ARTÍCULOS Y RELATOS DE ÍNDOLE RELIGIOSO

 

 

 

AYER TUVE UN SUEÑO

 

A mis familiares, amigos y paisanos que ya nos dejaron

 

Era un 8 de septiembre, amaneció un día radiante, caluroso, con ese bochorno septembrino-oriolano que parece faltar la respiración. Orihuelatenía su característico color y olor a fiesta. Las campanas revoloteaban con su típico tañido, unas con sonidos graves, otros agudos, todas anunciaban a los cuatro vientos la festividad de la Patrona de Orihuela, Ntra. Sra. de Monserrate.

¡Qué alegría tan grande experimenté!, al salir a la calle comencé a ver a mis paisanos que ya regresaron de las playas luciendo su “moreno torrevejense”en sus rostros. ¡Ya estamos todos! —pensé—. Me diuna vuelta por los puentes haciendo una incursión en la glorieta. Todo estaba en orden, el día se presentaba hermoso… Llegó la tarde y el calor era insoportable.

Todo por mi Virgen de Monserrate —susurré—. Me coloqué mi mejor traje y me dispuse a participar en la procesión. El recorrido habitual, los fieles oriolanos formando largas hileras a ambos lados de las callescon sus velas encendidas acompañábamos a nuestra Virgen. La Unión Lírica Orcelitana ponía la parte musical… Todo igual, nada había cambiado desde tiempo inmemorial. Una vez cumplida con mi obligación de creyente oriolano, me marché a toda prisa a casa a ponerme algo más fresco, se había echado ya la noche y me dispuse

a dar una vuelta por la carretera del Seminario. Sin prisas, disfrutando de la típica noche oriolana que cantara nuestro inolvidable Pepe Baldó, fui a desembocaren la “rejullaera”, situada junto a la Cueva del

Tío Paco. Ese lugar es el preferido por mí cuando busco tranquilidad, es un paraje privilegiado, un balcón natural desde donde se divisa casi toda la ciudad y algunas pedanías oriolanas. A lo lejos se divisaban los cohetes que anunciaban las fiestas patronales de Hurchillo.

Ese enclave tiene otra ventaja, cuando no se mueve ni una brizna en toda Orihuela, allí puede correr alguna brisa impregnada de ese aroma inconfundible que emana de la huerta.

El cansancio ya hacía mella en mi cuerpo, me recosté sobre la sierra y me puse a contemplar el firmamento. La bóveda celeste presentaba a mi vista miles de estrellas que brillaban con su intensa luz parpadeante, de pronto vi una que se destacaba de las demás, iba aproximándose y las otras formaban un círculo alrededor de ella.  Al fin, las estrellas que formaban el círculo se fueron abriendo de una en una, parecían rosas de las que emanaba una fulgurante luz con los colores del arco iris.  Del interior de cada una surgía esplendorosa una Virgen, de las muchas que tienen su conmemoración en España el 8 y el 9 de septiembre: Ntra. Sra. de los Llanos, Ntra. Sra. de la Vega, Ntra. Sra. de la Antigua, Ntra. Sra. de la Encina, Ntra. Sra. de la Cinta,

Ntra. Sra. de Covadonga, Ntra. Sra. del Pino,  Ntra. Sra. del Coro, Ntra. Sra. de Soterraña, Ntra. Sra. de San Lorenzo, Ntra. Sra. de la Victoria, Virgen de la Peña, Ntra. Sra. de Aránzazu,

Ntra. Sra. de la Balvanera,  Ntra. Sra. de Estíbaliz, Ntra. Sra. de Henar, Ntra. Sra. de la Fuensanta, Ntra. Sra. de Lluch, Ntra. Sra. de Nuria, Ntra. Sra. del Claustro, y tantas y tantas vírgenes

cuya advocación se celebra en ciudades de todo el orbe cristiano. El círculo de enormes rosas giraba en torno a la estrella central, al igual que lo hacen los electrones alrededor de los átomos. De pronto, comenzó la estrella  principal a abrirse formando pétalos, de su interior, sobre una nube blanca, fue resurgiendo esplendorosa Ntra. Sra. de Monserrate con su Niño en brazos y su precioso manto piramidal; rodeada de querubines que la miraban y cantaban alabanzas a la Madre de Dios. Una ingente marcha de alumbrantes precedían a la Virgen, encabezada

por miles de oriolanos entre los que pude distinguir a algunos amigos o conocidos: El padre Antonio Roda, iba ataviado con su mejor sotana, roquete de encaje blanco resplandeciente, bonete con borla roja. En su mano derecha, un cirio transparente del que salía un haz de luz rosa y azul, los colores de María Auxiliadora; en su mano izquierda, un rosario de oro.

Emilio Bregante, vestía su túnica de hermano ministro local de la Venerable Orden Tercera. En su mano derecha un cirio que proyectaba sobre los pies de la Virgen la luz morada de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Antonio Vicea, con su vesta de La Convocatoria, llevaba cogida de su mano derecha una vara de luz destellante, le cantaba a la Virgen con su inconfundible voz de barítono. Conchita Martínez Marín, vestida de mantilla de Los Dolores, en su mano derecha  un lirio, en la izquierda un poema dedicado a la Virgen.Pepe Rodríguez, dirigía un grupo de cantores entre los que pude divisar a Pepe Torres, Ramón Navarro, Guillermo Fabregat, Enrique Abad… Joaquín Ezcurra Alonso y Joaquín Ezcurra Gilabert, portando los atributos de la Honorífica Orden de San Antón. Antonio García-Molina Martínez, con su vara en la mano derecha y su vesta del Perdón. Y también con la misma indumentaria  iba Eladio Belda, Andrés Lacárcel y muchos más… Ramón Hernández, de azul y blanco de su Lavatorio. Luis Boné, vestido de emperador de la Centuria Romana, sobre una cuadriga de corceles blancos, daba escolta a la Virgen. Y miles y miles de oriolanos cuyos rostros no pude llegar a visualizar. Según se acercaban hacia mí, mi felicidad iba en aumento, me vino a la cabeza aquellas palabras que Pedro le dirigiera a Jesús en la Transfiguración: “Maestro, qué bien se está aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Yo también me hubiera quedado allí, recostado sobre la “rejullaera” de la Cueva del Tío Paco, pero el estruendo tan grandioso de los morteretes me despertó. Fue tan placentero mi sueño que me vi en la necesidad de liberar mi pecho de tanta emoción. Salió de mi boca un fuerte grito que retumbó en toda la peña: “¡¡Viva la Virgen de Monserrate!!”

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EL CENÁCULO,  NEXO ENTRE DIOS Y LA HUMANIDAD

(Relato inspirado en hechos evangélicos)

 

 

Era un día radiante, como corresponde al comienzo de la primavera. Jesús, con los doce, se dirigía desde Efraím —ciudad cercana al desierto, donde se había retirado con sus discípulos tras la resurrección de Lázaro— hasta Jerusalén, con el propósito de celebrar la Pascua. Pasaron por Betania, donde hicieron un alto para descansar en casa de Simón el leproso. El camino abrupto y polvoriento hizo que llegaran agotados hasta las puertas de Jerusalén. En un pequeño arroyo se asearon  pies y cabeza para entrar limpios en la ciudad. Juan, el discípulo amado, se dirigió a Jesús: —Maestro, ya hemos llegado a Jerusalén, todos tienen dónde comer la Pascua, pero nosotros estamos aquí como extranjeros, sin un lugar donde reposar… Entonces Jesús, dirigiéndose a Juan [el más joven] ], y a Pedro [el de más edad] les dijo: —Id y preparadnos la Pascua para que la comamos. (Lucas. 22, 8). Ellos le dijeron:  — ¿Dónde quieres que la preparemos? (Lucas. 22, 9). El Señor les indicó que entraran en la ciudad y siguieran a un hombre que portaba un cántaro, éste, les llevaría hasta la casa donde celebrarían la cena pascual.

Llegaron los dos apóstoles y vieron a un hombre que llevaba sobre su hombro un cántaro de agua, le siguieron, y al llegar a la casa le dijo Pedro al dueño: —El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos? (Marcos. 14, 14). Como les indicó Jesús, el dueño de la casa les mostró la estancia superior donde debían cenar la Pascua. La costumbre era ceder gratuitamente las casas, ya que en esa celebración estaba prohibido cobrar alquileres. Allí prepararon Pedro y Juan la cena, como era la tradición. Después de la puesta de sol llegó el Maestro con los diez discípulos y se reunieron formando  una "jaburá", (comunidad o grupo pascual). Ya se encontraba la mesa servida con todos los alimentos: cordero pascual, pan ázimo, hierbas amargas, legumbres,  vino y salsa haroset; (una mezcla de frutas, higos, dátiles, pasas, manzanas, almendras, especias y vinagre). Jesús tomó asiento y, junto a Él, sus apóstoles. El Señor, antes de comenzar, pidió al dueño de la casa una jofaina con agua y una toalla que se ciñó sobre la cintura, procediendo a lavar los pies de sus seguidores. Pedro se negó; toda vez que lavar los pies a los demás constituía el trabajo más degradante que se le exigía a un sirviente. Jesús le espetó: —Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, si no te lavo no tienes parte conmigo… (Juan, 13,7-8). Pedro le respondió: — Señor, no solo los pies sino hasta las manos y la cabeza… (Juan 13, 9).  Así acabó el Señor el lavatorio de los pies a los doce apóstoles. Tomaron todos de nuevo asiento en la mesa y, tras bendecirla el Maestro,  procedió a partir el pan ázimo con sus propias manos, pronunciando las palabras que convertirían el cenáculo en nexo entre Dios y toda la humanidad. —Tomad, comed, éste es mi cuerpo… (Mateo, 26, 26). Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: —Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados… (Mateo, 26, 27). La Institución de la Eucaristía es lo más importante realizado por Jesús. Es el centro de la fe y de la experiencia cristiana. Muchas enseñanzas dio Jesús a sus discípulos en aquella cena pascual, una de las principales:  —Os doy un mandamiento nuevo, que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos… (Juan 13, 34-35). Muy entrada ya la noche, el Señor pronunció la “hagadá” (homilía-explicación, o discurso de despedida), en la que se recordaba la salida de Egipto del pueblo de Israel hacia la tierra prometida que mana leche y miel. Llegada la hora y, tras el cántico de los himnos, se retiraron todos dirigiéndose al Huerto de los Olivos. La ciudad, a pesar de la avanzada hora, se encontraba llena de gente venidas de todas las ciudades, pues la Pascua solo se podía celebrar dentro de los muros de Jerusalén. Hasta aquí, un sucinto relato de la última Cena del Señor con sus apóstoles. Orihuela, que celebra el 70 Aniversario (1943-2013) de la creación de su “Cofradía de la Sagrada Institución de la Eucaristía, ‘Santa Cena’ y Ntra. Sra. de los Ángeles”, está presente en la Semana Santa oriolana y, con el níveo  de la Sagrada Forma, y el rojo de la Sangre de Cristo en sus vestas, dan testimonio de fe verdadera sus cofrades año tras año en las calles y plazas oriolanas.  El presente libro conmemorativo, sin lugar a duda, ha de servir de vínculo intergeneracional entre los oriolanos de hoy y del futuro, que seguirán custodiando y procesionando sus pasos de Enrique Galarza y García Quintero con el mismo entusiasmo y devoción que lo hicieran sus primeros hermanos cuando nació esta emblemática cofradía en el seno del Rabaloche, y sirvió de catequesis bajo la dirección de los frailes Capuchinos.

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LA SANTA CENA,  PRESENTE EN TODOS LOS HOGARES

 

 

Acepto encantado la amable invitación del presidente de la “Cofradía de la Sagrada Institución de la Eucaristía ‘Santa Cena’ y Ntra. Sra. de los Ángeles”,

así como del director del presente libro conmemorativo del 70 Aniversario (1943-2013) de la creación de esta emblemática hermandad, para colaborar

en la publicación que, estoy seguro, ha de servir como vínculo intergeneracional entre los oriolanos de hoy y del futuro.

