TEMAS RELIGIOSOS 3

 

 

ANTONIO COLOMINA RIQUELME

Responsable de Formación en la Orden Franciscana Seglar

 

Artículo publicado en el diario INFORMACIÓN, el 18 de marzo de 1997

 

 

ORIHUELA Y SU SEMANA SANTA

 

ORIHUELA, capital de la Vega Baja del Segura, con su huerta forma parte de la depresión prelitoral murciana en su extremo oriental. Está protegida la ciudad por el monte San Miguel y la sierra de Orihuela, siendo recorrido el núcleo urbano por el río Segura. (Hoy muy deteriorado por los vertidos incontrolados y la grave contaminación de sus aguas). Posee Orihuela un extenso térmi-no municipal que engloba más de 25 pueblos y aldeas, con un total de 50.000 habitantes de los que la mitad viven en la ciudad. Su clima es mediterráneo surestino, con una temperatura media anual de 18,3 grados. A treinta kilómetros de la ciudad se encuentran sus cálidas playas de fina arena ubicadas en cuatro parajes paradisíacos: La Zenia, Punta Prima, Mil Palmeras, Cabo Roig y Dehesa de Campoamor. Muy pronto se va a celebrar en Orihuela uno de los acontecimientos más importantes y grandiosos del año: la Semana Santa. Los desfiles procesionales comienzan en esta ciudad allá por el año 1759 y a finales del siglo XVIII Orihuela y su Semana Santa incorpora la Centuria Romana, (conocida popularmente por los «Armaos»); dando gran vistosidad a las mismas con sus cuádrigas, clarines y sus fastuosos trajes. Desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección son cuantiosas las hermandades y cofradías que sacan sus pasos a la calle, siendo imposible enumerarlas todas en este modesto trabajo destacando las siguientes: La Flagelación (de E. Galarza), El Prendimiento, La Oración en el Huerto y la Negación de San Pedro (todos de Coullaut-Valera). El Perdón, con los pasos de Nuestro Padre Jesús de la Caída (de Salcillo y F. Farinés), La Verónica (de J. Diez), María Santísima del Perdón (de Quintín de Torres). Últimamente se ha incorporado con gran fervor popular el Cristo del Calvario, imagen muy venerarada en la S. I. Catedral. El Lavatorio cuyo paso titular con el Arrepentimiento de San Pedro son ambos de Salcillo. El Ecce-Homo, paso titular de Salcillo y la figura de Pilato de Arroyo y Rabaza. La Orden Franciscana Seglar y Muy Ilustre Mayordomía de Nuestro Padre Jesús, imagen titular es Nuestro Padre Jesús Nazareno (Patrón de Orihuela y su huerta). La Dolorosa y San Juan (todos de Sánchez Lozano) y el Cristo de la Agonía de Salcillo. La Hermandad del Silencio, sale Jueves Santo. La originalidad de esta procesión estriba en que a su paso por las calles de la ciudad se apagan todas las luces transcurriendo a oscuras, observándose un profundo y respetuoso silencio sólo roto por los cantores de la Pasión. Jesús y la Samaritana, paso titular de V. Grasses, la Conversión de María Magdalena de J. Planes. Hermandad del Cristo de Zalamea, su figura principal y Nuestra Señora del Consuelo (de autores anónimos). Santo Entierro, abre la procesión el Caballero Cubierto; pasos: San Juan Evangelista (anónimo), la Cruz de los Labradores llamada también «Diablesa» (de N. Bussi) y Cristo Yacente (de J. Séiquer). Todos los años es designado un caballero cubierto porta-estandarte, honor que recae en una personalidad que se haya destacado por sus servicios a la ciudad. La tradición le confiere el privilegio excepcional de permanecer «cubierto» tanto en la procesión como en el interior de los templos por donde transcurre ésta. El Canto de la Pasión: actualmente «rivalizan» en Orihuela dos grupos de cantores que dan una pincelada de emotividad y originalidad en la semana mayor oriolana. Esta tradición arranca de muy antiguo, los grupos se componían de cinco cantores que entonaban en las noches una especie de salmodia o plegaria acompañados de instrumento musical de tonos bajos, casi siempre un bombardino. Hoy en día cantan sin acompaña-miento musical. La costumbre secular que tienen algunos nazarenos de dar caramelos tiene su origen de antiguo y lo hacían para mitigar el hambre por los largos ayunos de la Cuaresma. Orihuela en Semana Santa es una explosión de luz, color y sonido, no exento de fervor popular, y sus gentes saben conjugar perfectamente la vistosidad, y hasta el lujo de sus desfiles procesionales con la fe y religiosidad que les caracteriza.

