NECROLOGÍA

 

 

Fallece Monseñor D. Rafael Palmero Ramos

 obispo emérito de la Diócesis Orihuela-Alicante

El Excmo. y Rvmo. Sr. D. Rafael Palmero Ramos, fue investido Caballero de la Real Orden de

San Antón de la Ciudad de Orihuela en el año 2007

 

08-03-2021


 

Monseñor D. Rafael Palmero Ramos, obispo emérito de la Diócesis de Orihuela-Alicante ha fallecido esta pasada madrugada a los 84 años tras una larga enfermedad.

D. Rafael Palmero Ramos fue obispo de Orihuela-Alicante desde el año 2006 hasta su despedida el 23 de septiembre de 2012. Su fallecimiento llega tras esta larga enfermedad y ha ocurrido en el lugar donde vivía, la Casa Sacerdotal de la capital alicantina, desde que dejó de ser obispo hace 9 años.

Monseñor Palmero Ramos cursó estudios de Humanidades y de Teología en el seminario conciliar de Astorga (León) que posteriormente completó en Roma dentro de las universidades pontificias Gregoriana y Santo Tomás de Aquino.

Fue ordenado sacerdote en Astorga el 13 de septiembre de 1959, en cuya diócesis desempeñó su ministerio hasta que en 1972, de la mano del cardenal D. Marcelo González, fue destinado a la Archidiócesis de Toledo donde, en sucesivas etapas, fue profesor del seminario mayor, vicario y arcediano.

En 1987 fue designado Obispo Auxiliar de Toledo, cargo que desempeñó hasta 1996 en que fue nombrado obispo de Palencia, dentro de una etapa en la que fue presidente de la Fundación Las Edades del Hombre, y mostró una especial preocupación por la situación del patrimonio histórico y artístico de la Iglesia.

Después de diez años, monseñor Palmero fue enviado a la Diócesis de Orihuela-Alicante que dirigió hasta su renuncia en 2012. Un año antes el papa Benedicto XVI le nombró miembro del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.

Descanse en Paz

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Publicado en el diario "INFORMACIÓN" de fecha 19-08-2003

 

 

CAPITÁN D. MANUEL GÓMEZ GINERÉS

 

 

Aún no hace tres meses del terrible accidente de aviación que truncó la vida a 62 jóvenes militares españoles y parece ya olvidado este triste episodio. Los acontecimientos se suceden con mucha rapidez. Unas desgracias tapan otras. Durante este período de tiempo han sucedido cosas muy graves: atentados terroristas, accidentes laborales, de tráfico, etcétera. No obstante, y sin querer minimizar todas estas cosas, que tienen su importancia, y mucha, deseo rebobinar el vídeo de la vida y me detengo durante unos instantes a reflexionar sobre la muerte de esos 62 militares españoles que regresaban a sus hogares tras realizar una misión humanitaria en Afganistán y perecieron trágicamente en Turquía. Todos ellos personas jóvenes y brillantes en su profesión; pero entre todos había un alicantino de padre oriolano, bien digo, alicantino de pies a cabeza, pues aunque nació circunstancialmente en Pamplona, al mes y medio de edad ya lo trajeron sus padres a la ‘Terreta’, se trata del capitán de Ingenieros D. Manuel Gómez Ginerés.

El capitán Gómez tomó las aguas bautismales en la alicantina parroquia de Ntra. Sra. de Gracia y asistió al colegio público “Mora Puchol”, posteriormente al instituto “Figueras Pacheco” en su barrio de Babel. En ambos centros dejó huella por su inteligencia y sencillez, haciendo acopio de muchos amigos por su carácter afable y cariñoso con todos.

A los 18 años de edad, nada más acabar la selectividad —entre 4.950 alumnos de la provincia sacó él la máxima nota, siendo el nº 1—, se presentó a las pruebas para ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza, sin haber realizado una preparación específica, obteniendo un aprobado con alta calificación.