El recuerdo más lejano que tengo de la Santa Cena, arranca de mi más tierna infancia. En mi casa, como en casi todos los hogares españoles, había un cuadro

de la Santa Cena en el comedor, el que colgaba en la pared de mi domicilio era una reproducción de la Última Cena de Leonardo da Vinci. Esta obra,

que tenía unas dimensiones bastante grandes, paraba justamente enfrente de mí cuando me sentaba a la mesa en el lugar que tenía asignado en todas las

comidas familiares que realicé durante mi estancia en la casa de mis padres.

Mientras comía, mi mirada se recreaba en aquellas controvertidas figuras que parecían polemizar sobre algún tema de especial importancia para ellos.

Nunca supe comprender bien el significado real de aquellas imágenes. Todos formando corrillos como sorprendidos por algo que ellos mismos no acertaban

a entender. Seguramente, el autor quiso plasmar en los apóstoles el momento en que Jesús les dijo que uno de ellos le vendería. Todos porfían abiertamente

menos Juan y Pedro que cuchichean con las caras muy juntas. Tomás levanta su dedo índice como queriendo decir “Maestro, si es uno el que te ha de vender,

di quién es”. Felipe se señala colocando su mano en el pecho como manifestando, “Señor, ¿acaso soy yo?” Judas, mientras tanto, aparece solitario, huraño,

asiendo con fuerza la bolsa de las treinta monedas que recibió por traicionar a Jesús. Mateo mira a Simón señalando con sus manos a Jesús y parece

querer decir, “¿has oído lo que ha dicho el Maestro?” Bartolomé desde un extremo de la mesa se incorpora sorprendido. Andrés muestra las palmas de sus

manos queriendo revelar que él no sabe nada de todo lo que se está dilucidando […] Todo un símbolo este cuadro de Leonardo da Vinci que quedó para siempre en mis retinas.

Después, otros estudiosos y eruditos han querido interpretar diferentes cosas más fantasiosas dentro de la obra del genial autor.

Ya de adolescente, tuve otra experiencia con la Santa Cena. Junto a mis amigos de juventud José Céspedes Moñino y Manuel Roberto Leonís Ruiz,

formamos, como en un juego de jóvenes inquietos, un trío vocal que denominamos “Orcelis”, con la única finalidad de divertirnos y participar en los programas

cara al público que se realizaban los sábados por la noche en la antigua emisora “La voz de Orihuela”, ubicada en aquella época en la calle Mayor. Rodolfo,

un amigo nuestro que residía en la Plaza del Marqués de Rafal y cuya familia tenía una estrecha amistad con algunos frailes capuchinos, nos grabó en una

cinta magnetofónica una canción y, en una visita que realizaron Fray Victor de Vinalesa y su primo Fray Olegario de Vinalesa a su casa, escucharon

la grabación y les agradó, mostrando interés en conocer personalmente a los jóvenes que habían puesto sus voces en aquella cinta.

Así, un domingo por la mañana nos dirigimos mis amigos y yo hasta el desaparecido convento de Capuchinos, donde nos esperaban aquellos dos

religiosos que eran buenos aficionados a la música y tocaban el piano con bastante destreza. Permanecimos ensayando bajo la dirección de Fray Víctor en aquél convento durante

algún tiempo. Pero la causa por la que relato todo lo anterior es porque, se da la circunstancia, de que por entonces, el paso de La Cena se custodiaba en el convento capuchino 

del barrio rabalochero. Cuando acabábamos los ensayos, Fray Olegario nos acompañaba hasta la puerta, no sin antes realizar una obligada visita al lugar donde

se encontraba el paso de La Santa Cena, con parada y catequesis ante la magnífica obra del escultor Enrique Galarza.

Aquellas trece figuras sentadas en torno a la mesa siempre eran cuidadosamente escrutadas por mí, buscándoles su sentido histórico y evangélico.

Otra experiencia que permanece en mi memoria por su grandeza y realce fue siendo el que les escribe apenas un niño. Era un Miércoles Santo, al

contrario de otras procesiones de la Semana Santa que las presenciaba con mis padres a la entrada de la calle Mayor, justamente en la puerta del

Banco Central, (local donde posteriormente se establecería Galerías Colón), este día, mi padre reservaba en la calle Arzobispo Loazes, a la altura de

la ferretería Penalva, algunas sillas para la familia ya que, mi hermano mayor Enrique, era cofrade del Lavatorio y esa noche queríamos verlo venir desde la hermosura de aquella calle.

Cuál fue mi sorpresa cuando, al ver aparecer el majestuoso paso de La Cena, observo cómo, al mismo tiempo que avanzaba, se abría mecánica y lentamente,

quedando la figura del Señor en el centro y seis apóstoles a cada uno de sus costados. Todo ello, con una megafonía en las que se escuchaban las palabras

eucarísticas acompañadas de una música de fondo que invitaba al recogimiento y a la oración. En muy pocas calles de la ciudad se podía presenciar este espectacular paso en todo 

su esplendor; ya que, al abrirse, ocupaba por su extensión gran parte de la calzada, y ésta, debía de ser muy amplia. Quizá por ese motivo es posible que aquella experiencia no

se volviera a repetir en años sucesivos. La “Cofradía de la Sagrada Institución de la Eucaristía ‘Santa Cena’ y Ntra. Sra. de los Ángeles” de Orihuela, cuyo paso principal simboliza el 

culmen y el centro de la fe de la experiencia cristiana, nos transporta a todos los que presenciamos la procesión del Miércoles y Viernes Santo hasta aquél cenáculo

en Jerusalén donde Jesús quiso quedarse para siempre entre nosotros a través de la eucaristía. Sus cofrades, que riegan todas las calles de la ciudad con el níveo

de la Sagrada Hostia y el rojo de la preciosa Sangre de Cristo, dan testimonio año tras año de su devoción, mostrando el mismo entusiasmo de aquellos pioneros

que, en 1943, decidieran crear esta institución en el seno del popular y emblemático barrio oriolano del Rabaloche.

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NTRA. SRA. DE MONSERRATE, PATRONA DE ORIHUELA

 

 

Nuestra Señora de Monserrate —que no Montserrat—para que nadie tenga duda alguna. Cuenta la historia que su imagen fue escondida por algunos

oriolanos para evitar su destrucción durante la invasión musulmana. En el transcurso de los años, después de la Reconquista, nadie sabía nada de ella hasta que

en el año 1306, el tañido de una campana se estuvo escuchando en todo el pueblo durante tres noches consecutivas; los oriolanos siguieron el sonido hasta llegar a un

lugar de la sierra donde se oía con más intensidad; cavaron en la peña y descubrieron una cueva donde, debajo de una campana, se encontraba la imagen de la

Virgen sentada en una silla, llevaba un niño en sus brazos y éste un pájaro entre sus dedos. En ese lugar se edificó el actual santuario donde se venera a nuestra Virgen.

El nombre que había que ponerle a la que fuera posteriormente Patrona de la ciudad se eligió por suerte, barajado entre otros; al final se le puso Nuestra

Señora de Monserrate —que quiere decir “monte aserrado”—. Dicho nombre causó algunos problemas con los Benedictinos del monasterio de Montserrat (Barcelona);

pero el Papa Sixto IV resolvió el conflicto en una Bula el 12 de agosto de 1484 a favor de Orihuela.

En el año 1633, fue proclamada Nuestra Señora de Monserrate Patrona de Orihuela, señalándose el 8 de septiembre el día de su conmemoración.

Así es a grandes rasgos la historia de nuestra excelsa Patrona, pero historiadores muy doctos hay para comentar estas cosas, yo simplemente he dado unas misceláneas

para aquellos lectores que desconozcan el hecho milagroso del hallazgo de nuestra Virgen. Mi intención al escribir este modesto artículo no es otro que recordar cómo se

celebraba en Orihuela dicha festividad en mi juventud. El día 8 de septiembre era muy importante para la vida de mis coterráneos de aquella época.

Significaba, además de la conmemoración propiamente dicha, el fin de las vacaciones estivales. Era tradición que ese día todos los oriolanos

que se desplazaban a las playas o al campo a pasar sus días de descanso estuviesen de vuelta en Orihuela por esa fecha.

Una semana antes de la festividad, se anunciaba al pueblo la proximidad de la fiesta con pasacalles que daba la “charamita”, tocada admirablemente por

“El Catalo”. Paseaba por todas las calles y hacía paradas en aquellos lugares donde había alguna hornacina con la imagen de la Patrona. En el antiguo edificio

de Correos de la plaza Caturla, había una en la fachada mirando hacia la cuesta del Seminario, tenía un farolillo a cada lado que sólo se encendían por esas fechas;

allí “El Catalo”, acompañado como siempre por el tambor de “Josete”, que era uno de los mejores de la ciudad, se recreaban tocando un buen rato haciendo ambos un

homenaje particular a nuestra Virgen. Algo muy habitual era que los “zagales” que andaban por las calles jugando siguieran por todas partes a la “charamita”.

Durante varias noches antes de la festividad, desde la Cueva del Tío Paco, se disparaban morteretes, ponían los artificieros varios tubos metálicos con la pólvora

necesaria y daban unas explosiones que retumbaban todas las casas del pueblo. Estos morteros sólo se tiraban en honor de la Virgen de Monserrate, en ninguna otra celebración.

La alborada o serenata que se le dispensaba a la Virgen era preciosa, la banda municipal Unión Lírica Orcelitana, sobre las diez de la noche del día siete se situaba

en la puerta de las cadenas de la catedral, en el incomparable marco que forman el monumento mencionado y el adyacente palacio episcopal, con una iluminación

extraordinaria, bajo la experta batuta de su director don Bienvenido Espinosa, daba un concierto dedicado a nuestra Patrona algo digno de escuchar. La gente se agolpaba

en las inmediaciones de la plaza de El Salvador, paseando por toda la calle Mayor desde la calle Colón hasta la plaza del Teniente Linares; todo era un ascua de luces.

Se experimentaba una simbiosis de alegría, bienestar, fraternidad, armonía y un orgullo desmesurado de ser oriolano.

El día ocho, se hacía la procesión solemne, los fieles cantaban aquello de “¡Viva la Virgen de Monserrate, sobre mi pecho tiene su altar!” [...]

A las doce de la noche se daban por finalizado los actos conmemorativos con un gran castillo de fuegos artificiales disparado como siempre desde la Cueva del

Tío Paco, a los pies del Seminario de San Miguel. Mis felicitaciones a todos mis paisanos en ésta nuestra festividad, a los residentes y a los ausentes que, aunque 

nos encontremos fuera, siempre llevamos a la Virgen de Monserrate en nuestro corazón.

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Corpus Christi dat vitam aeternam

  

   Hay un viejo dicho que conoce todo el mundo: Tres días hay en el año que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.

Por la proximidad de su festividad hoy nos vamos a referir al día del Corpus Christi. Concretamente en Orihuela siempre ha sido un gran día. Yo recuerdo que en

mi niñez todo el recorrido de la procesión era escrupulosamente adecentado, las calles se limpiaban de excrementos de las caballerías y del ganado ovino y caprino;

los empleados municipales regaban con mangueras mitigando toda la polvareda y comprimiendo el firme de aquellas calles que todavía no habían sido adoquinadas.

Unas horas antes de salir la procesión, varias carretas tiradas por bueyes alfombraban con hojarasca y flores todas las vías por donde debía pasar. Las ventanas,

miradores y balcones eran engalanados con cobertores y, algunos vecinos, pintaban sus puertas y fachadas para la ocasión.

La bellísima custodia, obra de orfebrería toledana de plata y oro de Juan Antonio Domínguez, afamado platero del siglo XVIII, recorría las calles y plazas de la

ciudad escoltada por el cabildo catedralicio, presidido por el obispo de la diócesis. Ayuntamiento en pleno bajo maza, representaciones de instituciones civiles y militares,

(Guardia Civil, Caballería de la Remonta, etcétera). La música siempre corría a cargo de la Unión Lírica Orcelitana y de la banda de cornetas y tambores del Oratorio Festivo.

Los niños y niñas de  primera comunión formaban larguísimas filas. Los seminaristas, que por entonces eran varios centenares, desfilaban entonando cánticos

al Santísimo Sacramento. Algunos vecinos, al paso de la carroza eucarística, arrojaban desde sus balcones y miradores pétalos de flores.