 

***

 

 

 

Izquierda, Antonio G. Colomina como Arriero 1º en "El cantar del arriero"

Dcha. Antonio Picazo (tenor), Antonio Esquiva, Enrique Manzanares y Antonio G. Colomina en el

coro de "La tabernera del puerto". Ambas zarzuelas puestas en escena en el Teatro Circo de Orihuela

 

 

 

GRATOS RECUERDOS: SEMANA SANTA, ZARZUELAS...

(Publicado en la revista OLEZA-Semana Santa 2021

Por Antonio G. Colomina Riquelme

 

 

Cuando el director de esta prestigiosa revista, mi gran amigo Antonio Luis Galiano, me comunicó que este año, a pesar del COVID 19, y guardando siempre todas las medidas de seguridad que garanticen la salud, se iba a publicar, fiel a su tradición y en las fechas acostumbradas un nuevo número de OLEZA, no pude menos que alegrarme. También, y por primera vez, me recomendó que escribiera algo que recordara la Semana Santa de mi juventud.

Me puse delante del ordenador y no sabía por donde comenzar, absorto en mis pensamientos me dije: Antonio, no te inquietes, nada más sencillo, solo tienes que abrir de par en par tu pecho como una caja donde se guardan los tesoros más preciados, y dejar que afloren todas tus esencias guardadas celosamente durante tantos años: sentimientos, aromas, sabores, colores… emociones de tu niñez, cuando presenciabas las procesiones sentado en el regazo de tus padres en la puerta del antiguo Banco Central y más tarde Galerías Colón, a la entrada de la calle Mayor. Cómo te estremecías al extender tu pequeña mano para recoger aquel puñado de caramelos que te entregaba tu hermano Enrique al paso del Lavatorio, o tus primos Paco y Antonio Lozano desde la Cofradía de Los Azotes. Y la alegría que sentías al ver aquellas casetas de caramelos iluminados con artilugios de carburo. Aromas a tahonas, guirlache y buñuelos, todo entremezclado con el perfume del azahar que envolvía a Orihuela. Aquél Arco Iris que se hacía presente en las capas y túnicas nazarenas en unas calles de adoquines y albollones… Todo estaba guardado en lo más profundo de mi alma, o de mi corazón, o en ambos sitios… sólo he tenido que abrir mi pecho y dejarlos aflorar.

Recuerdos de mi más tierna infancia, cuando en mi casa de la calle del Horno, cerca de la cuesta del Seminario, donde me crié, en los albores de la primavera se escuchaban el sonido de los ensayos de las bandas en los patios del colegio Oratorio Festivo, ecos que se entremezclaban con la algarabía que formaban la legión de golondrinas que regresaban a sus nidos en las balconadas de las casas colindantes, y hasta los desafines de las cornetas de los nuevos educandos que llegaban hasta nuestros oídos, pero con el paso de los días, bajo la experta dirección del maestro Bonillo, y la atenta mirada del padre D. Antonio Roda, se observaba el progreso hasta llegar a ser aquellos aspirantes unos meritorios cornetas y tambores.

Y en mis vacaciones escolares, con qué alegría visitaba el centro de trabajo de mi padre en la Lonja de Frutas y Hortalizas y colaboraba, como en un juego, en la ornamentación de los pasos de La Oración en el Huerto y del Prendimiento, que se llevaban a cabo en el interior de aquél emblemático inmueble.

