RELATOS CORTOS (2)

 

 

ATRACO PROVIDENCIAL

 

 

    22 de diciembre, sonó el despertador y Roberto lo miró con un ojo entreabierto, eran ya las siete de la mañana, hora de levantarse, aún quiso aprovechar cinco minutos de cama y se enroscó entre el edredón. Laura le dio con el talón al tiempo que le soltó:

Cariño, vamos a levantarnos que hoy nos espera un día duro de trabajo…

Tomaron un frugal desayuno y se dispusieron a coger el automóvil. La radio del vehículo comenzaba a emitir el sorteo de la lotería de Navidad, con el típico sonsonete de los niños de San Ildefonso.

Llegaron a su tienda de comestibles y, tras aparcar en aquella endiablada calle, subieron la persiana. Todo era normal para el joven matrimonio. Se revistieron ambos con su bata de trabajo y comenzaron la faena diaria: Preparar el mostrador, barrer, cambiar algunas cosas del pequeño escaparate…

Todo transcurría con normalidad, la clientela habitual acudía a la tienda como todos los días; ya eran las siete de la tarde cuando de pronto irrumpió en el comercio un hombre pistola en mano:

¡Manos arriba! —Gritó con voz temblorosa.

-¡Esto es un atraco, vamos, rápido, pon en esta bolsa todo lo que haya dentro de la caja!—dijo, dirigiéndose a Roberto.

En el local se encontraban en ese momento los propietarios y tres clientas que atemorizadas se pegaron a la pared.

La caja contenía una sustancial cantidad de dinero ya que, al día siguiente, tenían que pagar a proveedores.

El atracador, una vez conseguido el botín, salió corriendo calle abajo. Roberto avisó de inmediato a la policía, haciendo acto de presencia un coche patrulla con dos agentes.

Tras presentar Roberto la denuncia, dio las características del autor: Hombre de unos 40 años de edad, alto, pelo negro y largo, barba abundante, jersey marrón muy raído…

Cerraron Laura y Roberto el establecimiento y se marcharon a casa con el consiguiente disgusto. Al día siguiente, 23 de diciembre, regresaron a su tienda como de costumbre, aunque todavía muy nerviosos. Pasaron la jornada sin ningún otro desagradable sobresalto. Igualmente ocurrió al día siguiente.

Roberto y Laura eran todavía un jovencísimo matrimonio, emprendedores, con ganas de luchar para labrarse un porvenir, pero aquél fatídico día del atraco les cayó como un jarro de agua fría en sus ilusiones. No obstante, procuraron celebrar la Navidad como si no hubiese ocurrido nada en su negocio.

Era la hora de comer del 25 de diciembre. Recibieron una llamada de la policía:

-¿Don Roberto? —Preguntó el agente.

-¡Sí, al aparato— respondió Roberto.

-Soy el inspector Rodríguez, convendría que viniesen a Comisaría usted y su esposa esta misma tarde, hemos detenido al atracador de su comercio y necesitamos que lo identifiquen… —Espetó el agente.

Lo haremos sin falta, muchas gracias—manifestó con voz temblorosa Roberto.

Aquella tarde se dirigieron Roberto y Laura hacia Comisaría. Al llegar preguntaron por el inspector Rodríguez y este les recibió en su despacho.

Tras explicarles que el detenido no era un delincuente habitual, sino un hombre desesperado por carecer de trabajo y no poder mantener a su familia, y que el arma que utilizó en el robo era simulada, que además, había entregado el dinero recaudado, Roberto y Laura quisieron hablar con él, a lo que el inspector accedió.

-Pero hombre de Dios, ¿cómo se le ocurrió a usted hacer semejante tontería?—, le soltó Roberto a aquél desconocido.

-Estaba desesperado, hace mucho tiempo que no tengo trabajo y no puedo llevarle a mi familia nada para celebrar la Navidad…, por eso lo hice.

Roberto se compadeció de aquél pobre hombre y quiso ayudarle.

-¿Trabajaría usted para mí? Hace tiempo que mi esposa desea dedicarse a la faena de la casa y yo necesito un hombre que me ayude en la tienda—expuso Roberto.

-¡Claro que sí, encantado!, pero ¿confiaría usted en un hombre que le ha robado en su establecimiento?...

-Usted no es un ladrón, amigo mío, es una persona víctima de los tiempos que atravesamos…

Roberto habló con el inspector, y este, atónito, dirigiéndose a Roberto le inquirió.

-Don Roberto ¿qué le ha hecho a usted tomar esta decisión?...

Inspector, a este hombre lo ha puesto la Providencia en mi camino para que le ayude… Hoy, día de Navidad, comenzará una nueva vida para él.

 

***