Ahora, se están recuperando algunas tradiciones muy antiguas, tales como el grupo de niños interpretando danzas barrocas con cintas, o los altares en algunos puntos

determinados del recorrido procesional. El Corpus está resurgiendo con fuerza en nuestra ciudad, algo muy a tener en cuenta ya que la eucaristía es el pilar

fundamental donde se sustenta la fe de todos los cristianos. La Transubstanciación , misterio por el cual el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre

de Cristo tras pronunciar el sacerdote en la consagración las palabras de Jesús en la última cena: “Tomad y comed todos de él…”; “Tomad y bebed todos de él…”.

En las especies eucarísticas se encuentra, “Cristo mismo, vivo y glorioso, presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su

divinidad". (Concilio de Trento, 1545-1563).  Son incontables los santos que han llegado a los altares por su intenso amor y adoración al Santísimo Sacramento: San Pascual 

Bailón, Santo Domingo Savio, San Juan María Vianney, San Antonio María Claret, Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, Santa

Teresa de Lisieux… Sería la lista interminable. Ya falta muy poco para que Cristo mismo, vivo y glorioso, pasee por las calles y plazas de Orihuela, y de tantas ciudades 

españolas. Cantemos la alabanza que escribiera Santo Tomás de Aquino. Pange Lingua, cuya primera estrofa en castellano reza así:

 

Canta, mi lengua,

el Sacramento glorioso del cuerpo

y de la sangre preciosa

que el Rey de las naciones,

fruto de un vientre generoso,

derramó como rescate del mundo […]

Que disfrutemos de un esplendoroso día del Corpus y, como dice el título de este sencillo trabajo, que El Cuerpo de Cristo nos dé la vida eterna.

 

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Auxilium Christianorum

 

Creo no equivocarme si digo que todos los que hemos asistido al colegio Oratorio Festivo sentimos una especial devoción por la Virgen en su advocación de Auxiliadora de los Cristianos.

A los antiguos alumnos del Oratorio se nos quedó en la retina para siempre aquella imagen tan alegre y colorida de la Virgen. Recuerdo la antigua

capilla —no confundir con la antigua iglesia del Oratorio—. La capilla se encontraba en el extinguido edificio entrando a la derecha, era un salón con dos filas de bancos

formando un pasillo central; en la parte trasera una tarima donde se ubicaba el órgano, o como solía decir don Antonio Roda el armonium. Enfrente dos escalones

alfombrados llevaban al altar. Sobre el mismo, presidiéndolo todo y tras varias filas de cirios eléctricos la imagen majestuosa de María Auxiliadora con su túnica rosa

y su manto azul, en su mano derecha un cetro dorado de reina, sobre su brazo izquierdo sentado el Niño Jesús abriendo sus manos en gesto de acogida a todos los niños

del colegio. A ambos lados del altar las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, San José y San Juan Bosco tomando por el hombro a Santo Domingo Savio,

aquel niño de San Giovanni da Riva (Italia), alumno del Oratorio en Turín que dijo, “Antes morir que pecar”.

El altar de la Santísima Virgen era ornamentado siempre, pero muy especialmente en el mes de mayo, con rosas del color de la túnica de María Auxiliadora.

Desde que San Juan Crisóstomo en el año 345 llamara a la Virgen “Auxilio potentísimo de Dios” hasta que en 1862 (1517 años después) San Juan Bosco

mandara honrar a la Virgen María bajo el título de Auxiliadora, fueron infinidad de hechos milagrosos que se atribuyeron a la Virgen bajo este título.

Son muchas las batallas en las que se invocaba a María Auxiliadora para conseguir la victoria: contra los turcos, en Lepanto, contra el protestantismo en la

batalla de los 30 años… Se imploraba a la Virgen portando su estandarte para defender a la cristiandad.

En 1814, Pio VII que fue prisionero de Napoleón Bonaparte le prometió a la Virgen Auxiliadora que el día que llegara a Roma en libertad, declararía esa fecha como

fiesta en su honor. El Papa llegó un 24 de mayo a Roma y quedó el mencionado día como dedicado a María Auxiliadora.

Pero volviendo al Oratorio Festivo de Orihuela donde la Virgen ha sido siempre el epicentro de toda actividad docente, debo decir que, en mi época escolar,

teniendo como director al inolvidable Padre D. Antonio Roda, nos inculcaba a los alumnos tanto el amor hacia la figura de María Auxiliadora que, si contáramos

las horas de capilla que se hacían al cabo del mes, el lector de hoy quedaría perplejo: misas, ensayo de cánticos a la Virgen, rezo del santo Rosario, el Ángelus,

la sabatina, las Flores a María, etc. Quizá por todo lo que antecede, los antiguos alumnos del Oratorio Festivo sentimos esa especial veneración por la Virgen,

y si a todo lo que antecede le sumamos algunos desgraciados episodios que ocurrieron en el colegio y que don Antonio, en su inquebrantable fe, atribuyó a la

intercesión de María Auxiliadora el feliz resultado de los mismos, todavía, si cabe, los alumnos de aquella época fuimos acumulando en nuestras jóvenes cabecitas

esa visión salvífica y prodigiosa de nuestra Virgen Auxiliadora. Y para que el lector tenga una idea aproximada de lo que digo, les relato a continuación algunos hechos 

que ocurrieron en el centro escolar: El 29 de abril de 1960, víspera de la inauguración de la nueva iglesia de María Auxiliadora, el niño alumno José 

Conesa que se encontraba en el despacho de don Antonio Roda, en un desgraciado accidente le fue aplastado su dedo índice entre la puerta y el marco

al cerrar esta por don Antonio. Cuando lograron abrir la puerta comprobaron que el dedo estaba totalmente normal, y el niño con lágrimas en los

ojos reía ante el asombro de todos los presentes. Aquel mismo día, don Antonio se llevó otro gran disgusto, un alumno del Oratorio llamado Francisco Bailén

se precipitó desde la bóveda del interior de la nueva iglesia, casi 20 metros de altura, milagrosamente salvó la vida.

El 30 de abril de 1960 (día de la inauguración de la nueva iglesia), se desprendió el badajo de la campana y fue a parar a la cabeza de Ricardo Vicedo,

un seminarista de 20 años de edad, estudiante de 3º de filosofía que se encontraba con sus compañeros en la cuesta de San Miguel realizando cantos litúrgicos.

El seminarista sufrió hundimiento de cráneo del que fue operado, saliendo satisfactoriamente del desgraciado trance. Vicedo pudo continuar sus estudios.

Otros graves episodios ocurrieron en el Oratorio, como la caída desde la última planta hasta el suelo por el hueco de la escalera del niño apodado

El Pijorrio, cuando se deslizaba por la barandilla. También, asombrosamente, salvó la vida. Muchos son los casos extraordinarios que se dieron en el Oratorio Festivo

durante el medio siglo que estuvo el Padre don Antonio Roda López al frente de este emblemático colegio. Como decía San Juan Bosco:

“Tengan fe en María Auxiliadora y verán lo que son milagros”.

 

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CANTORES DE LA PASIÓN “FEDERICO ROGEL”

 

 

Bajo el patrocinio del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Alicante y la colaboración de la Parroquia de Santa Maria, se ha celebrado

con gran éxito en dicha iglesia el día 24 de febrero de 2005, un concierto de Los Cantores de la Primitiva Pasión “Federico Rogel” de Orihuela.

Es de agradecer a este coro y a quienes hacen posible que año tras año podamos deleitarnos en Alicante, coincidiendo con el tiempo de cuaresma, viendo

y escuchando la magnífica interpretación de El Canto de la Pasión; obra de autor anónimo que, bajo la dirección de José M. Espinosa, hace que todos los

asistentes, mayormente oriolanos residentes en Alicante, estremezcamos de emoción. Este año he podido escuchar todo el repertorio, doce piezas musicales en total, 

desde el “Stabat Mater”, pasando por el “Crucifixus”, con la inconfundible voz del tenor solista Pepe Bas, hasta el “Ecce Homo”, con el también tenor solista Luis Meseguer.

Como colofón, “El Canto de la Pasión”, esta impar pieza musical, que hace llorar por dentro el alma de cualquier oriolano y que tan arraigada está al espíritu

del pueblo, es interpretada por este grupo de forma magistral. Su letra desgarrada junto a sus compases bruscamente cortados como con un hacha,

hace que esta melodía sea un auténtico grito de dolor por la Pasión del Señor. Cuando empiezan a entonar el Jueves Santo... se me ponen los pelos como escarpias y mi mente 

comienza a rememorar aquellos años, allá por la década de los 50, el que esto les comenta, apenas era un adolescente y asistía a los primeros ensayos en la Iglesia de las

Santas Justa y Rufina, donde se comenzaba a fraguar este grupo bajo la maestría de don Juan Pedro Muñoz. Éramos todos de diversas edades y ocupaciones,

pero teníamos una cosa en común: nuestro gran amor por Orihuela y sus tradiciones. Evidentemente, han pasado muchos años y los recuerdos se difuminan en la memoria, 

el grupo ha mejorado en calidad y número de componentes, pero no me resisto a hacer mención de algunos nombres de aquellos pioneros; todos grandes

voces como: Antonio Picazo, Antonio Vicea, Pepe Bas, José Antonio Parra, Faustino Cayuelas, Joaquín Martínez Zambudio (tenor oriolano),

Hermenegildo Conejero, Luis Boné, y otros cuyos nombres no recuerdo, pero no por ello menos importantes. Su presentador hizo mención a la reciente 

desaparición del maestro Antonio Picazo, persona que dirigió este Grupo de Cantores Federico Rogel durante muchos años; gran músico y

tenor. Aún recordamos con admiración su papel de Leandro en “La Tabernera del Puerto”, que interpretó el 1 de junio de 1957 en el Teatro Circo de Orihuela,

totalmente abarrotado de público puesto en pie aplaudiendo sus romanzas. Descanse en paz tan admirado y querido maestro; y que los oriolanos de

la capital podamos seguir escuchando la magnífica interpretación de estos cantores en los años venideros.

 

***

 

 

 

CRUCES DE MAYO

 

Cuenta la leyenda que el emperador Constantino I el Grande durante una batalla contra los bárbaros una noche tuvo una visión, en lo alto del cielo vio

una cruz brillante y sobre el patíbulum (travesaño), una inscripción: "In hoc signo vinces" (Con esta señal vencerás). Desde entonces mandó construir

una cruz que iría siempre delante de su ejército. Más tarde Santa Elena, a la sazón madre del emperador Constantino I, por mandato de su regio hijo, fue hasta

Jerusalén en busca de la auténtica Cruz de Cristo. Tras diversas investigaciones y comprobaciones pudo hacerse con el Santo Madero, cosa que pudo

averiguar de entre varias cruces vistas en el Monte Calvario. Santa Elena, dice la tradición, mandó llevar hasta la cruz a varios enfermos que fueron

tocando la madera de tres cruces expuestas allí, pero cuando acariciaban la verdadera cruz del Señor se producía el prodigio de su sanación.

Desde entonces Santa Elena sintió una gran devoción por la Santa Cruz y, al morir, rogó a todos los cristianos que celebrasen el día en que se encontró la

verdadera cruz donde fue clavado Jesús de Nazaret. Hasta aquí una ligera pincelada sobre el origen de la devoción a la Santa Cruz. En nuestro país, aunque la 

Iglesia Católica conmemora el día 14 de septiembre la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, hay una tradición muy arraigada de celebrar en muchos

pueblos y ciudades la Cruz de Mayo. Concretamente, en nuestra zona geográfica existen dos ciudades donde se conservan algunas reliquias.

En Granja de Rocamora, se hallan pequeños fragmentos o partículas del madero de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, extraídas del relicario apostólico

y concedidas por el Departamento de Celebraciones Litúrgicas de su Santidad el Papa para su exposición y veneración. En Caravaca de la Cruz, según la tradición,

hay un resto de la cruz en la que Cristo fue crucificado. Se conserva en un relicario con forma de cruz patriarcal de doble brazo horizontal.