Recuerdos de la otra Semana Santa, la que realizábamos los niños cuando finalizaba la verdadera. Cómo íbamos en tropel a las tiendas de ultramarinos “La Cibeles”, que regentaba Eduardo Sánchez en la calle del Rio, “El Chermanet” y “Pepe el Olivero”en la Plaza de Abastos, o “Jeromo el del Puente”, donde su dependiente Paco García, nos surtía de botes grandes de conservas vacíos, y los convertíamos en tambores una vez forrados con telas negras imitando a los de la Convocatoria. Y mientras, las niñas, se confeccionaban sus peinetas de cartón, los chiquillos nos hacíamos capas y túnicas con papel de seda de colores adquiridos en Estruch. Los más habilidosos, con maderas desechadas en la carpintería de Leyva, de la calle José Antonio, elaboraban las andas que se adornarían con florecillas silvestres recolectadas en la sierra, y trasladarían los ‘santicos’ de arcilla comprados a la Sra. Soledad, una venerable anciana que tenía su humilde puesto en la Plaza Nueva.

También, cómo no, en la década de los cincuenta, todavía el que les habla era apenas un adolescente, formé parte del naciente grupo de los cantores de la Pasión, que más tarde se denominaría “Federico Rogel”, bajo la experta batuta del maestro D. Juan Pedro Muñoz. Recuerdo con emoción los ensayos nocturnos en la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, precisamente, junto a la pila bautismal donde fui acristianado en los brazos de mis padrinos, el doctor D. Manuel Andreu y su hermana Dña. Pilar.

No puedo tampoco pasar por alto algo que me hizo disfrutar de mi juventud y, al mismo tiempo, colaborar modestamente con la Semana Santa. En el incomparable marco del Teatro Circo, el día 1 de junio de 1957, tuve el placer de formar parte del coro de la Compañía Lírica “Gran Zarzuela” que puso en escena la obra, “La Tabernera del Puerto”, a beneficio de la Hermandad de la Convocatoria, junto a nombres tan vinculados a la Semana Santa como los de: Antonio Vicea, Antonio Picazo, Faustino Cayuelas, José Miguel Lacárcel, Luis Pérez, José Bas, y muchos otros no menos importantes, bajo la experta batuta de los maestros Bienvenido Espinosa y Alfredo Benavent.

El año siguiente, concretamente el 17 de mayo de 1958, y también con la noble misión de recaudar fondos, esta vez destinados a la Cofradía de El Perdón, pusimos en escena en este mismo marco la obra “El Cantar del Arriero”, en esta ocasión actuaron los nombrados anteriormente y algunos más también afines a la Semana Santa como: los hermanos Manuel y Luis Cañizares, Emilio Bregante Palazón junto a José Torres en la puesta en escena y la orientación literaria, así como Manuel Roberto Leonís, José López, Antonio Rabasco, José Lorente, los hermanos Paco y Alfonso Gutiérrez, y tantos y tantos que aportaron su granito de arena para engrandecer nuestras procesiones.

Luego vendrían otras puestas en escena en ciudades como Bigastro o Guardamar del Segura, que recabaron nuestra actuación tras el éxito obtenido en Orihuela. Siempre con la ilusión de recaudar algunas pesetas para beneficio de nuestras cofradías.

El 11 de marzo de 1961, bajo la dirección de otro grande de nuestra Semana Santa, Pepe Rodríguez, y la organización de Antonio Vicea, se puso en escena en el Teatro Circo “Los Gavilanes”, en esta ocasión a beneficio de la Mayordomía de Ntra. Sra. de Los Dolores. El reparto fue igualmente grandioso, por nombrar algunos se encontraban: Lolita Arques, Antonio Panús, Pepín Abad, Fina Cartagena, Manuel Cánovas, Pepe Rodríguez, Ginés Gea. Director del coro José Ruiz y al piano Alfredo Benavent. Sería casi imposible enumerar todos los participantes en las mencionadas obras líricas que fueron puestas en escena magistralmente.

