ARTÍCULOS 2

 

AQUELLOS CINES DE ORIHUELA

 

 

DIARIO "INFORMACIÓN" digital

 

 

   Cinco cines había en mi juventud en Orihuela: Teatro Circo, Salón Novedades, Riacho, Avenida y Casablanca; de los cuales tan sólo dos disponían de Terraza de Verano, el Riacho y el Casablanca, los otros eran eminentemente de invierno.

   Cada cine tenía sus peculiaridades. El Teatro Circo disponía de un gran patio de butacas, anfiteatro que era una fila de sillones situados en la parte alta, siendo algo más económica la localidad que la anterior, y por último la general. La general consistía en unas gradas de madera que había que compartir sin separación alguna. Gozaba de una cantina o “ambigú”, —como se decía entonces—, donde por un real podías adquirir una gaseosa fresca de un cuarto de litro, de las fabricadas por Antonio Rabasco, en la calle Obispo Rocamora.

   El Salón Novedades poseía dos localidades: patio de butacas, que comprendía la parte baja y alta del local, y general, que estaba situada en las primeras filas de butaca, se dividía por una pequeña pared, no muy alta para no interrumpir la visibilidad desde la parte posterior. Ver una película en la general de este cine era terminar con tortícolis, ya que la pantalla se encontraba  materialmente encima del espectador.

    Este local disfrutaba la “ventaja” de encontrarse ubicado al lado de la confitería “Mary”, que elaboraba, para mi gusto, las mejores empanadillas de Orihuela. En el intermedio de las películas pidiendo autorización al portero podías salir a dicho establecimiento y volver bien pertrechado para la merienda con los suculentos manjares que allí se elaboraban. Además había un vendedor ambulante en la puerta con una gran cesta de mimbre que, por una peseta, te servía un cartucho grande con revuelto de almendras, “torraos” y  cacahuetes que procesaba él mismo, estaban deliciosos.

   El cine Avenida lo construyeron más tarde, era el más moderno y señorial, con su cafetería en la parte alta toda acristalada desde donde se podía observar la magnífica vista de la Glorieta. El patio de butacas era grande y bien dotado de asientos tapizados, no poseía entrada de general, y creo no equivocarme al decir que fue el primero de los locales cinematográficos de la ciudad que dispuso de aire acondicionado.

   El Riacho de invierno era un buen cine, algo pequeño pero bien equipado, sólo disponía de patio de butacas. Lo mejor era la Terraza de Verano, al estar pegada al río era muy fresquito, de hecho había que llevar alguna prenda de manga larga por las noches.

   El Casablanca, que en sus orígenes se llamó “CARGEN”, por las siglas de sus propietarios Cardona y Genovés, nació como Terraza de Verano, era precioso cuando lo inauguraron, las paredes llenas de celosías por donde trepaban los jazmineros y rosales,  con luces de colores que asomaban por los orificios de unas máscaras situadas en las mismas mamparas entre enredaderas. Era como estar viendo el cine desde un auténtico jardín. La costumbre en este local era llevarse la cena y hacerlo en unas mesas que colocaban en la parte trasera del patio de butacas, junto a la cantina, o en el mismo asiento que se ocupaba para ver la película. Al poco tiempo se construyó el Casablanca de invierno, y la Terraza de Verano la habilitaron por el día como pista de patinaje y por la noche se convertía en cine. Los  miércoles se celebraba el “Día del Productor” en todos los cines; con la misma programación del resto de la semana costaba la localidad el cincuenta por ciento más económica, por lo que  se abarrotaban las salas de público.

   Los colegios Oratorio Festivo y Santo Domingo, así como el Círculo Católico, realizaban también sesiones de cine,  con películas dirigidas, mayormente a los jóvenes.

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