Concretamente en Orihuela no tenemos la dicha de poder venerar ninguna reliquia del lignum crucis, pero sí tenemos una gran cruz de hierro puesta

en lo más alto de la sierra de la Muela, bendiciendo a toda la comarca y, modestamente, también tiene su historia. Fue puesta allí por indicación del

dominico valenciano San Vicente Ferrer en el año 1411 con motivo de una visita que realizó a nuestra ciudad donde estuvo predicando durante varios

días. Esta cruz, de la que todos los oriolanos nos sentimos orgullosos, ha sido últimamente iluminada por la Policía Local de la ciudad para que pueda ser

vista desde todos los rincones de la Vega Baja, tanto de día como de noche. Pero, centrándonos más en la tradición de celebrar la Cruz de Mayo, 

hemos de decir que en nuestra tierra ha sido esta costumbre muy arraigada hasta hace algunos años en que, por imperativos de la modernidad, se ha

ido perdiendo esta hermosa práctica, conservándose más en las pedanías y caseríos de la huerta.

Recordando mi niñez y, aunque creo haberlo relatado ya en alguno de mis libros, les voy a describir lo mejor que sepa cómo se celebraba en mi calle la Cruz de Mayo.

Los vecinos, siempre en muy buena armonía o buen rollo, (como ahora se dice entre la juventud), se reunían por las noches por grupos en varias casas.

Todos ponían papel de seda de colores y botes con engrudo. Unos se dedicaban a cortar y otros a pegar, así hacían las cadenetas, farolillos, banderitas

y demás adornos que luego serían instalados desde un balcón a otro de enfrente, consiguiendo un cielo raso de colores en toda la calle. Los hombres

con carros de mano se desplazaban hasta las afueras de Orihuela: carretera de Beniel, Arneva o Hurchillo. Cargaban con ramaje de álamo, pino y demás

hojarasca que después era puesto sobre paredes, puertas y ventanas. Las mujeres y los niños barrían y rociaban toda la calle y con hojas alfombraban todo

el suelo; los balcones se cubrían con cobertores. Después se levantaba un altar en la parte más visible para la vecindad. Sobre el altar, alguna imagen religiosa,

en mi calle siempre era una de Cristo Rey propiedad de una vecina. En lo más alto, una gran cruz de flores adornada con luces de colores.

Las gentes visitaban las calles comparando los adornos de unas con otras en sana competencia. Eran unos días de alegría compartida entre todos los

vecinos, y los niños disfrutaban al máximo. Sería precioso recuperar aquella tradición que convertía a toda la ciudad en una explosión de

color y aroma a flores que invadía todos los sentidos; siempre como homenaje y exaltación popular hacia la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

 

***

 

 

 

EL ORIGEN DE LA NAVIDAD

 

 

Pasa la vida y los acontecimientos que ésta conlleva; pero poco nos paramos a reflexionar sobre el origen de las cosas.

¿Sabemos por qué celebramos los cristianos el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre? No me cabe duda que sí hay muchos

que lo saben; pero a los que ignoran este dato me permito aclararles lo siguiente:

Los romanos de la antigüedad celebraban con gran alborozo el solsticio de invierno. (Solsticio quiere decir en términos latinos “se para el sol”).

Las fiestas duraban hasta siete días, se hacían en honor de Saturno, antiguo dios romano de la agricultura, eran denominadas “saturnales”.

Durante esos señalados días la alegría y las celebraciones no tenían límites, toda la actividad comercial se detenía, se realizaban banquetes,

festivales, se intercambiaban regalos entre familiares y conocidos. Era tiempo de concordia, los esclavos durante esas fiestas disfrutaban

beneficios que no tenían durante el resto del año; era, en definitiva, salvando las distancias y los tiempos, algo parecido a lo que hoy celebramos nosotros en Navidad.

Trescientos años después de Cristo, los primeros cristianos tenían que competir con los seguidores del dios Mitra, religión que procedía de Persia

y se caracterizaba por el culto y adoración al sol. Éstos, realizaban festejos en el solsticio de invierno por el nacimiento del sol. El emperador

romano Aureliano, declaró la fiesta estableciendo la celebración para los seguidores del mitraismo el 25 de diciembre.

Las saturnales y el nacimiento del sol, eran un gran impedimento para los cristianos que veían mucha dificultad para las nuevas conversiones,

la gente se retraía ante la idea de tener que renunciar a los festivales paganos que tanta diversión les proporcionaban. Muchos conversos se

desmoralizaban, era extremadamente difícil el no participar de las alegrías que daban las fiestas de Mitra y el nacimiento del sol. Por otro lado,

la Biblia no dice la fecha del nacimiento de Jesús, por consiguiente, si se designaba el 25 de diciembre para celebrar la Natividad del

Señor coincidiendo con las fechas paganas no comprometería las doctrinas fundamentales de la Iglesia y los cristianos no renunciarían4

a las fiestas, sólo que ahora celebrarían el nacimiento de Jesús en lugar del nacimiento del sol.

El origen de la navidad arranca esencialmente del hechonarrado anteriormente, luego vendrían los pintores, escultores y artistas en general que

se encargaron de plasmar en sus lienzos y esculturas el nacimiento de Jesús en medio de una fuerte nevada, en un paisaje totalmente gélido para el

mundo conocido de entonces. Muchos siglos después, San Francisco de Asís (1182-1226), un buen día se le ocurrió hacer un belén viviente, tanto

gustó que, ante la imposibilidad de poderlo reproducir cada uno en su casa, se empezaron a fabricar figuras de arcilla a semejanza del nacimiento

inventado por el santo de Asís, cosa que se difundió por todo el mundo con el transcurso de los tiempos, siendo el símbolo más significativo

de las fiestas navideñas en todo el orbe cristiano. El prodigioso hecho de los Reyes Magos, por su importancia, será motivo de un artículo aparte.

Por otro lado, San Nicolás, conocido como Santa Claus o Papá Noel, fue obispo de Mira, capital de Licia, lo encarcelaron por su fe cristiana

y posteriormente liberado por el emperador Constantino, murió 350 años d/C; sus restos mortales fueron trasladados a Bari, siendo desde entonces

conocido en Italia como San Nicolás de Bari. Seguramente, el hecho de que se le nombrara patrón de los niños ha sido suficiente para que la leyenda

lo convirtiera en Papá Noel; le dejaron su túnica roja de obispo pero le cambiaron la mitra por un gorro, lo subieron en un trineo tirado por

renos y lo ubicaron en el Polo Norte, de donde viene todos los años cargado de juguetes para los niños. Otra tradición navideña que cada vez se arraiga más a 

nuestras costumbres es el árbol de navidad. El árbol de navidad nació en Alemania por el siglo VIII, Fue San Bonifacio, misionero y

predicador británico quien le atribuyó al abeto un hecho milagroso, a raíz de entonces, los cristianos plantaban este árbol con preferencia

a cualquier otro, siendo en el siglo XVI, cuando empezaron en Alemania a decorar los abetos para festejar la navidad.

Ahora, en los tiempos modernos, con el americanismo que nos invade, las grandes superficies comerciales con su marketing se han

encargado de desvirtuar el sentido real de la navidad, lo que se debería celebrar con austeridad y recogimiento por la sencillez en la que

vino al mundo el Hijo de Dios, se ha convertido en un derroche desmesurado, nos agobian con las grandes comilonas, los cotillones,

los caros regalos... es decir: continuamos con las “saturnales” en vigor.

 

***

 

 

EL GRAN MISTERIO DE LA MUERTE

 

 

Los días 1 y 2 de Noviembre, como todo el mundo sabe, la Iglesia Católica conmemora el día de Todos los Santos y de los Difuntos respectivamente. La tradición hará que los cementerios sean visitados por cientos de personas que llevarán flores a las tumbas de los restos que un día fueron sus familiares en vida. Con este gesto, algunos darán por cumplida su “obligación” anual de acordarse de sus antecesores; otros harán el negocio del año vendiendo flores o adornos muy por encima de su valor real. A mí me gustaría hacer una reflexión sobre qué hay detrás de la muerte. ¿Realmente sirve para algo todo lo que hacemos en estas fechas en los camposantos...? Mucho se ha hablado y escrito sobre el gran misterio que encierra la muerte, pero en realidad poco o casi nada se sabe de ella. La Teología define los últimos actos de la existencia humana con la denominación "Novísimos" o "Antropología Escatológica". Bajo este nombre se habla de la muerte, el juicio, del infierno y de la gloria.  Por las festividades que comentamos me gustaría reflexionar sobre lo primero. El paso que, indefectiblemente tenemos que dar todos los seres vivos, al ser humano por ser racional le preocupa y atormenta. Desde que nacemos nos educan para casi todo menos para morir. Las preguntas que nos hacemos a diario: ¿Cómo, cuándo, de qué manera...? ¿Qué hacer con mi cuerpo, enterramiento, incineración,  criogenización? —Esto último sólo en los Estados Unidos y a muy elevado precio—. ¿Quién prepara al hombre para tan luctuoso trance? Si la ciencia no da  respuesta a todas estas interrogantes, tan sólo nos queda una cosa: la fe. La esperanza en que, de alguna manera, después de esta vida hay otra espiritual. Al principio, en la fe israelita la idea de la resurrección no aparece como tal, sin embargo, poco a poco se va fraguando ante la resistencia a aceptar que el hombre termine su relación con Dios al llegarle la muerte. En Ezequiel. 37, ya se contempla la resurrección de los muertos. En el Nuevo Testamento hay muchos pasajes que aluden a la vida después de morir. "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día." (Jn-6,54). "Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso." (Lc. 23,43). "Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo." (Mt. 22,30). Así sucesivamente se va haciendo alusión a una vida posterior.La esperanza es lo único que realmente nos queda, porque el verdadero ser se encuentra en nuestro interior, la envoltura es perecedera, por ello la fe es fundamental, porque sin ella, ¿qué somos? El destino de nuestro cuerpo da igual; enterramiento, incineración ¿qué más da?, la resurrección vendrá por la gracia de Dios estemos donde estemos;  a este respecto cito unas palabras de Santa Mónica antes de morir dirigidas a San Agustín: "Enterrad mi cuerpo y no os preocupe más su cuidado, sólo os pido que os acordéis de mí cuando estéis ante el altar del Señor." (CIC).

 

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LA FUNCIÓN DEL TESTAMENTO

 

Cuando estas líneas vean la luz, ya habrá pasado un mes de la Función del Testamento en honor a Ntro. Padre Jesús Nazareno, Patrón de Orihuela

y su Huerta. Este año, también en presencia de Ntra. Sra. de Monserrate, Patrona de Orihuela. Sin lugar a dudas, ha sido algo muy emotivo e histórico

para los fieles oriolanos que han presenciado en un solo acto litúrgico a sus patronos y protectores juntos en la iglesia de Santa Ana del convento franciscano.

El Testamento”, como se denomina popularmente esta conmemoración anual, es una eucaristía donde se citan las últimas recomendaciones que Jesús

dio a sus discípulos: “Os doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado así os améis también vosotros los unos

a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos; si os tenéis amor los unos a los otros”. [Juan: 13.34-35].

Igualmente, antes de expirar en la cruz nos deja otro legado: a su Madre, para que sea la nuestra también y sirva de nexo de unión entre el hombre y Dios.

“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’.

Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”. [Juan: 19. 26-27]. Las palabras del Testamento de Jesús cobran, si cabe, mayor relevancia en estos momentos.

España padece ya unas cifras de pobreza escalofriantes, veinte millones de hermanos nuestros lo están pasando muy mal, de los cuales tres millones padecen

pobreza en grado severo. Esto quiere decir que, casi la mitad de españoles, sufren alguna clase de exclusión social: parados de larga duración, desahuciados,

niños que apenas pueden realizar una comida diaria, discapacitados desamparados… Los comedores de la Iglesia, esa denostada —por algunos— institución,

ven con impotencia cómo acuden en masa familias enteras a tomar un plato de comida, familias que, tan solo hace unos años, vivían dignamente de su trabajo.

Existe un clamor en las redes sociales de descontento hacia los políticos. Es natural, ellos continúan con sus prebendas mientras los trabajadores están cada vez peor.