Todo grandes y emotivos recuerdos que perduran en lo más hondo de mi ser.

***

 

 

Mural del milagro de las tres Faces que se encuentra en la Iglesia Parroquial de

Ntra. Sra. de los Ángeles de Alicante, realizado por el canónigo Soler Cardona.

 

 

LA SANTA FAZ Y EL CANÓNIGO SOLER CARDONA

Antonio Guzmán Colomina Riquelme

 

 

Cuenta la Tradición que una mujer salió al encuentro de Jesús en su camino hacia el Calvario y, apiadándose de Él, enjugó su rostro en un paño con tres dobleces quedando su semblante grabado en dicha tela. Aquél tejido se dividió, una parte se encuentra en Roma, otra en Jaén y la tercera, que es la que a nosotros nos ocupa, en el Monasterio de la Santa Faz de Alicante.

Muchas fueron las vicisitudes que tuvieron que ocurrir antes de que el sagrado lienzo recalara en Alicante. Según se cuenta, el sacerdote Pedro Mena viajó a Roma al ser nombrado cura de San Juan, y un cardenal, cuyo nombre se ignora, le entregó la reliquia, recomendándole la devoción y cariño merecidos. El cura puso la tela sobre una madera para la veneración de los fieles.

Existe otra versión: Un cardenal del Vaticano llega a San Juan a casa de su amigo Pedro Mena, en compensación por su hospitalidad le regala el lienzo sagrado para que sea venerado por los fieles y les ayude a acabar con la sequía que asola la zona, y que había hecho ya otro milagro en Venecia librando a sus habitantes de la peste. El lienzo era un paño de algodón donde estaba marcada la cara de Cristo por el sudor y la sangre.

En el año 1489 asolaba a Alicante una pertinaz sequía, y el 17 de marzo de dicho año, salió la Santa Faz en rogativa desde el pueblo de San Juan hasta el santuario de Ntra. Sra. de los Ángeles de la capital. Tras haber caminado en procesión un buen tramo, al pasar el pequeño barranco de Lloixa, el P. Villafranca que portaba en sus manos la reliquia, comenzó a notar que sus extremidades se paralizaban observando un gran peso en brazos y piernas, teniendo que ser auxiliado por otros religiosos que le llevaron hasta un pequeño promontorio situado un poco más lejos del barranco. En ese momento y lugar, todos los romeros pudieron ver cómo brotaba una lágrima del ojo derecho de la sagrada imagen, parándose en la mejilla. Ante tal prodigio, acordaron regresar hasta San Juan para repetir la romería el jueves siguiente.

Guillén Pascual, un terrateniente propietario de los terrenos donde ocurrió el milagro, comprobó con sus propios ojos que la lágrima del lienzo era verdadera y, conmovido, donó la parcela para que se construyera un santuario donde venerar la Santa Faz.

Como decimos anteriormente, la romería se repite el jueves siguiente con gran cantidad de gente, ya que el milagro de la lágrima había trascendido a toda la comarca. Parten de nuevo desde San Juan en dirección a la ermita de Los Ángeles en Alicante, fue tal la muchedumbre que en el interior de la iglesia no se pudo celebrar la misa teniéndola que realizar en el exterior, debajo de un pino. Acabada la eucaristía, el sacerdote celebrante levantó con sus manos la reliquia para que la pudiesen contemplar todos y, en ese momento, el clérigo levitó; se dice que la Santa Faz apareció tres veces en el cielo y comenzó a llover. Hoy, en Alicante, existe una calle con el nombre de Pino Santo, y cerca de allí, la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Ángeles, que sustituyó a la antigua ermita. Actualmente la reliquia se conserva en el interior de una estructura metálica y la apariencia es parecida a un espejo donde se dibuja la cara de Cristo y en su interior se encuentra el pañuelo que enjugó la cara ensangrentada de Jesús. El relicario se halla depositado en el camarín del monasterio de la Santa Faz que fue edificado en el lugar del milagro de la lágrima, para veneración de todos los fieles.

