fue: “¿Cómo te voy a presentar yo a ti en Orihuela si tú eres muchísimo más conocido allí que yo?”  Él, con su habitual llaneza me respondió: “Da igual, si quieres lo dices así”.  Y es que Julio acrecienta los méritos de sus amigos y empequeñece los suyos propios. Con razón Miguel Barcala Candel,  en su poemario “Yo pongo el pensamiento, tú la imaginación”, le dedica uno de sus poemas con motivo de su nombramiento como Caballero Cubierto 2007, y le dice entre otras cosas:   

Esa humildad y simpatía sin distancia 

Que llena cualquier acto de tu vida. 

Ese saber escuchar a quien te habla 

Al que haces crecerse en importancia, 

Son virtudes que envidio en tu persona. […] 

        Y aquí comparezco ante ustedes con la alta responsabilidad de presentar a un personaje,  hijo ilustre de Orihuela,  sobradamente conocido de todos. Poco puedo decir de Julio que no sea reiterativo, pero aún así, me complace  relatar ante ustedes su trayectoria, muy concisa, pues sería  prolífico hacerlo exhaustivamente.  

         D. Julio Calvet Botella,  preclaro hijo de Orihuela,  hombre cuya carrera es tan importante como lo es su humanidad. Jurista de prestigio es miembro de la carrera judicial con la categoría de Magistrado. Actualmente con plaza titular de Presidente de la Sección 9ª de la Audiencia Provincial de Alicante, con sede en Elche. Aunque ausente de su Orihuela natal, ha participado y lo sigue haciendo en tantos actos culturales y divulgativos le solicitan: Caballero Cubierto 2007. Caballero, Vocal de su Junta de Gobierno y Presidente de la Comisión de Estatutos de la Honorífica Orden de San Antón. Glosador del Pregón de las Fiestas de la Reconquista. Glosador del Pregón de la Semana Santa. Glosador del Pregón de la Compañía de Armados. Brillante conferenciante en varios e importantes foros. Presentador del Libro de la Semana Santa y de varias obras literarias. Colaborador de la prestigiosa revista “Oleza” y otras publicaciones, destacando su trabajo titulado “Don Quijote y la justicia o la justicia en Don Quijote”, publicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, sirviendo de valioso texto de consulta para estudiantes de Derecho. Como buen oriolano lleva participando en su Semana Santa desde que era un niño, siendo cofrade del Perdón y, posteriormente, componente de los Pilares de la Soledad. En el ámbito jurídico son múltiples sus colaboraciones y publicaciones. Ahora, también autor literario con su primera obra: “Ramón Sijé. Semblanza”. Editada por nuestro buen amigo José Antonio López Vizcaíno, aquí presente,  en su Editorial Club Universitario. 

      Julio siempre ha sentido una especial predilección por la figura y obra de José Marín Gutiérrez,  (Ramón Sijé),  y no es por casualidad, yo diría que la atracción que siente por él le viene dada por el paralelismo que existe entre los dos. Ambos nacieron en Orihuela, en la calle Mayor de Ramón y Cajal, a pocos metros de distancia el uno del otro; asistieron los dos al mismo colegio, el histórico Centro de Santo Domingo; igualmente eligieron la carrera de derecho en la que fueron destacados estudiantes. También amaron los libros siendo uno y otro dos intelectuales de altura. En lo religioso igualmente fueron parecidos, creyentes convencidos y practicantes de su fe católica. Creo que de haber coincidido ambos en el tiempo hubiesen sido almas gemelas. 

      Pero, centrándonos ya en la obra literaria que hoy presentamos, “Ramón Sijé. Semblanza”, debo decir que no se trata de una biografía al uso del íntimo amigo de nuestro inmortal Miguel Hernández, es, como reza su título “una semblanza”. Y Julio Calvet ha bordado con sus sobrados conocimientos esa analogía haciendo un derroche de prosa bien hecha de la que es un maestro. Este libro, que anteriormente fue una conferencia de éxito, tuvo que ser impreso para deleite de muchos lectores, sobre todo, amantes de la literatura hernandiana. 

      Y comienza en su primera página con una entrañable dedicatoria, como no podía ser de otra manera, ésta su primera obra va dirigida a los dos luceros que alumbran su vida: sus nietas Pilar e Inés. 

      Después,  hace una cita preciosa de Rubén Darío. 

      Y a continuación el Prólogo, muy oportuno y realista en su exposición, magistralmente escrito como corresponde a la experiencia de su autor, D. Antonio Luis Galiano Pérez, Doctor en Historia, Ingeniero Técnico,  y Cronista Oficial de la ciudad de Orihuela; además de un gran conocedor de la vida y obra de Ramón Sijé. 

      Antes de entrar en materia, su autor hace un “INTROITO”, lo pone así, en latín, pues no en vano es un experto en esta lengua que es paradigma de la cultura. En esa entrada, explica muy sucintamente quién era Ramón Sijé. 