Jesús de Nazaret nos dejó en su Testamento una herencia que no hemos sabido ni queremos saber administrar: el amor al prójimo. La Orden Franciscana Seglar

y M.I. Mayordomía de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Orihuela, nos recuerda todos los años en el mes de octubre que hay una herencia a compartir: las enseñanzas

de Jesucristo y, muy especialmente, el reparto del amor. Pero el hombre en general, y en particular, los políticos, no están por la labor de administrar el legado

del Señor; más bien por repartir los bienes materiales haciendo bueno aquél dicho de “El que parte y reparte, se queda con la mejor parte”. Es lamentable que España

haya llegado a este estado de cosas. El reparto no es equitativo, cada vez hay más ricos que aumentan más su fortuna, y cada vez hay más gente que pierde

su casa, su empleo, su derecho a la sanidad y medicamentos, ancianos y discapacitados desvalidos con derecho a una asistencia que no perciben… El sistema

educativo va de mal en peor, la reciente aprobación de la llamada ley Wert tiene fecha de caducidad; ya lo ha dicho la oposición, en cuanto ellos rocen poder la

cambiarán. Así no podemos progresar, a los niños los desorientan en los colegios con tanto cambio y el fracaso escolar cada vez es mayor. Hay leyes que no se

pueden ni se deben aprobar sin un consenso para que duren en el tiempo. Los organismos internacionales no dejan de ser algo testimonial que no sirven para mejorar

las condiciones de vida del ser humano. Si acaso, para que los que recalan en ellos pisen moquetas y habiten suntuosos despachos de los consejos, asesorías,

delegaciones… donde elaboran unos documentos cargados de rimbombantes palabras y de buenas intenciones —no lo dudo— que luego los países ignoran.

Al príncipe y al Sr. Rajoy se les ha llenado la boca en la Cumbre Iberoamericana con la frase ‘salida de la crisis’. Pero los expertos y el sentido común nos dicen

que no se puede salir de la crisis con medidas de austeridad dirigidas al más débil. Apliquemos el Testamento de Jesús de Nazaret y de esa manera saldremos

del hoyo en el que estamos inmersos: Erradicar el egoísmo, más amor al desvalido, al necesitado, al enfermo, al anciano, al discapacitado... Esa es la clave.

 

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GINÉS GEA Y LOS PASTORES DE BELÉN

 

Pocos artículos escribo con la ilusión y cariño que me proporcionan aquellos que están relacionados con los usos y costumbres de mi Orihuela.

Este es uno de ellos. Mi buen amigo y prestigioso profesor oriolano Ginés Gea Cayuelas, tras un importante trabajo de recopilación

documental: libretos, fotografías, programas, partituras y demás datos recogidos verbalmente; todo añadido a su experiencia personal y la de su

esposa Lola Arques, ha podido publicar un libro donde se rescata para el acervo cultural de Orihuela una obra clásica: Los Pastores de Belén.

Dicha función teatral se representaba antaño en teatrillos de colegios, conventos y organizaciones juveniles; que se tengan datos ha sido puesta en

escena en el convento de San Francisco, en el extinguido de Capuchinos, en el colegio Oratorio Festivo de San Miguel, en el Círculo Católico Obrero

y en las Juventudes Marianas, así como en otros escenarios de parroquias, pedanías y entidades, también en épocas más modernas en el mismísimo

Teatro Circo, siempre dentro de las fiestas navideñas. Ginés Gea Cayuelas, con la maestría que le caracteriza y el gran amor que siente por Orihuela 

y sus tradiciones, ha sabido plasmar en este libro —que he tenido el honor de prologar—, no ya todos los entresijos que conlleva la puesta en

escena de una obra: reparto de papeles, vestuario, caracterización de los personajes, etcétera., sino sus vivencias personales, pues no en vano él mismo

ha interpretado diversos personajes dentro de la función. El autor de este libro, que rescata del pueblo llano para que perdure en el tiempo una obra clásica

de la navidad de nuestros padres, nos indica: “Con todo esto quiero decir que, “Los Pastores” es algo tan nuestro, tan de Orihuela, como su catedral,

sus iglesias, sus monumentos, sus museos y sus tradiciones y leyendas. Forma parte de nuestros bienes culturales y es un icono de nuestra cultura

y de nuestra navidad”. Y en su generosidad, realiza una dedicatoria que dice así:A vosotras, las que habéis hecho de pastoras. A vosotros, los que habéis hecho de pastores. 

A todos vosotros, chicos y chicas, hombres y mujeres que habéis participado en la puesta en escena, año tras año, de esta zarzuela o auto sacramental. A todos

los que habéis hecho posible con vuestro trabajo y vuestro interés que “Los Pastores” hayan sido y sean un icono de nuestra navidad de Orihuela.

A todos vosotros, junto con mi agradecimiento, os dedico este trabajo”. El libro que nos ocupa, que yo califico de joya por su temática y buena estructuración,

será presentado, salvo imprevistos, el próximo día 26 de diciembre por mi estimado amigo, el ilustre oriolano Julio Calvet Botella y el mismo autor, 

en el Salón Imperio del Ateneo Cultural Casino Orcelitano. En dicho acto intervendrá la nieta del autor de la obra Rebeca Gea Martínez que,

a sus 18 años, cursa estudios de guitarra, grado superior, en el Conservatorio de Salamanca, lo hará con varias piezas de su repertorio.

 

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JESÚS Y SUS AMIGOS DE BETANIA

(Relato breve basado en hechos bíblicos)

 

 

Jesús de Nazaret, el hombre, el histórico, fue una persona, como hoy diríamos, muy extrovertida, de una forma física extraordinaria. Durante los

tres años que duró su actividad pública cosechó infinidad de amigos, no en balde recorrió, casi siempre a pie, un extenso territorio que abarcaba

desde Abilene —al norte del Monte Hermón— hasta Idumea —situado al S.E. del Mar Muerto—. Apenas se tomaba unas horas de descanso al día.

Él sabía que su ministerio duraría poco tiempo, por ello, le dijo a las gentes de Cafarnaúm que no querían que se marchara de allí: “También a

otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado”. (Lucas: 4,43).

Jesús gustaba de cultivar amistades de distinta condición social o reputación; en alguna ocasión sus íntimos le reprochaban que tuviese relación con

gentiles, publicanos y personas de mala fama. Pero Jesús sabía muy bien que todos los hombres y mujeres eran válidos para cumplir su misión salvífica;

por ello, a cada uno le asignaba su justo lugar. Los amigos del Señor no se circunscribían solo al entorno de los doce apóstoles, a estos, los eligió para

una misión muy especial, una vez que fueran preparados enviarlos a propagar su palabra. Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena

Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea se condenará”. (Marcos: 16, 15-16-17).

Los otros amigos tenían que experimentar en sus personas la grandeza de Dios. Este es el caso de Lázaro, Marta y María, eran tres hermanos naturales

de Betania, pequeña localidad a tan solo tres kilómetros de Jerusalén. Lázaro era un joven de salud quebradiza, sufría de insuficiencia respiratoria como

consecuencia de una tuberculosis, sus hermanas le querían y le cuidaban. Marta era la mayor de los tres, una mujer activa, vital, trabajadora, llevaba

el peso de las labores del hogar. María era bondadosa, pacífica, le gustaba escuchar las enseñanzas del Maestro y pasaba el tiempo sentada junto a Él embelesada.

Una tarde, Jesús llegó a Betania procedente de Jericó, aquel día había hecho varios milagros en aquella ciudad, tuvo un día intenso, al llegar a la ciudad, tras

una caminata por senderos polvorientos y abruptos le dijo a sus discípulos que le esperasen en Jerusalén, porque él debía visitar a sus amigos.

Al ver los tres hermanos llegar a Jesús corrieron hacia él para abrazarle y darle la bienvenida a su casa. La amistad que tenían con el Señor venía de unos

meses atrás porque María, escuchándole en una de sus predicaciones cerca de Jerusalén, se convirtió. Jesús entró en la casa de los tres hermanos y tomó asiento, 

María le preparó agua caliente y comenzó a lavarle los pies, después se los ungió con una libra de perfume de nardo puro y se los secó con sus

cabellos. (Juan: 12, 3). Una vez realizada la tarea, María se sentó a los pies del Señor para escuchar su palabra. Mientras tanto, Marta iba de un lado para

otro atareada para tenerlo todo dispuesto y poder servir la cena. El enojo de Marta se hizo patente cuando se dirigió al Maestro para quejarse:

Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile pues que me ayude”. Pero Jesús le respondió: “Marta, Marta, te preocupas

y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. (Lucas: 10, 40-41-42).

Cuando Jesús corrige cariñosamente a Marta nos está enseñando que existen diferentes maneras de servir a Dios: con la oración y la contemplación,

(María); con la glorificación por el trabajo, (Marta); con la resignación ante el sufrimiento, la enfermedad y la adversidad, (Lázaro). Los diferentes

temperamentos de las dos hermanas y la débil salud de Lázaro sirven para que el Maestro deje una de sus más preciosas enseñanzas.

A la mañana siguiente, Jesús salió muy temprano caminando hacia la cercana Jerusalén, allí se reencontró con los doce y continuaron con su ministerio.

Tras unos días emprendieron su marcha hacia Samaria, andaban cerca del río Jordán cuando a Jesús le llegó la noticia de que su amigo Lázaro se

encontraba enfermo de gravedad en su casa de Betania; el mensajero se expresó de la siguiente manera: “Señor, aquel a quien tú quieres está enfermo”.

(Juan: 11, 3). Las dos hermanas enviaron a decirle eso a Jesús para que se apresurara en ir a ver a Lázaro, pero Jesús continuó varios días más donde se

encontraba. Cuando terminó sus quehaceres por tierras de Samaria le dijo a sus discípulos: “Volvamos de nuevo a Judea”. (Juan: 11, 7). Los discípulos no

querían porque allí habían intentado apedrear al Señor, pero Jesús insistió diciendo: “Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí,

para que creáis. Pero vayamos donde él”. (Juan: 11, 14-14). Marta y María esperaban al Señor inmediatamente tras darle el recado con el fin

de que sanara a su hermano Lázaro, pero en los días que transcurrieron hasta la llegada de Jesús a Betania, Lázaro falleció. Marta, enterada de que

el Maestro había llegado ya, salió a su encuentro a las afueras del pueblo, y desolada se dirigió a su amigo Jesús en estos términos: “Señor, si hubieras

estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá”. (Juan: 11, 21-22).

Marta fue corriendo en busca de su hermana María, esta se encontraba en el interior de su casa rodeada de muchos judíos que se habían desplazado

de Jerusalén para darle el pésame a la familia de Lázaro. Al escuchar María de su hermana que el Maestro se encontraba ya en Betania, salió a toda

prisa y los judíos que había en su casa también detrás de ella. “Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo:

“Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no hubiera muerto”. (Juan: 11, 32). Tanto Marta como María estaban convencidas de que si el Señor hubiera

acudido de inmediato cuando ellas le llamaron, su hermano se habría curado. Por tanto, se sentían algo defraudadas con el Maestro habida

cuenta de la gran amistad que les unía a Él. Pero el Señor les preguntó: “¿Dónde lo habéis puesto?” le respondieron: “Señor, ven y lo verás”. (Juan: 11, 34).

Se pusieron en camino hacia el sepulcro Jesús, sus apóstoles, Marta, María y los judíos que vinieron de Jerusalén. La gente creía que iba a orar en la sepultura de Lázaro,

llegados al lugar, una cueva tapada con una piedra, Jesús, conmovido se puso a llorar, después con autoridad ordenó: “Quitad la piedra”. Le responde Marta:

“Señor, ya huele; es el cuarto día”. (Juan: 11, 39). Pero hicieron caso a Jesús y quitaron la piedra de entrada a la cueva. Jesús miró hacia lo alto y, tras orar al Padre, 

gritó con fuerza: “¡Lázaro, sal fuera!”. Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro con un sudario. Jesús les dice:

“Desatadlo y dejarle andar”. (Juan: 11, 43-44). Aquel día Jesús y los doce se quedaron en Betania y cenaron con Marta, María y Lázaro en casa de Simón.