Al día de hoy, la romería se sigue realizando todos los años el segundo jueves después de Jueves Santo, coincidiendo con la fecha del prodigio. Es mucha la devoción que sienten los alicantinos de la capital y provincia por la Santa Faz, congregándose en torno a la anual peregrinación y fechas posteriores ingente cantidad de personas venidas de todos los pueblos de la provincia, que desean honrar con su presencia a la Santa Faz.

Son diversas las entidades oficiales y particulares que llevan el nombre de la Santa Faz, pero merece mi especial atención una grandiosa obra de arte que se puede contemplar en la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de Los Ángeles de Alicante —a solo unos metros del lugar donde ocurrió el milagro de la levitación y las tres Faces—. Se trata de un grandioso mural pintado en uno de los laterales de dicho templo, que representa el prodigio que acaeció.

La extraordinaria obra pictórica se llevó a cabo, según relata el prestigioso periodista y escritor alicantino Alfredo Aracil en el libro “Parroquia Ntra. Sra. de los Ángeles. Bodas de Oro 1952-2002”:

“… Don José Soler Cardona, querido y abnegado sacerdote y excelente pintor, cuya fama se acentuó a raíz de su elogiosa y acertadamente comentada exposición, que realizó en una importante sala de la capital, titulada ‘Los 33 rostros de Cristo’, que simbolizaba uno por cada uno de los años que Jesús vivió en la Tierra.

Conseguido el beneplácito de tan exquisito pintor, se instalaron los andamios, se hizo acopio de pintura, pinceles, brochas, aceites, aguarrás y otros productos y, se comenzó el trabajo.

Previamente, el artista reflejaba sobre la blanca pared los calcos de los dibujos que, poco a poco, iban tomando vida del boceto original, realizado de acuerdo con los datos existentes, pasados de generación en generación a través de distintos historiadores, apoyados en los mejores grabadores del momento, […] Desde que el mural fue concluido, son numerosos los visitantes que a diario acuden a contemplarlo, incluidos institutos, colegios, instituciones culturales y asociaciones, tanto de Alicante como de la provincia e incluso fuera de ella, como son los casos de distintos municipios de la Comunidad Valenciana y de Castilla la Mancha” […] El narrador hace hincapié en que don José Soler Cardona, no percibió por su trabajo ningún emolumento, haciéndose cargo la parroquia de los gastos de materiales empleados para la genial obra pictórica.

Breve biografía del artista: El M.I. Rvdo. D. José Soler Cardona nació en Cocentaina (Alicante) el 19 de enero de 1926, siendo ordenado sacerdote el 29 de junio de 1950. Desarrolló su año de convictorio en Santa María del Mar, de Valencia, antes de su nombramiento como capellán del arzobispo de Metimna, en Perú. Posteriormente fue cura de Benimantell, Castell de Guadalest, Benifato, Biar y Orihuela. En 1968 fue fundador de la parroquia de San Vicente Ferrer de Elche, donde ejerció su ministerio durante muchos años. Su actividad en la ciudad de las palmeras le llevó a fundar la Asociación Antialcohólica Apaex y a convertirse en capellán del Elche Club de Fútbol en Primera División. En 1990 fue nombrado canónigo de la catedral de Orihuela y director del Museo Diocesano de Arte Sacro. De hecho, una de las facetas en las que destacó de manera notable fue la del arte, sobre todo en el ámbito pictórico, al que era muy aficionado. Esa relación le llevó a ocupar cargos de gran importancia, como el de delegado episcopal del Patrimonio Histórico Artístico de la Iglesia Diocesana, secretario nacional de los Museólogos de la Iglesia en España, consejero provincial para la conservación del Patrimonio Histórco-Artístico del Ministerio de Cultura y, como ya se ha dicho, director del Museo Diocesano y Catedralicio de Arte Sacro de la catedral de Orihuela.