      Y en este volumen habla su autor de la Orbajosa de Galdós, Vetusta de Clarín, Oleza de Gabriel Miró… y del río Segral, del Seminario, de la sierra de la Muela y de tantas y tantas cosas de nuestra ciudad. Tampoco pasa por alto las cosas sencillas, como la típica “vuelta a los puentes” cuando Julio recuerda siendo un niño, acostado en la casa de su abuela de la calle Mayor, escuchaba en los veranos a balcón abierto las conversaciones de los noctámbulos que, sin prisas, se paraban para poner énfasis en sus exposiciones, y hablaban de todo, de “lo divino y de lo humano”… Y nombra a infinidad de personajes oriolanos, como es natural a Miguel Hernández, amigo entrañable de Ramón Sijé, al que dedicó su famosa Elegía al morir éste tan prematuramente, “como el rayo”. Y recuerda a Carlos Fenoll,  cuya hermana menor era la panadera Josefina Fenoll Felices, novia a la sazón de Ramón Sijé. Y como en Orihuela o estamos emparentados o nos conocemos todos, hago aquí un inciso para evocar a Carlos Fenoll,  pues el que les habla, fue vecino suyo en la calle del Horno, donde en las calurosas tardes del estío oriolano gustaba,  sentado en la puerta de su casa de planta baja,  recitarnos poemas a los chiquillos que andábamos por allí. Su esposa Asunción Ávila, mujer bien parecida y refinada, de tez blanca y cabello azabache,  la recuerdo siempre muy bien peinada con moño en la nuca; era muy simpática, congenió mucho con mi madre y se hicieron ambas muy buenas amigas;  como también eran sus hijos Antoñito y Carlines mis compañeros de juegos infantiles hasta que partieron todos hacia Barcelona en busca de un futuro mejor. 

     Y Julio recuerda la glorieta de su niñez, aquella glorieta más vegetal, de suelo “terruñero”, dice él, que regaban por las tardes, donde jugaba al escondite y a las bolas entre la tupida arboleda de magnolios, el olor a jazmín y azahar,  y aquel busto de Gabriel Miró que todavía no alcanzaba a comprender […] 

      El autor también hace mención a un personaje que tuve el honor de tratar: José Torres López, esposo de María Dolores, hermana de Ramón Sijé. Pepe Torres, dirigía a un reducido grupo de jóvenes, entre los que nos encontrábamos mi buen amigo Manuel Roberto Leonís y el que les habla, en los relatos radiofónicos que ponía en antena la antigua Radio Orihuela de la calle Mayor—así lo hago constar en mi libro “Orihuela, dulce pueblo”—. En lo que yo recuerdo de Pepe Torres, era un hombre de estatura no muy alta, grueso, de poblado bigote y afable en el trato; amaba la cultura y disfrutaba en los programas radiofónicos en los que participaba. 

     Y Julio Calvet que hace un amplio recorrido por infinidad de personajes oriolanos y foráneos, se detiene en uno que, aunque no de nuestra tierra, sí muy vinculado a ella. Se trata del escultor murciano José Seiquer Zanón, del cual hace una remembranza muy breve de su vida y obra, aclarando que su  afinidad con nuestra Orihuela le viene, o es consecuencia de su matrimonio con María Lucas Parra, de conocida familia oriolana, y también por la bellísima imagen que esculpió del Cristo Yacente, realizada en madera policromada para la procesión que se lleva a cabo el Sábado Santo,  y cuya escultura que acabó en 1942, recibió el premio Salzillo en enero del año siguiente. Este insigne escultor, realizó igualmente el busto de Gabriel Miró que hoy se exhibe en la glorieta de su mismo nombre,  adjudicado a él de entre varios escultores levantinos por un concurso público que organizó el Comité Ejecutivo Pro-Homenaje a Gabriel Miró, integrado por: José María Olmedo, José María Pina Brotóns, José María Ballesteros, Ramón Sijé, Augusto Pescador y Miguel Hernández. 

        Julio Calvet comenta en su libro el tremendo esfuerzo intelectual que tuvo que realizar Ramón Sijé en su ensayo “La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas”, y dice que esta obra contiene el pensamiento fundamental de la estética sijeniana, con este trabajo Ramón Sijé se presentó al Concurso Nacional de Literatura de 1935, no tuvo suerte—dice Julio—a pesar del gran esfuerzo desplegado. Según otros escritos, al parecer, no se atenía a las bases del concurso y por tanto no se tuvo en cuenta. De todas maneras, yo añadiría que en la mayoría de los premios literarios casi nunca ganan los mejores. 

       Y nuestro autor, cuando va llegando el final de su libro, con la elegancia propia en él, casi se disculpa por no haberse referido más al gran poeta oriolano, español y universal Miguel Hernández, diciendo que sólo ha pretendido recoger una semblanza de Ramón Sijé a través de quienes le conocieron. Y matiza: “Decir que Miguel Hernández y Ramón Sijé fueron amigos fraternos, que fueron compañeros ‘del alma’, es algo fuera de cuestión, y por encima de todo”. 