Algunos judíos de los que presenciaron el milagro fueron corriendo a contarle al sumo sacerdote Caifás lo que habían visto, pero este, que ya tenía conocimiento

de otros hechos protagonizados por el Nazareno, se inquietó, hasta tal extremo que convocó al Consejo y, allí, se decidió dar muerte a Jesús. La resurrección

de Lázaro fue la gota que colmó la copa. Si Jesús seguía acumulando seguidores y realizando milagros los sumos sacerdotes y los fariseos verían peligrar sus

privilegios ante Roma. Después pensaron que si dejaban vivir a Lázaro podría haber muchas conversiones por su testimonio, así que también decidieron dar muerte

al amigo de Jesús. Pero Lázaro, Marta y María eran personas pudientes y gozaban de influencia en Betania y Jerusalén, por lo tanto, desistieron en su empeño de

darle muerte para evitar conflictos. Jesús sabía todo esto y se retiró con sus discípulos a Efraím, una ciudad cercana al desierto, allí permanecieron 

algún tiempo, hasta llegada la Pascua que decidió volver a Jerusalén. Enterada la gente que llegaba el Maestro para la fiesta, la muchedumbre se agolpaba

para verle y agitaba ramas de olivo gritando: “¡Hosanna…!”

***

 

 

ORIHUELA Y LA FAMILIA FRANCISCANA

 

 

Al aceptar el amable ofrecimiento que me hace el presidente de la Asociación Amigos de Orihuela para escribir en las páginas de

la Revista “En Orihuela”, he querido que mi primer trabajo en esta incipiente publicación cultural tenga un sentido casi

pedagógico, y en cierto modo aclaratorio, de una Entidad religiosa que lleva instalada en nuestra ciudad cientos de años

y todavía no es lo suficientemente conocida por algunos de nuestros coterráneos; me refiero a la Orden Franciscana Seglar.

Pero antes haremos un poco de historia de la familia franciscana en general. La familia franciscana creada por San Francisco de 

Asís la componen tres órdenes muy peculiares: la primera es la Orden Franciscana Menor, llamada así por el Seráfico Padre

San Francisco porque al ser la primera quería que fuese la menor de todas, que sus miembros no se creyesen más importantes

que los demás. Esta Orden la forman frailes de tres escalones: los ordenados sacerdotes, con las obligaciones propias de

su condición sacerdotal. Hacen vida conventual y en algunos casos ejercen también como párrocos, realizan una labor

pastoral dentro y fuera del convento. También pueden llegar a la dignidad de Obispo y Cardenal—tal es el caso y sirva

como ejemplo el del actual Arzobispo de Sevilla Monseñor Amigo. En el segundo escalón de sus miembros se encuentran los frailes 

diáconos, éstos son ordenados y pueden ejercer en todos los actos litúrgicos y sacramentales como un sacerdote, excepto en la

consagración eucarística y en la confesión. En último lugar, pero no por ello menos necesarios, se encuentran los frailes hermanos; 

llamados antiguamente “legos”; son profesos provisionales o permanentes, pero no son ordenados, colaboran en las funciones

litúrgicas y conventuales ayudando en todo a los descritos anteriormente. La segunda Orden la componen las religiosas Clarisas;

creada por Santa Clara, amiga y discípula de San Francisco, quiso el pobre de Asís darle cabida en su familia religiosa a la 

mujer y encomendó a dicha santa la creación de esta orden femenina. Son profesas y hacen vida monástica.

La tercera Orden es la Orden Franciscana Seglar (OFS) —antes denominada Venerable Orden Tercera (VOT) —, como su nombre

indica es una Orden religiosa para laicos, al amparo del artículo 303 del Código de Derecho Canónico. Sus miembros se rigen por

la Regla aprobada por el Papa Pablo VI el 24 de junio de 1978, y las Constituciones Generales por la Sede Apostólica. Su estructura

orgánica se divide en núcleos llamados Fraternidades; la Fraternidad puede ser nacional, provincial o local. Sus miembros son

hombres y mujeres seglares que profesan la Regla y dedican su tiempo libre a las actividades que tenga encomendada la Fraternidad

a la que pertenezcan. Por tradición, siempre han sido hospitales, cofradías y actos piadosos con los más desfavorecidos.

En lo que respecta a Orihuela, la Orden Franciscana Seglar, está entre nosotros desde el siglo XVI. En el siglo XVIII, encargó el

Consejo de dicha Orden al escultor Nicolás de Bussy una imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno con la cruz a cuestas que, en

el transcurso de los años, se convirtió en Patrono de Orihuela y su huerta. Con el fin de atender mejor al culto y cuidado de la sagrada imagen, la 

antigua VOT, creó la Mayordomía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, donde ingresaban de pleno derecho todos los hermanos

profesos de la Orden, así como los cristianos que lo solicitasen. La presidencia y la Junta de Gobierno de la recién creada

Mayordomía correspondían al mismo Consejo de la VOT, encabezado por el hermano Ministro Local de la organización que ejerce

de presidente. Durante la guerra civil española fue destruida la imagen creada por Nicolás de Bussy, pero nada más acabar la contienda, 

la VOT, encargó una réplica de la primera al escultor imaginero José Sánchez Lozano, la que se venera en la actualidad.

El 8 de junio de 1996, en Capítulo electivo, es elegido el primer Consejo Local de la OFS después de la reforma emprendida para

adecuar dichas organizaciones al mandato del Concilio Vaticano II. El promotor de este avance fue el entonces Padre Guardián

Francisco Oliver. Dicho Consejo aprobó un paquete de medidas de modernización de la Mayordomía, entre otras, la más popular

fue la entrada de pleno derecho de la mujer como mayordomo y nazareno de Ntro. Padre Jesús, cosa que había tenido vetada desde su creación.

Con la apertura de la Mayordomía a la mujer y la magnífica gestión llevada a cabo por los Consejos que se han ido sucediendo,

ha pasado la organización de unos 200 mayordomos que había en 1995 a más de dos millares y medio que hay en la actualidad.

El inmenso trabajo que se ha acumulado en la Mayordomía impide que el Consejo de la OFS pueda gestionar con cierta eficacia

todo lo referente a ésta; así pues, hace muy poco tiempo se decidió crear una Junta de Gobierno para los asuntos de la

Mayordomía, donde estén representados los mayordomos-nazarenos, dicha Junta la componen un Presidente, un Encargado de

Culto, un representante de cada uno de los tres tercios—Nuestro Padre Jesús, Cristo de la Agonía y La Dolorosa y San Juan—, y

dos mayordomos elegidos por la Asamblea de mayordomos-nazarenos. El Secretario y el Tesorero así como el Asistente Espiritual

son los mismos del Consejo de la OFS. De todo lo que antecede se desprende que la OFS es la legítima propietaria de todos

los bienes muebles e inmuebles de la Mayordomía. El presidente de la Mayordomía y la Junta de Gobierno que dirige actúa sólo

por delegación del Consejo de la OFS. Los oriolanos podemos estar bien satisfechos de que la imagen de nuestro santo Patrón está en buenas 

manos; tanto el Consejo de la OFS como la Junta de Gobierno de la Mayordomía trabajan denodadamente por atender todo lo

relativo al culto, devoción y cuidado de la sagrada imagen, así como a la perfecta organización de los desfiles procesionales, besapie, función del

Testamento y todos los actos que se celebran en honor de Ntro. Padre Jesús Nazareno durante todo el año. Al mismo tiempo la OFS,

no descuida sus obligaciones en cuanto a las reuniones de formación permanente de los miembros profesos y de formación del

noviciado a los aspirantes a ingreso en la Orden. También, como no podría ser de otra manera, se atiende, en la medida que

sea posible, las necesidades de los más desfavorecidos, incluso colaborando en las carencias de los países del mal llamado “tercer mundo”.

Me congratulo y felicito igualmente a Orihuela por mantener esta Orden que tanto bien hace a la ciudad y su huerta. Igualmente me

complazco en felicitar a los miembros del Consejo de la OFS, y de la Junta de Gobierno de la MI. Mayordomía; a los costaleros y costaleras

que ponen todo su esfuerzo con ilusión y entrega absoluta, y en general, a todos cuantos hacen posible, de una forma anónima y

abnegada el buen funcionamiento de esta ejemplar Organización religiosa.

 

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LOS SANTOS, EL TENORIO Y GACHAS CON ARROPE

 

Al llegar estas fechas es inevitable para un oriolano —de los de antes—, no recordar aquellos rudos hombres que, tirando de su borrico, iban pregonando por calles y plazas la venta de arrope y calabazate. Sobre el animal caían a ambos lados de su barriga unas alforjas conteniendo las vasijas con el rico líquido. La gente salía, recipiente en mano, a proveerse de la dulce emulsión que luego pondrían por encima de las deliciosas gachas tras cortarlas a cuadrados para que penetrase mucho mejor.

Este alimento, típico de Orihuela en la fiesta de Todos los Santos en épocas pasadas, es de suponer que ha caído en el olvido por aquello de la modernidad y las cosas mucho más refinadas que hoy se pueden encontrar en las confiterías. De todas formas deseo aclarar a mis paisanos de ahora que lo ignoren que, en tiempos pasados Orihuela, por estas fechas, se impregnaba de olor a arrope, gachas, boniatos y calabaza asados en la tahona más cercana. En el Teatro Circo, se interpretaba ‘obligatoriamente’ la obra de Zorrilla D. Juan Tenorio. Cuando llegaban estos signos, posiblemente tristes, anunciaban la proximidad de Todos los Santos y el “Día de las Ánimas del Purgatorio”—como también se denominaba popularmente el 2 de noviembre.

Pero, al comentar lo anterior, no deseo alejarme de lo que me ha llevado a escribir este artículo: la festividad de Todos los Santos y la de los Difuntos.

Al contrario de lo que mucha gente cree, el 1 de noviembre, día de Todos los Santos no es un día de “penas”, ni tampoco es “el día de los muertos”— como dicen algunos. Los cristianos queremos celebrar el día de todos los que han fallecido sin distinción de edad, raza o sexo que vivieron y murieron siendo portadores de unos valores excepcionales y un carisma especial —los que figuran en el santoral y los que no han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia por haber pasado por este mundo siendo personas anónimas—. Por tanto, estamos conmemorando a todos los que nos precedieron y gozan ya de la presencia de Dios. Es día de gozo para todos, pues ellos interceden por los que todavía estamos aquí.

La fiesta de Todos los Santos debe ser un día hermoso, festivo, de alegría, no debemos confundirlo con la nostalgia que nos produce el día de los Difuntos que, por ser dos celebraciones que van unidas —el 1 y el 2 de noviembre—, caemos muchas veces en el error de fundirlas en una sola cosa. Debemos diferenciar los dos días: El 1 de noviembre, festivo, de alabanza a Dios a través de todos los que gozan ya de su presencia. (Todos los Santos). El día 2 de noviembre: La Iglesia Universal ruega por todos los fieles difuntos. Jornada más que apropiada para recordar a nuestros familiares, amigos, vecinos y conocidos que nos antecedieron en la fe y pedir por su eterno descanso.

En el recuerdo de nuestros antepasados me permito citar parte de lo que, sobre el misterio de la muerte, dice la Iglesia en los “Documentos del Concilio Vaticano II”:

“… Dios llamó y llama al hombre para que se adhiera a Él con la totalidad de su naturaleza, en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Y esa victoria la consagró Cristo resucitado a la vida y liberando al hombre de la muerte con su propia muerte. La fe, por consiguiente, apoyada en sólidas razones, está en condiciones de dar a todo hombre reflexivo la respuesta al angustioso interrogante sobre su porvenir; y al mismo tiempo, le ofrece la posibilidad de una comunión en Cristo con los seres queridos, arrebatados por la muerte, confiriéndoles la esperanza de que ellos han alcanzado ya en Dios la vida verdadera”. (Gaudium Et Spes 18-14,15).

A la vista de lo que dice el Concilio y de lo que es nuestra fe, las aglomeraciones de vehículos estos días en los alrededores de los cementerios, las flores, la visita a las tumbas… no son lo más importante; eso se puede realizar cualquier día del año, tampoco es preceptivo hacerlo. Lo verdaderamente primordial es llevar el recuerdo de nuestros seres queridos siempre con nosotros y rogar por ellos todos los días.

Que pasemos un feliz día de Todos los Santos y un reflexivo día de Difuntos. Buen provecho a los que aún conserven la tradición de tomarse sus gachas con arrope y calabazate.