Don José Soler Cardona falleció en su ciudad natal el 19 de abril de 2009, a los 83 años de edad, habiendo dejado para la posteridad gran cantidad de obras de arte y una labor encomiable como sacerdote. Su devoción hacia la Santa Faz quedó patente en su grandioso mural realizado, como ya hemos comentado anteriormente, en el lateral derecho de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Ángeles de Alicante, situada a muy pocos metros de la extinguida ermita donde tuvo lugar el milagro de las tres Faces.

 

Bibliografía consultada

Wikipedia

“La verdad sobre la Santa Faz” de Federico Sala Seva

Web Turiguías Alicante

Diario Información

 Fotografía del mural:  Antonio G. Colomina Riquelme.

 

 

***

 

M.I. SR. D. ANTONIO RODA LÓPEZ

Canónigo de la S.I. Catedral

Hijo predilecto de Orihuela

Arcipreste de la Ciudad

Concejal honorario

Director del colegio Oratorio Festivo de San Miguel 

 

 

A LA MEMORIA DE D. ANTONIO RODA LÓPEZ, COMO SENCILLO HOMENAJE

EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (21-05-1909 21-05-2009)

por

Antonio G. Colomina Riquelme

 

El que esto les escribe, antiguo alumno del Oratorio Festivo y por lo tanto discípulo del insigne oriolano D. Antonio Roda, podría relatarles muchísimas anécdotas del popular y querido sacerdote, director del Centro “Oratorio Festivo de San Miguel”, pero hoy, como sentido homenaje hacia su figura, les voy a contar una de las muchas que protagonizó este singular presbítero.

Era allá por el año 1950, yo apenas contaba diez años, como todos los días de clase los alumnos teníamos que entrar en la capilla de María Auxiliadora antes de marcharnos por la tarde a casa. Tras los rezos pertinentes que dirigía el propio D. Antonio, que se sentaba delante del órgano en la parte trasera de la pequeña iglesia, se dirigió hacia el presbiterio dando sus características zancadas, vestía su negra sotana y sobre ella el roquete blanco de encaje, tocado con el bonete negro de cuatro puntas con su borla negra en el centro. Todos los alumnos en silencio y atentos hasta que, un pletórico y emocionado don Antonio comenzó su alocución:

Hijos míos, hoy, una vez más, la Santísima Virgen ha intercedido ante Nuestro Señor Jesucristo por las necesidades de este colegio. Esta mañana venía yo por la calle Mayor en dirección al Oratorio angustiado, me habían avisado del banco el vencimiento de una letra de cambio cuyo pago era inaplazable. Se trataba de una importante cantidad de dinero que correspondía a materiales de construcción empleados en la obra del colegio y no disponía de dinero para su pago. Ensimismado en mis pensamientos y encomendándome a María Auxiliadora ocurrió algo inesperado y sorprendente. Un señor bien vestido me abordó, tras saludarme me dijo que era antiguo alumno del Oratorio, que vivía en el extranjero y estaba pasando unos días de descanso en Orihuela en casa de sus familiares, que tenía conocimiento de las obras de infraestructuras tan importantes que se estaban llevando a cabo en el colegio y que deseaba aportar su granito de arena. Entonces sacó del bolsillo interior de su chaqueta un talonario y extendió un cheque que me entregó en la mano. Me fui a toda prisa hasta el banco y pagué la letra, aún sobró algo de dinero que ingresaron en la exigua cuenta del Oratorio”.

Así contaba don Antonio lo que él llamaba “cosas que me pasan”. Al acabar la operación bancaria fue de inmediato a postrarse ante ‘su’ Virgen para darle gracias.

Todo esto, siendo rigurosamente cierto, le servía al buen cura para catequizar a sus alumnos que nos inculcaban el amor y la devoción a María Auxiliadora, y a buen seguro que lo conseguía.

 

***