       Y él mismo imaginó un posible reencuentro de haber sucedido las cosas de otra manera, y en el año 1992, en la Revista “Oleza” que dirigía Joaquín Ezcurra Gilabert—permítanme hacer aquí un paréntesis para añorar a este gran oriolano que nos ha dejado, también prematuramente. Nuestro recuerdo y oración para él—. En el número dedicado a las fiestas de Navidad, publicó un poema-prosa que reproduce acabando así la semblanza de Ramón Sijé junto a Miguel Hernández… y comienza de esta manera: 

Escoltado de cardos y piteras, me allego a ti  

cansado en el camino, ronco de lodo y perdido del tiempo y del sentido. 

Busco en el norte de mi frente, allá en lo lejos, un picudo 

campanario de colores morenos y bruñidos 

como ágil veleta del fin de los caminos. […] 

       Cierra el libro con un párrafo que dice: “Finalicé de escribir esta semblanza, como homenaje y recuerdo de Ramón Sijé, de sus amigos, y de Miguel Hernández, en la Nochebuena del año 2008. A los 73 años de la muerte de José Marín Gutiérrez, Ramón Sijé “. 

       El libro va ilustrado en su interior con dibujos de Ruperto Gutiérrez y Almela Costa. La fotografía de la portada es una panorámica de la Cruz de la Muela con una esbelta palmera en primer plano, todo sobre un precioso cielo azul, cuyo autor es Gaspar Poveda Grau,  y la fotografía de contraportada corresponde al patio y huerto de la Casa-Museo de Miguel Hernández, en una florida tarde de primavera, siendo su autor el que les habla. 

       En la última página hay una nota que reza así: “Este libro compuesto de 500 ejemplares, se acabó de imprimir en los talleres de Imprenta Gamma el día 4 de julio de 2009, festividad de Santa Isabel de Portugal, bajo el cuidado de Antonio Colomina Riquelme”. 

        Estoy seguro que van a disfrutar con la lectura de esta obra, y lo que es más importante, van a disponer en su biblioteca de un documento muy valioso de consulta a la hora de querer profundizar en los temas oriolanos en general, y en particular de los hernandianos. 

        Antes de acabar mis palabras deseo agradecer a Ramón Fernández Palmeral,  pintor, investigador hernandiano y director del portal “Miguel Hernández, multimedia centenario”, esta fotografía de Ramón Sijé que corresponde a un óleo pintado por él para conmemorar el 70 º aniversario de su muerte. 

         Igualmente, saludar desde aquí a nuestro buen amigo Tirso Marin, ilustre periodista y escritor alicantino, que ha tenido a bien desplazarse para acompañarnos en estos momentos. 

          Y, por supuesto,  agradecerles a todos ustedes su asistencia y atención. 

Muchas gracias 

***

 

 

 

PRESENTACION DEL LIBRO DE RELATOS

"LECTORES COMPULSIVOS"

Autor de la obra: RAMÓN BASCUÑANA

Presentación:  ANTONIO G. COLOMINA RIQUELME

Ateneo Cultural Casino Orcelitano 

25 octubre (martes) 20:15 horas Orihuela. 2011

 

Buenas noches señoras y señores:

Nos encontramos en este bello salón Imperio del histórico y emblemático Ateneo Cultural Casino Orcelitano, para presentar una obra literaria y a su autor. La obra lleva por título "Lectores Compulsivos". Su autor Manuel Ramón Moya Bascuñana, firma con su nombre literario de Ramón Bascuñana. Este evento ha sido patrocinado por la Honorífica Orden de San Antón de la Ciudad de Orihuela con la colaboración de la Caja Rural Central y del Ateneo Cultural Casino Orcelitano. A las tres instituciones agradecemos su contribución a la celebración de este acontecimiento cultural.

No estamos ante un libro más de narrativa, ni ante un autor desconocido al que hay que resaltar sus cualidades. Nos hallamos ante un excelente libro de relatos y un maestro, sí, un maestro de la pluma, o del teclado del ordenador, su trayectoria y los numerosos galardones recibidos así lo atestiguan. Como comienza el texto de contraportada del libro. "Es raro que un poeta escriba cuentos y aún más raro que un buen poeta escriba cuentos buenos, Ramón Bascuñana es uno de estos últimos, raros casos".

Si alguna dificultad he encontrado a la hora de redactar estas líneas ha sido el modo de poder leer posteriormente el currículum literario de nuestro personaje sin llegar a restarle tiempo al libro en cuestión, pero he llegado a la conclusión de que sería injusto pasar por alto la fecunda relación de premios poéticos y de narrativa recibidos con toda justicia por nuestro autor, aunque para ello deba tomarle algo de tiempo a la obra que presentamos hoy.