 

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SAULO DE TARSO, COLUMNA MAESTRA DE LA IGLESIA

 

 

Si existe una figura controvertida desde los principios del cristianismo, esa ha sido la de Saulo de Tarso. Jesús de Nazaret instituyó su Iglesia nombrando a Simón (Pedro), la piedra que cimentaría su estructura, lo hizo personalmente, delante de los otros apóstoles: “... y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia...” [Mt. 16, 18.] Sin embargo, esa incipiente Iglesia necesitaba una columna maestra que aguantase las duras pruebas que le esperaban. El Señor puso sus ojos en el enemigo más feroz que tenía, el impetuoso, el implacable perseguidor de los primeros cristianos: Saulo de Tarso.Pero Saulo que no conoció a Jesús personalmente, ¿quién fue en realidad? ¿Por qué esa inquina por los seguidores del nazareno? ¿Qué daño le habían hecho éstas pobres gentes a él?Saulo, que deriva del hebreo “Shul”, que a su vez significa “deseado”, nació en Tarso, por entonces una importante ciudad, disponía incluso de una Escuela de Retórica y de Filosofía. Saulo era semita de nacimiento pero tenía la ciudadanía romana, esta condición para un hebreo era un gran honor y defendían su status ante los demás con gran vanidad. [Recordemos que aquel país estaba ocupado por el Imperio Romano]; para que un hebreo pudiese obtener la ciudadanía romana tenía que ganársela, bien en acciones de guerra o pagando fuertes sumas de dinero. Se ignora cómo la obtuvieron los padres de Saulo. Si alguien se arrogaba ese título sin tenerlo, era condenado a muerte.Al parecer, Saulo utilizaba dos nombres, o mejor dicho, el mismo en distintos idiomas: Saulo como semita, y Pablo, como ciudadano romano. Comienza a utilizar el último con más frecuencia en sus relaciones con los gentiles (alta sociedad). Pablo tenía una buena preparación cultural, aunque no existen datos de su paso por la Escuela de Retórica y de Filosofía de Tarso. Las citas que hace en sus escritos son más bien de autores profanos. Por esta época, se destacaba por su odio hacia los primeros cristianos. Lo tenía todo calculado, era un hombre frío e implacable en su misión de perseguir, encarcelar y castigar a los seguidores de Cristo, pero había algo con lo que no contaba: con el muro de Dios. Pablo se dio de bruces contra él, como lo hiciera el Titanic contra el iceberg. El relato que se repite hasta tres veces en el libro de los Hechos, siendo iguales en lo fundamental, dice así: “Sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Él respondió: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer”. [Hch 9, 3-6.] Pablo, después de este importantísimo suceso se convierte al cristianismo, pero no de una manera pasiva, sino activa. Dios quiso que el ímpetu que derrochaba para atacarle lo tuviese para edificar su naciente Iglesia, por eso le eligió y le convirtió en la “viga o columna maestra de su edificio”. Después de algunas predicaciones bajo la dirección de Bernabé, y ante la poca fiabilidad que despertaba entre los seguidores de Jesús, decidió retirarse al desierto en soledad a orar y meditar profundamente sobre todo lo que le había ocurrido. También consideró necesario hacerlo porque su vida iba a cambiar absolutamente. Desde que se incorpora de nuevo a la sociedad, Pablo lleva un trasiego enorme, predica en sinagogas, se marcha un año a Antioquia, habla con toda clase de gentes y allá donde le escuchan enseña la buena nueva. Su carácter fogoso le impulsa a hablar con gentiles, con judíos de la diáspora y con todo aquel que le escuchase. Viaja a Antioquia varias veces, Chipre, Pege, Antioquia de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, Cita, Salamina, Pafos, Éfeso, Corinto, etcétera. Desde Roma, al parecer, vino a España, este dato no se confirma en los escritos. Su actividad es inmensaCon sus cartas crea Pablo una doctrina cristiana, lo hace a los Tesalonicenses, Corintios, Gálatas, Romanos, Colosenses, Efesios, Filipenses. También a Filemón, Timoteo y Tito. A estos últimos, ya en su vejez y cautiverio da instrucciones con normas concretas sobre la dirección de la Iglesia. Según los datos obrantes, se puede deducir que Pablo nació en el año 3. En el 36 le llega la conversión. Del 36 al 45 se prepara para el apostolado. Del 45 al 48 realiza su primer viaje apostólico. En el 49 se celebra el Concilio de Jerusalén. Del 49 al 53 realiza su segundo viaje. Del 54 al 58 su tercer viaje. Del 59 al 60 es cautivo en Cesárea. Del 61 al 62 es cautivo en Roma. En el 67, escribe una carta a Timoteo en la que le dice que ya no tiene esperanza de ser absuelto. San Jerónimo explica que murió a espada en el lugar llamado “Ad aquas salvias”, cerca de donde está hoy su basílica en Roma, en el año 14 de Nerón, hacia el 67 d. C. Hubiera sido impensable que la Iglesia de Cristo se hubiese estructurado sin la presencia en ella de Pablo de Tarso, considerado verdadero apóstol de Jesús, no por estar entre los doce, sino por la gracia de Dios.

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Bibliografía consultada:

-Biblia de Jerusalén

-Apuntes de teologícos

 

LOS AGUINALDOS

 

 

 

En estas fechas que se avecinan, me vienen a la memoria muchas cosas de mi juventud en Orihuela. Es inevitable que uno rememore, algunos hechos y costumbres de la Navidad de su adolescencia. Una tradición muy generalizada en aquella época eran los aguinaldos.

Unos días antes de Nochebuena, los picaportes de las casas y las campanillas enlazadas a la calle por una cuerda o cadena, (entonces existían muy pocos sistemas electrónicos), sonaban con mucha frecuencia; todo el mundo esperaba en su casa por esas fechas a gente que pedía el aguinaldo.

Los que no faltaban nunca a la cita eran, en primer lugar el cartero. Este funcionario iba siempre con uniforme de sarga gris en verano y de paño azul marino en invierno, tocado con su reglamentaria gorra de plato, una enorme cartera de cuero colgada al hombro y echada hacia la espalda, las manos también ocupadas con sendas misivas; llegaba a la puerta de las viviendas y, tras tocar, acudía el ama de casa, ésta era felicitada por el probo repartidor postal que siempre era recompensado con algún dinero, nunca más de una moneda de cinco pesetas, (el tradicional “duro”).

El barrendero municipal era otro incondicional a la cita, cuando se dedicaba a solicitar el aguinaldo aprovechaba su día libre lo más cercano a Nochebuena y realizaba el recorrido. Visitaba los domicilios de calles y plazas donde ejercía su trabajo, en esa jornada se ataviaba con su mejor ropa, se peinaba y afeitaba pulcramente y con unas tarjetas de visita que reproducían un dibujo del típico barrendero con la escoba en la mano y la inscripción “El barrendero de su calle le desea unas Felices Pascuas y un próspero Año Nuevo”; entregaba su felicitación y esperaba algunas monedas que, casi siempre recibía.

La Policía Municipal que dirigía el tráfico con su gabán azul marino y casco blanco no tenía por costumbre pedir el aguinaldo, pero se puso de moda a medida que en España iba creciendo el número de vehículos el reconocer la importante labor de estos agentes (toda vez que los semáforos eran muy escasos), y los automovilistas recompensaban a dichos funcionarios municipales con alguna botella de bebida típica navideña o tableta de turrón; lo hacían desde su vehículo aminorando la marcha al pasar por el lado del agente, sacaban la mano por la ventanilla y dejaban caer el presente. Esta costumbre, que en principio la pusieron de moda los taxistas madrileños, comenzó a proliferar por toda España después de estrenarse la película “Manolo guardia urbano” donde se contemplaba tan simpática escena.

Otro colectivo que se sumaba a la práctica de los aguinaldos eran los serenos o vigilantes nocturnos, quizá con más justificación que nadie porque estos hombres no percibían sueldo alguno por parte de los ayuntamientos. Realizaban su importante labor de vigilar por las noches casas y establecimientos en calles y plazas sólo con las aportaciones periódicas que recibían voluntariamente de los vecinos o comerciantes. Tampoco portaban armas, por todo uniforme vestían un guardapolvo gris y una gorra de plato del mismo color, para su defensa utilizaban un callado y un silbato que hacían sonar cuando necesitaban la ayuda de la patrulla policial.

Era, cómo no, un clásico ver a los niños y niñas de la época estrenando abrigo y zapatos de camino hacia la casa de sus padrinos para felicitarles el “primer” día de Navidad. (Les recuerdo que en Orihuela se celebraban tres días de Navidad: 25, 26 y 27). Los chavales visitaban a sus padrinos que le besaban la mano en señal de respeto, y éstos, le correspondían con un generoso aguinaldo.

El aguinaldo, que no tiene nada que ver con la propina que generalmente se le daba a los barberos, botones de hotel, acomodadores de cine, aprendices artesanos, repartidores, camareros, etcétera., era una bonita costumbre que ayudaba e ilusionaba a los trabajadores más humildes, si bien es cierto que, algunos patrones, se aprovechaban de esta circunstancia para rebajar el salario a sus empleados argumentando que en ese empleo se conseguían unas buenas cifras entre propinas y aguinaldos.

De cualquier manera ya tenemos aquí de nuevo la Navidad, con otras costumbres, pero Navidad al fin y al cabo. 

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HALLOWEEN. ¡Qué tontería!

 

 

En pocos días estaremos inmersos en la festividad de Todos los Santos. Ese día que, por obra y gracia de ‘nuestros’ Estados Unidos, se ha convertido en una fiesta pagana y de mal gusto, ya saben que me refiero a Halloween.

Los norteamericanos, en su afán de imponer al mundo entero sus costumbres, no ceja un momento en mostrarnos insistentemente en ese escaparate tan poderoso que es el cine y la televisión las bondades de sus usos y costumbres. Y no nos engañemos, la verdad pura y dura es que lo consigue. En mi juventud, cuando nosotros íbamos a comer “la mona” por Pascua Florida al Monte de San Miguel, nos parecía lo más divertido, éramos tan felices… hasta que vimos a William Holden y Kim Novak en la película “Picnic” que nos cautivó; y entonces nos dimos cuenta que un día de campo podía convertirse en una aventura maravillosa. Ya nunca fueron igual aquellas tardes campestres. “Picnic” nos hizo perder la inocencia a muchos de mi generación.

Ahora nos han “colado” la fiesta de Halloween. Hace ya algunos años que en España se viene celebrando, por parte de la juventud, esa barbaridad. Los jóvenes se disfrazan de esqueletos, brujas, dráculas, demonios o lo que sea con tal de parecer lo más asqueroso posible. Se reúnen en grandes concentraciones o en caseras fiestas de amigos donde bailan, beben y se divierten. El problema es que no sabemos qué es lo que celebran. Dicen que es el ‘día de los muertos’. ¡Qué tontería!

El día uno de noviembre no es el día de los muertos, sino de los que viven. Los católicos dedicamos esa jornada a honrar la memoria de todas las buenas personas que pasaron por este mundo haciendo el bien a los demás y que, por diversas circunstancias, no han sido reconocidos como santos. Si lo creemos así, ¿Por qué hacemos el ridículo con esos disfraces?

El día dos de noviembre, ese sí es el día de los Fieles Difuntos, es decir, de todos los fallecidos. Ahí es donde los creyentes, de una manera especial, debemos recordar a nuestros familiares y amigos que ya murieron. Por estar ambos días juntos y el primero ser festivo, mucha gente dedica el día de Todos los Santos a sus antepasados, y el día dos, se olvida del significado de la jornada.

No cabe duda que los norteamericanos son maestros de la propaganda, Santa Claus o Papá Noel —lo mismo da—, se ha instalado entre nosotros definitivamente, desplazando nuestra tradición belenística. Han tenido la ventaja de ganar terreno a los Reyes Magos por la fecha de intercambio de regalos. La sobremesa de Nochebuena es más propicia para entregarles a los niños sus juguetes y, de paso, también a los mayores que se apuntan al reparto. El seis de enero, día de los Reyes Magos, coge muy lejano y ya coincide con el final de las vacaciones navideñas, por lo que no tienen tiempo de disfrutar los niños sus juguetes.