Ramón Bascuñana, aunque oriolano de toda la vida, nació circunstancialmente en Alicante en 1963. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Murcia. Narrador y poeta. Ha obtenido numerosos premios en ambos géneros, Ha publicado una docena de poemarios y sus relatos se encuentran dispersos en diferentes antologías. Fue incluido en la antología poética "Al aire vivo" (2001) editorial Desierto, México. Colabora en diversas revistas literarias: Empireuma, Papers de Versalia, Ex Libris, Lunas de papel y Piedra de AA o lin o.

Tiene publicados los poemarios: Hasta ya no más nunca; Los deseos impuros; Quedan las palabras; Tal vez como si nunca; Los días del tiempo; Liturgia de la profanación; Retrato de poeta con familia al fondo; Ángel de luz caído; Vera efigies; Las avenidas de la muerte; impostura; La piel del alma; Donde nunca ya nadie; El destino del hombre; El gesto del escriba !Antología); Antiguo protocolo de la muerte; y el libro que presentamos hoy Lectores compulsivos. En una publicación colectiva tiene el título, Al aire vivo (Antología poesía).

Su lista de premios, a pesar de su juventud, es sorprendente. - Premios.

XIV Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández. Corno él mismo describe, este premio es el sillar de su carrera literaria. Premio de Poesía Ciudad de Arnedo. Premio de cuentos Villa de Guardamar. - Premio de poesía "Esperanza Spínola". - Premio de poesía "Real sitio y villa de Aranjuez". - Cuentos Infantiles "Tertulia Goya"(Santander). Premio de poesía Hispanoamericano "Juan Ramón Jiménez". - Premio Internacional de poesía Ciudad de Ponferrada. Premio de poesía "Julio Tovar", Santa Cruz de Tenerife. Premio de poesía "Dulce Chacón". Premio de Cuentos "Helenides de Salamina". (Casar de Cáceres). - Premio de poesía "Flor de Jara". - I Premio Certamen Cuentos "Santoña, la mar". Premio de Cuentos Ciudad de Elda. - Premio de Cuentos Villa de Almoradí. - Premio de poesía "Marco Fabio Quintiliano". - Premio Internacional de cuentos "Guardo" - I Premio internacional poesía "Carmen Montero Medina". Y muchos otros que por no extenderme más no son enumerados aquí.

HA SIDO JURADO EN VARIOS CERTÁMENES

Prejurado del "Premio Nacional de Miguel Hernández".Jurado en el Certamen de Cuentos de Benferri y en el de poesía de la ciudad. Jurado en otros tantos, como en el "Esperanza Espínola", de Lanzarote.

Su calidad como poeta y narrador no sólo lo demuestran sus muchos premios y publicaciones. A quien le guste la lectura le recomendamos que se introduzca en este libro de cuentos que contiene 19 relatos de temática tan variada como la vida misma.

Comienza el volumen con un escrito a modo de prólogo firmado por Luis T. Bonmatí, director de la editorial Agua Clara y escritor de reconocido prestigio, distinguido con varios galardones literarios, entre ellos destacan el "Gabriel Sijé" de narrativa breve y el "Ignacio Aldecoa" de relatos. Esta introducción la titula "Secretos y verdaderas mentiras". En él, nos describe su relación personal con el autor y los criterios que siguió para seleccionar de, entre 400 páginas, los 19 relatos que integran su obra.

El primer cuento o relato —prefiero decir relato porque cuento me suena a niño o a engaño—, lleva por título "El club de las lectoras compulsivas". Comienza con una cita del premio Nobel Camilo José Cela. Un grupo de mujeres se reúnen para contarse las mentiras que leen, en definitiva, la única verdad de sus vidas.

"Balada de todos los naufragios". Inicia el relato con una cita de Henry Morgan y Javier Cánaves. En una población del interior, un niño escucha maravillado a un anciano cuyas historias le cambiarán la vida. Una vida que no se parecerá en nada a la de un hombre cuyas manos ha perdido de una manera salvaje e injusta, un hombre que es felicitado por las altas autoridades de la nación por su sacrificio, a su cargo, esposa y dos hijos, pero cuando tiene que tramitar la documentación para percibir una pensión del Estado da conun deshumanizado funcionario. Nada que ver con la vida del señor Lewinski. Un hombre de mediana edad, abandonado por su esposa que tiene a su cargo a Laura, su pequeña hija, Lewinski contrata a Olga, una canguro, para poder ir al cine, pero decide no hacerlo... Son formas y modos de comunicarse entre personas de distinto sexo. Otros, como aquel escritor solitario, sin éxito ni dinero que entra un viernes por la noche al Athos Bar deseando encontrar compañía femenina. Dos mujeres solas, al verle aburrido durante mucho tiempo en la barra del bar mirando fijamente a la única caña de cerveza que puede pagar, le invitan a sentarse con ellas en su mesa...

De este escritor solitario sin éxito ni dinero pasamos a la historia de Alvarito, así se llama el niño de este relato —en él veo más que en ningún otro a Ramón—, me encanta cuando narra esplendor y la decrepitud de la carne, el presente y el futuro, lo que somos y lo que seremos". Inercia. Por apatía, por dejarse llevar de la comodidad, por no afrontar la realidad, una pareja que se conocen desde la más tierna infancia deciden contraer matrimonio, tienen hijos igualmente por inercia y, claro, lo que no se tiene el valor de terminar se convierte en una vida insulsa con un resultado infeliz.

Un escritor, separado de su esposa, vive en la casa de sus padres, un amigo que tiene un inmueble al lado, pero que reside en Berlín, le deja las llaves de su vivienda para que la venda y se gane él la comisión. Y con esta historia pasamos al Sur de España donde Larsen, portero de un bloque de apartamentos con piscina de la costa, cuyo trabajo consistía en la limpieza, mantenimiento y control de todo el complejo, perdió a Loreto, su pareja, que falleció, pero una mañana mientras regaba el césped, vio por primera vez a Gini, la vecina del 5° B., venía de hacer la compra cargada con varias bolsas, Larsen se brinda a ayudarle...

Alguien necesita hacer un traslado, precisa varias cajas, este relato comienza con una cita de K.O. Dahl y otra de Ángel Guinda. Esta última dice así: "Y cuando mueren los introducen también en una caja. Todo está hecho para que encajemos. Nos encajan en la vida. Algunos no encajamos y nos desencajamos".

Pero existen hombres que, aunque ellos dicen que tienen problemas con las mujeres porque son unos románticos, yo no diría tanto. Este nuevo relato que encabeza una cita de Cristina Peri Rossi. El personaje protagonista de este relato narra sus problemas con las mujeres. Él dice que lo que cuenta lo hace empujado por los muchos años de experiencia enamorándose de españolas, francesas, entre en este relato, se dará cuenta hasta dónde puede llegar la imaginación de Ramón Bascuñana. Y de este original relato nos sitúa su autor en la playa de Los Locos donde, Reina, una mujer todavía joven que tras sufrir una tragedia en su noche de bodas, se queda a vivir en un pequeño ático frente al mar, encuentra trabajo en una tienda 24 horas y pasa los días tratando de verle sentido a su vida. Y nos describe cómo pasa los veranos sin vacaciones, o la época de temporada baja, o los amantes de la luna llena, y el desenlace final leyendo una dramática carta de su amado. Pero nunca es tarde para encontrar la felicidad... su nombre será Marina y coexistirá como una hija del mar. Pero hay vidas y vidas, como la de una pareja cuya relación, si no tortuosa sí discrepante, tratan de convivir con sus discusiones diarias; pero se marcan un límite para no llegar a extremos. Después llegará la reconciliación... O aquel hombre cuarentón sin empleo que reside con su pareja en una comunidad numerosa de vecinos donde, Hanna, la portera del edificio que es inmigrante, con su chapurreado español, aprovecha las largas esperas de los vecinos ante el parsimonioso ascensor para chismorrear con ellos. Y es que la vida está llena de misterios, ese es el caso de Los Newton que se marchan de vacaciones y le dejan las llaves de su chalé a un vecino escritor de cuentos para que le cuide las plantas y se lo vigile en su ausencia. Pasan los meses y los Newton no regresan de sus vacaciones ni dan señales de vida...

"Los desnudos y los muertos". En este relato, el narrador pronuncia una frase que me detengo en ella, dice así: "Realmente se está bien aquí, en la tumbona de Cetina — Celina es su pareja— bajo la sombra protectora de la sombrilla, releyendo los desnudos y los muertos' y, de vez en cuando, echando un vistazo a los cuerpos de los alrededores. Contemplando cómo, en unos pocos metros, se codean el algo que, los que peinamos canas, recordaremos: "Como no podía escarbar ese agujero donde esconderse, Alvarito Delgado se refugiaba en la penumbra húmeda de la vieja biblioteca pública, situada en un antiguo palacio de portada barroca y salones estrechos y altos. Allí, una vez superada la mirada estrábico y escrutadora de la bibliotecaria y la lenta agonía que suponía que le sirviese el libro que le había solicitado rellenando la ficha, pues ella tardaba una eternidad en encontrar en las estanterías cuidadosamente cerradas con llaves y puertas de cristal, el ejemplar que Alvarito tenía perfectamente localizado, se sentaba en una de las últimas mesas, cerca de un ventanal de cristales sucios y, a la luz ambarina del recuerdo, se le iban las horas leyendo..."; dice en otro pasaje que "únicamente la literatura aliviaba su melancolía".