El Tío Sam” continúa su campaña mundial para implantar sus tradiciones, dentro de poco, ya lo verán, celebraremos aquí el Día de Acción de Gracias, con el pavo relleno incluido. Todo se andará…

El cine y los telefilmes norteamericanos, en lo que son auténticos maestros, nos muestran, casi siempre, una sociedad opulenta, con unas casas lujosísimas, unos personajes guapísimos y educadísimos. Tanto los mayores como los niños son todos muy inteligentes, saben comportarse y lo que tienen que decir en cada momento. Los coches son casi siempre de alta gama… Es una sociedad perfecta. Pero, ¿realmente es todo esto así, o es una cortina de humo?...

Ellos “exportan” todo lo suyo y, sin embargo, se cierran a todo cuanto les pueda entrar del exterior. Desprecian nuestros jamones y embutidos, productos que buscan ávidamente y consumen hasta la saciedad cuando vienen a nuestro país, pero nos quieren introducir los perritos calientes con mostaza y la comida basura. Cocinan con mantequilla, pero cuando llegan a España se ponen hasta arriba de aceite de oliva. Beben botes de cerveza, pero en cuanto pisan la piel de toro se ponen morados de Rioja o Valdepeñas, sin despreciar el Jumilla…

Los norteamericanos siempre están dando lecciones al mundo de democracia y de derechos humanos, pero ellos tienen siempre lleno el corredor de la muerte, y ejecutan hasta personas con discapacidad intelectual…

No deseo alejarme del motivo que me ha inspirado a escribir este artículo, o sea, del Día de Todos los Santos. A mí me gustaría celebrarlo como siempre, a lo español: viendo los puestos de crisantemos, comiendo gachas con arrope y calabazate y, por supuesto, pidiendo por mis antepasados, amigos y compañeros que ya se fueron.

La tontería de Halloween, para otros.

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Imágenes de Ntro. P. Jesús Nazareno de Orihuela (izquierda) y Aracena

 

 

 

NTRO. PADRE JESÚS NAZARENO EN ORIHUELA Y ARACENA

Dedicado a mi buen amigo y compañero, ejemplar aracenense,

JAVIER MOYA RODRÍGUEZ

 

En un país como el nuestro donde sus habitantes somos mayoritariamente católicos, es natural que se convulsione cuando llega Semana Santa. Toda España se convierte en una Jerusalén. Los pueblos y ciudades, en pequeña o gran medida, reproducen en sus calles y plazas la Pasión de Cristo. En algunos lugares con gran boato y riqueza de imágenes; en otros, humildemente, con muy pocos medios. Existen aldeas o caseríos que, a falta de esculturas representan sus vecinos la Pasión del Señor. Todo está bien cuando se desea rememorar con fervor la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero, no siempre fue así, hubo un paréntesis en nuestra historia reciente, junto con los avatares de la Guerra Civil que hicieron que se prohibieran en algunos lugares este tipo de manifestaciones religiosas. Ahora que tan de moda está el hablar de la memoria histórica, sería el momento de recordar las innumerables tallas que fueron destruidas para siempre, privando a nuestros pueblos y ciudades de valiosas obras de arte, sin entrar en otras consideraciones de carácter sentimental o religioso, siendo muchas de ellas objeto de culto y veneración del pueblo creyente.

A este respecto, nos vamos a referir a dos ciudades españolas que tuvieron que padecer la pérdida de varias imágenes sagradas muy veneradas por sus habitantes; una de ellas fue nuestra Orihuela. La otra, un precioso pueblo de la provincia de Huelva llamado Aracena.

Orihuela, ciudad monumental, (86.826 habitantes), capital de la Vega Baja del Segura, se encuentra situada al sur de la provincia de Alicante, y con su huerta, forma parte de la depresión prelitoral murciana en su extremo oriental. Está protegida la ciudad por el Monte de San Miguel y la Sierra de Orihuela, siendo recorrido el núcleo urbano por el río Segura. La ciudad es capital de la Diócesis de Orihuela, que por Bula dictada por el Papa Juan XXIII en 1968 cambió su nombre por el de Diócesis de Orihuela-Alicante.

Situado al norte de la provincia de Huelva se encuentra el parque natural “Sierra de Aracena y Picos de Aroche”. La ciudad de Aracena, considerada capital serrana, posee una población aproximada de unos 8.000 habitantes. Se trata de una zona principalmente agrícola y de servicios, destacando su gran tesoro natural, como es La Gruta de las Maravillas.

 

En Aracena, al igual que en nuestra querida Orihuela, su semana mayor es la Semana de Pasión. Asentado en la ciudad de Alicante y enamorado de nuestra ciudad, de sus tradiciones y su patrimonio cultural, vive Javier Moya Rodríguez, aracenense, que año tras año es fiel a su encuentro penitencial en las hermandades de su pueblo natal.

Aracena, como Orihuela, sufrió en sus carnes la pérdida traumática durante la Guerra Civil de una imagen muy querida por ellos: Ntro. Padre Jesús Nazareno, el del pelo natural y la cruz sobre el hombro derecho, (siglo XVI), atribuida a Luisa Roldán (“La Roldana”).

Orihuela, tuvo que soportar por las mismas circunstancias anteriores, la destrucción de la imagen de su Patrón, Ntro. Padre Jesús Nazareno, del escultor Nicolás de Bussy.

Como todos mis coterráneos conocen, la imagen de nuestro Patrón actualmente corresponde a una talla del escultor oriolano José Sánchez Lozano, y es una réplica de la anterior.

La imagen actual aracenense de Ntro. Padre Jesús Nazareno es una escultura encargada esta vez al tallista José Ribera, que no realizó una réplica exacta, ya que la anterior lucía cabello natural y la cruz la portaba sobre el hombro derecho, mientras que la escultura de ahora el cabello forma parte de la talla y la cruz la lleva sobre el hombro izquierdo.

La similitud existente entre la Muy Ilustre Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Orihuela; con la Ilustre, Venerable, Real y Pontificia Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aracena, es sin duda significativa. En nuestra ciudad componen la Mayordomía tres tercios: Nuestro Padre Jesús Nazareno, Patrón de la ciudad y su huerta; San Juan y la Dolorosa, y el Santísimo Cristo de la Agonía. Su homóloga de Aracena la componen dos pasos: Nuestro Padre Jesús Nazareno, y María Santísima de la Amargura, acompañada por San Juan Evangelista; lleva uno menos ya que no procesiona, como en Orihuela, el Cristo Crucificado.

La Mayordomía de Orihuela, procesiona el Miércoles Santo por la tarde realizando un recorrido desde su sede en el convento de San Francisco, hasta el Santuario de Ntra. Sra. de Monserrate, y el Viernes Santo por la noche en la procesión general. Los 800 mayordomos-nazarenos que, bajo la dirección de su presidente D. Benedicto Martínez Vicente, acompañan actualmente a los tres tercios, en 1941 vestían con túnica de raso negro (al igual que los de Aracena), esta vestimenta ha ido modificándose hasta llegar al terciopelo morado con cíngulo de seda dorada el tercio de Nuestro Padre Jesús, y cíngulo morado los demás.

La cofradía aracenense, sale desde su sede en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción el Viernes Santo a las 5,30 de la madrugada, retirándose a las 10,30 horas tras recorrer la mayoría de calles y plazas de la ciudad. Como dato singular podemos citar el hecho de que el Señor, durante su recorrido, sufre tres caídas que corresponden a las que tuvo Jesús en su camino hacia el Calvario. En los tres puntos de la ciudad ya determinados por las Reglas de la Hermandad, al toque de una campanilla, los costaleros delanteros se ponen en cuclillas haciendo que el paso se incline hacia adelante dando la sensación de la caída de Nuestro Padre Jesús. Durante los minutos que dura este acto, tanto nazarenos como pueblo adoptan la posición de genuflexión, guardando un silencio absoluto. Los casi 450 hermanos-nazarenos que acompañan en la procesión visten túnica de raso negro con cola de dos metros recogida en la cintura con ceñidor de esparto de unos 25 centímetros de ancho, capirote de color morado, y medalla al cuello con cordón morado. El cirio que portan los hermanos- nazarenos que siguen al Señor es de color morado, mientras que los de la Virgen son blancos.

Cabe destacar la importantísima misión que tienen en esta hermandad tanto el Director Espiritual D. Longinos Abengózar Muñoz, como el Hermano Mayor D. Manuel Lanne Lenne, y jóvenes costaleros.

Como otro vínculo entre Aracena y Orihuela, es de significar el hecho de que, desde la Semana Santa del año 1999, Ntra. Sra. de la Amargura, realizó su acto penitencial con una daga de plata y oro, donada por dos nazarenos aracenenses y confeccionada en los talleres de orfebrería de los hermanos Martínez Vicente en Orihuela. La pedrería fue engarzada por Javier Moya Rodríguez, (gemólogo), quien se ocupó de la confección de dicha pieza.

Este modesto trabajo, que no pretende hacer una comparación global entre los desfiles procesionales de Orihuela y Aracena, ni de una ciudad y la otra, sino alguna similitud entre dos cofradías distantes como son la Muy Ilustre Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Orihuela; y la Ilustre, Venerable, Real y Pontificia Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aracena, que muy bien podrían ser hermanadas, sólo pretende dar a conocer a los oriolanos algunas afinidades de la Semana Santa de Aracena, y a los aracenenses igualmente algo de la Semana Santa de Orihuela.

 

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MIÉRCOLES SANTO EN LA O.F.S.

 

EN HOMENAJE PÓSTUMO AL PADRE DOMINGO,

QUE YA PARTIÓ A LA CASA DEL TODOPODEROSO

 

 

El Miércoles Santo en Orihuela es el día de la Orden Franciscana Seglar, aunque ésta organización religiosa por razones obvias no desea protagonismos, es inevitable que así sea. Cuando cae la tarde, a eso de las siete, los tambores redoblan, el medio millar de nazarenos y mayordomos comienzan a desfilar, suena el himno nacional y aparece majestuosa la imagen de Nuestro Padre Jesús por la puerta del convento franciscano de Santa Ana.

Emoción y devoción desbordante entre el pueblo de Orihuela, la gente se agolpa para ver pasar a su Patrón, va llegando a Capuchinos y la tarde declina, los cirios de los nazarenos se iluminan y la sagrada imagen flanqueada por su guardia de honor se va acercando al santuario de Monserrate; desde los balcones se oyen saetas, otra vez se escucha el himno nacional, el Señor se recoge en la casa de su Madre, nuestra Patrona la Santísima Virgen de Monserrate, los aplausos del pueblo que no quiere perderse este momento suenan un año tras otro con mayor resonancia.

Pero el Miércoles Santo los franciscanos seglares comienzan el día temprano, los preparativos de la procesión, florear los tres pasos (N.P. Jesús, El Cristo de la Agonía y La Virgen Dolorosa y San Juan), después se organiza una frugal comida de hermandad en el comedor franciscano que, se aprovecha para rendir un modesto pero sincero homenaje a alguna persona que se haya destacado por su amor y dedicación a Nuestro Padre Jesús.

Este año ha sido homenajeado un hombre singular, conocido en toda la ciudad por los muchos años que lleva entre nosotros, querido por todos los oriolanos por su amor a Nuestro Padre Jesús y a Orihuela; no podría ser otro que el Padre Domingo. Este franciscano de 83 años ha pasado gran parte de su vida en el convento oriolano y, a decir de Benedicto Martínez, presidente de la Mayordomía; “cuando lo han destinado a otro sitio se ha escapado para venirse a Orihuela”.

El Padre Domingo es muy popular entre nosotros por sus cánticos en las novenas al Señor y en las procesiones, por sus largas horas al cuidado de la imagen de Nuestro Padre Jesús y, sobre todo, por su bondad y simpatía sin límites.

También, como buen murciano, es amante de hablar el “panocho”, lenguaje huertano que domina a la perfección.

El Padre Domingo que dio las gracias a todos emocionado, correspondió con lo que mejor sabe hacer: la bendición de San Francisco.

Fue felicitado por el Padre Guardián fray Fernando Cuenca y todos los religiosos del convento, también por la ministra de la O.F.S. Josefina Melgarejo, así como también por el presidente de la M.I. Mayordomía Benedicto Martínez, y todos los asistentes.

Enhorabuena al Padre Domingo, le deseamos larga vida entre nosotros y le transmitimos nuestro agradecimiento y cariño, que no es más que, justa correspondencia a lo mucho que él ha hecho por todos los oriolanos.

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