Claro que nada que ver con la historia de "Los Wilson". Un matrimonio extranjero de buen porte con dos hijos entran en una tienda de muebles y ocurren los hechos más insólitos y extravagantes que nadie pueda imaginar. Cuando el lectoritalianas, suecas, inglesas y americanas. Además tiene a Ingrid que debe ser su preferida... Y la vida sigue con su diversidad, así una mujer de mediana edad, cuyo marido ha perdido hace un año de una penosa y larga enfermedad, se dirige al supermercado con la lista de la compra. La Navidad está cerca, sus hijas no podrán estar con ella en esas señaladas fechas. Mientras va cogiendo los artículos que necesita, se sumerge en una profunda reflexión que la lleva al abatimiento.

"El arte del olvido". Es el último relato del libro. Tras una cita de Jorge Luis Borges, esta narración trata de Ana Francastel, una señora de 70 años muy bien llevados que olvida su nombre de pila a base de no oírselo decir a su marido Pierre en los 40 años de casados...

Como finaliza el texto de contraportada, en realidad estos cuentos no tratan de otros cuentos, libros y literatura. En realidad, lo que cuentan son unas vidas, la vida.

En los 19 cuentos o relatos que contiene este libro, se vislumbra la pasión que siente el autor por la lectura, y, por supuesto, la vasta cultura que posee.

En la última página viene una serie larga de dedicatorias. El volumen contiene 209 páginas y una edición muy cuidada que ha realizado Editorial Agua Clara S.L., en coedición con el Instituto Alicantino de Cultura "Juan Gil Albert. Impreso por Kadmos (Salamanca). 'Pe4-&mece 4 4 ebeecciánl "i41”-t-ref AleAevA AiavY4-k ", Antes de finalizar mi intervención, deseo expresar mi gratitud al autor, Ramón Bascuñana, así como a las instituciones que han llevado a cabo este evento por haberme confiado la presentación de este magnífico libro. Gracias a ello he tenido la oportunidad de leerlo detenidamente y les puedo asegurar que ha sido un verdadero placer. Ramón Bascuñana con su gran sensibilidad, conoce como nadie la esencia del ser humano y lo plasma en sus relatos con gran maestría. Mi felicitación para él. Y ahora les dejo con D. Antonio Luís Galiano Pérez que dará lectura al relato n° 3 titulado "El hombre sin manos".

Muchas gracias a todos por su atención.

***

 

 

 

"ABRIENDO PUERTAS…. POR AMOR AL ARTE"

(Libro antológico del Liceo Poético de Benidorm)

Presentador: Antonio G. Colomina Riquelme

Copresentador: Manuel R. Leonís Ruiz

 

 

 

 

PRESENTACIÓN DE: ANTONIO G. COLOMINA RIQUELME

 

Buenas noches. Cuándo hace escasamente un mes me propuso Julio Pavanetti, presidente del Liceo Poético de Benidorm, presentar en Orihuela el libro titulado ABRIENDO PUERTAS… POR AMOR AL ARTE, mi primera reacción fue una mezcla de perplejidad y satisfacción. Perplegidad porque apenas nos conocíamos, tan solo habíamos cruzado algunos mensajes por correo electrónico. Satisfacción por tres motivos: primero por la confianza que había depositado en mi persona. Segundo, por tratarse de una obra poética de primera magnitud. Tercero por presentarse esta magnífica antología poética en la ciudad que me vio nacer, mi Orihuela del alma; que es historia y arte por los cuatro puntos cardinales. Tierra de grandes escritores y poetas. Pueblo que sirvió de cuna al más universal de todos sus hijos, el poeta cabrero, el orgullo de todos los oriolanos, Miguel Hernández Gilabert, Pero también es cierto que, si bien me halaga realizar esta presentación, igualmente me abrumaba su responsabilidad, el libro que tenemos en las manos, está escrito por 17 poetas de gran prestigio y de una enorme preparación; por ello, no dudé en recabar la colaboración para llevar a cabo esta tarea, de otro gran poeta y amigo entrañable, Manuel Roberto Leonís que, sin dudarlo un instante, aceptó compartir conmigo la responsabilidad de estar ante ustedes. Tanto a Julio Pavanetti, como a Manuel Roberto Leonís, mi agradecimiento más sincero por su comprensión y confianza depositadas en mi persona.

Entrando ya de lleno a hablarles del motivo que hoy nos ha reunido aquí, deseo decirles que, cuando tuve este libro en las manos, lo primero que me llamó poderosamente la atención fue el sugerente título que tiene, por ello, me gustaría detenerme un poco en él. ABRIENDO PUERTAS… POR AMOR AL ARTE. La primera parte del título abre puertas, ¿a quién?... No cabe duda que a los poetas que escriben en su interior, pero yo añadiría que también abre puertas, ventanas y murallas a todo cuanto de bello tiene el Universo. Nada mejor que la poesía para describir las bondades de la vida: el amor, la naturaleza, la Luna y las estrellas, los verdes prados y todo cuanto nos rodea. Sí, abre puertas, ventanas y murallas, porque a la imaginación y a los sentimientos es imposible encerrarlos. La segunda parte del título: …POR AMOR AL ARTE. Siempre se ha dicho esa famosa frase: “Yo no voy a trabajar por amor al arte”. El poeta, y la inmensa mayoría de los escritores, sí trabajan por amor al arte, porque la poesía nace en el corazón del poeta, la eleva a su cerebro, y éste, da orden a su mano para que la plasme en el papel, desde ese momento, está servido el plato que a de alimentar el alma del lector. Por eso el poeta no pone precio a su trabajo, lo hace como dice la segunda parte del título: “…POR AMOR AL ARTE, porque todo lo que sale de lo más profundo del ser humano es portador de la chispa divina, y lo que viene de Dios no se puede tasar. ¿Acaso sabemos cuánto dinero vale el mar? ¿Tenemos idea del precio del firmamento en una noche estrellada? ¿Cuánto valdría el aire que respiramos? […]

Este poemario colectivo que hoy presentamos es muy rico en su contenido, está magníficamente prologado por Joan Gonper, que hace una semblanza de su relación con Benidorm, y su satisfacción por la existencia en esa ciudad del Liceo Poético. Lleva en su interior la diversidad de 17 formas distintas de sentir la poesía, es, en mi opinión, una joya que debemos poseer, todos los que, de alguna manera, queremos ver el mundo con ojos limpios, este mundo que, dentro del torbellino de egoísmos y de maldades que nos envuelve, encontramos siempre un remanso de paz, algo que nos hace siempre tener fe en el futuro del hombre, porque siempre habrá un libro en nuestras manos que nos ayudará a encontrar un poco de esa felicidad que tanto añoramos. En ABRIENDO PUERTAS… POR AMOR AL ARTE, tienen la ocasión de comprobar todo cuanto les digo, en una lectura sin prisas, (la poesía es enemiga de las prisas), en un rincón tranquilo de sus hogares, les llevará este poemario colectivo a sentir y a gozar de la mano de su autores, 12 mujeres y 5 hombres, todos con un historial literario muy importante y muchas publicaciones en sus bagajes. El Liceo Poético de Benidorm, que agrupa a un significativo número de poetas residentes en aquella localidad, y en distintos puntos de la geografía española, e incluso, de Latinoamérica, da veraz testimonio de que el poeta se inspira allá donde se encuentre. En una ciudad como Baenidorm, donde parece que todo es frivolidad, también existen personas que saben ver, sentir, escribir y hasta emocionarse con un buen poema. Mi enhorabuena por esta obra literaria al Liceo Poético de Benidorm, en la persona de su presidente Julio Pavanetti, a las autoras y autores, a la Editorial Celya, y a los ayuntamientos de Benidorm y de Finestrat por su colaboración y sensibilidad ante la voz de la cultura. También mi reconocimiento al Ayuntamiento de Orihuela por su aportación al arte con esta magnífica Sala-Museo “San Juan de Dios”.

Muchas gracias.

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Aspecto general de la presentación del libro "Un cuento para la Navidad" en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Alicante,

En la mesa, de izquierda a derecha, Antonio G. Colomina, presentador del evento, Julio Calvet, autor de la obra, la niña Pilar Albert Calvet y 

José Antonio López, gerente de ECU.

 

 

Título de la obra: UN CUENTO PARA LA NAVIDAD

Autor: Julio Calvet Botella

Presentación: Antonio G. Colomina Riquelme

 

 

Buenas noches señoras y señores, amigos todos:
 
      Una vez más, mi gran amigo don Julio Calvet Botella  ha tenido la gentileza de invitarme a presentar una de sus obras literarias. Es para mí un gran honor y le agradezco de todo corazón la confianza que deposita en mi persona.
      Es para todos sobradamente conocida la brillante trayectoria profesional de don Julio, siendo conocedor de la modestia que adorna su marcada personalidad, me van a disculpar si omito extenderme en datos biográficos. Pero sí deseo aprovechar esta ocasión para felicitarle públicamente por la importante condecoración que ha recibido recientemente: La Cruz de San Raimundo de Peñafort, honor que se concede para premiar los relevantes méritos contraídos en la Administración de Justicia y en su cultivo y aplicación del estudio del Derecho en todas sus ramas, así como los servicios prestados sin nota desfavorable en las actividades jurídicas dependientes del Ministerio de Justicia. Distinción que le fue impuesta el pasado 17 de noviembre por el Sr. ministro de justicia.
      Ahora sí me gustaría hacer un pequeño recorrido por su gran pasión: la literatura.
    Aunque siempre ha sido un gran lector, y amante de los libros, también ha publicado trabajos relacionados con su profesión, debo destacar los cinco estudios literarios que posee en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes de la Universidad de Alicante, sirviendo de valioso texto de consulta para estudiantes de Derecho. Igualmente, es colaborador habitual en la prestigiosa revista Oleza, que dirige nuestro común amigo Antonio Luis Galiano Pérez, y que ve la luz siempre en el tiempo litúrgico de cuaresma en nuestra querida Ciudad de Orihuela. Además, colabora con sus trabajos habitualmente en la revista de las fiestas de la Reconquista (Moros y Cristianos), también de Orihuela, Igualmente, han solicitado en varias ocasiones su cooperación para revistas literarias como Numen o Amanecer. Sus relatos son habituales en los libros anuales que publica la Editorial Club Universitario con el título genérico de “Relatos Urbanos”.
     A nivel individual ha publicado varios libros en papel y e-book editados por ECU con los títulos siguientes: Ramón Sijé, Semblanza;  Don Trinitario Ruiz y Capdepón. (Resumen de una ilustre existencia); Cuéntame un cuento abuelo; El proceso de Jesús; Versos del mar y otras soledades; Miscelánea en el otoño;  y ahora nos sorprende con este regalo navideño que lleva por título Un cuento para la Navidad.
    Las fiestas navideñas nos traen a todos entrañables recuerdos de cuando éramos niños: de la Nochebuena en familia, de las deliciosas comidas que elaboraban las prodigiosas manos de nuestras madres, de los dulces, de los aguinaldos, de los juguetes por reyes… Todo quedó atrás, pero ahora nos toca a nosotros hacer con nuestros descendientes lo mismo que hicieron nuestros ancestros. De otra manera, pero al fin y al cabo siempre es, y será, lo mismo: La celebración de la Navidad. Por eso este libro, contiene un regalo al comienzo, y dice así: “Va dedicado A MIS  NIETAS PILAR, INES Y BEGOÑA ALBERT CALVET”, y Julio, en su generosidad, añade: “…Y A TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO”.
    El Prólogo, que he tenido el honor de realizar, muy reducido para no desentrañar el contenido del cuento, sin embargo existe un párrafo que me gustaría reproducir en este momento, dice así: “El libro consta de varios apartados donde Julio Calvet desarrolla una historia llena de escenas afectivas, siempre sucediendo en Nochebuena y Navidad. Julio Calvet Botella en UN CUENTO PARA LA NAVIDAD, no trata de imitar el estilo de Charles Dickens, ni de los Hermanos Grimm,  con sus clásicos personajes, sitúa a los protagonistas en un entorno actual, en un relato que, bien podría suceder en estos convulsos tiempos que nos ha tocado vivir. Julio Calvet, en algunos momentos expone  magistralmente sus conocimientos jurídicos y, sobre todo, aflora en el autor su mente limpia y ese alma de niño que todos llevamos dentro de nuestro ser”. 
    Como introito, hace referencia Julio Calvet a un precioso poema de José Luis Vallejo Marchite en “Memorial de espuma”, y lo describe como “La primera vez que María faja al Niño”.
    A continuación, y antes de comenzar el cuento propiamente dicho, nos narra el autor un precioso preámbulo que denomina Belén. En el que nos describe magistralmente cómo ve él la primera Nochebuena.
     Y entramos ya en el cuento que contiene siete partes, denominadas: UNA NIÑA; UN ENFERMERO;  UN DOCTOR; NAVIDAD; LUISA; PAPA Y MAMA; LA NOCHEBUENA SE VIENE. Y cierra con un COLOFÓN  donde realiza un entrañable comentario familiar en los prolegómenos de la comida de Navidad.
   El libro está editado con mucho esmero, como nos tiene acostumbrados nuestro editor y amigo José Antonio López Vizcaíno, gerente de la Editorial Club Universitario (ECU). 
   En la portada, una composición muy original navideña, con fotografía del artista alcoyano Paco Miró.
    La solapa delantera presenta una fotografía del escritor realizado por Andrés Martínez López—Puigcerver, con una breve reseña biográfica del autor.
     En su interior, una artística fotografía de Julio Calvet, portando en sus manos un voluminoso libro abierto, que deduzco de Derecho, y sobre él, sus gafas. El autor de dicha fotografía es igualmente el mencionado anteriormente Andrés Martínez López—Puigcerver.
     En la contra solapa, la portada de dos libros: Miscelánea en el Otoño, y Orihuela en mis artículos, este último, es del autor que les habla, por lo que mi agradecimiento hacia Julio es mayor, si cabe.
  La contraportada contiene una cita, preciosa del autor donde, entre otras cosas dice: “Esta es la historia del encuentro en una Nochebuena de dos seres en desamparo, se puede nacer una y más veces. La vida es un continuo nacimiento. Sobre todo en la Navidad”.
 
   Espero y deseo que disfruten de este interesante relato, cargado de ternura y de amor hacia los demás, y si lo hacen en fechas navideñas, les ayudará a comprender mejor el mensaje que nos dio aquél Niño que nació en Belén y que protagonizó la historia más grande jamás contada.
   Muchas gracias.
 
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