Realizó los estudios castrenses eligiendo el Arma de Ingenieros en la especialidad de zapador, saliendo de la academia con el grado de teniente y el nº 1 de su promoción.

Con 23 años de edad y su bien ganada graduación de teniente, fue destinado a la Brigada Acorazada de Madrid, más tarde, al ascender a capitán se incorporó a la Guarnición de Valencia.

El Ejército le premió con un viaje a los Estados Unidos para visitar la Academia Militar de West Point, por sus altas calificaciones y dominio del inglés.

Hasta aquí parece el currículum simplemente de un buen estudiante, pero no es sólo eso, además le adornaban otras virtudes, destacaba entre todas su amor por los más desfavorecidos. Bosnia y Afganistán fueron los dos países en conflicto en que actuó el capitán Gómez Ginerés, dejando en ellos lo mejor de sí mismo, ayudando a aquellas pobres gentes a reconstruir sus países y a restablecer la normalidad; todo hasta dejar su propia vida al regresar a casa. Iba a ser padre por primera vez y la fatalidad quiso que no conociera a su hijo, su pequeño Guillermo, nacido unos días después de su funeral en Alicante.

Este ciudadano alicantino que nunca dejó de tener su hogar entre nosotros, llevó el nombre de Alicante allá donde estuvo a lo más alto, y con su grandeza de alma entregó en plena juventud su vida por sus semejantes y por España; nunca hizo un reproche a nadie, sonreía ante la adversidad y, en definitiva, tanto bien hizo por la humanidad. Por sus indiscutibles méritos en todos los servicios que le fueron encomendados, se hizo acreedor de las siguientes condecoraciones:

—Cruz al Mérito Militar con distintivo Blanco (año 1997).

—Medalla OTAN (año 1999), por su participación en el mantenimiento de la Paz y Seguridad en Bosnia-Herzegovina.

—Cruz al Mérito Militar, con distintivo Blanco (año 2001).

—Cruz al Mérito Militar con distintivo Amarillo (año 2003), a título póstumo.

Igualmente le fue concedida una Mención Honorífica en el año 2.000.

Desde esta tribuna que me brinda el diario “Información”, me permito instar al consistorio de Alicante a que se reconozca públicamente los méritos de este ciudadano uniformado que, en su corta, pero fructífera vida, ha dejado huella indeleble entre todos los que le conocieron. Que teniendo capacidad intelectual para haber elegido otra carrera mejor remunerada y cómoda, prefirió el servicio a España y a los seres humanos más necesitados, estando siempre voluntariamente en primera línea de acción y entregando hasta su propia vida por esos ideales.

Por último, me gustaría recitar un bonito pasaje del evangelio en memoria del capitán D. Manuel Gómez Ginerés y, también, por todos los que perdieron la vida en el accidente aéreo de Turquía:

Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros

como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su

vida por sus semejantes. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo

que yo os mando”. (Juan: 15-12, 13,14).

 

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A la derecha mi gran amigo del alma Mariano Pellús Ruiz, paseando por Los Andenes

con el autor de esta página Antonio G. Colomina Riquelme, siendo unos adolescentes

 

 

 

A MARIANO PELLÚS RUIZ, MI AMIGO DE SIEMPRE. “IN MEMORIAM”

 

 

Se nos ha ido “Marianín”. Así te llamábamos los amigos de la infancia. Nos has dejado sin avisar, sin despedirte, de puntillas, sin hacer ruido para no molestar.

No puedo menos que rememorar los viejos tiempos en nuestro pueblo natal. Tú, con 12 años camino del Seminario de la mano de tus padres, y nosotros, tus amigos más íntimos, ayudándote a llevar el equipaje.

Pronto demostraste en aquel centro religioso tu valía, tenías madera de líder. Nosotros íbamos a verte jugar al fútbol a la hora del recreo, eras siempre el capitán del equipo y nos sentíamos orgullosos al ver como dirigías a los demás compañeros.

Un día, cuando decidiste dejar los estudios eclesiásticos para enfrentarte a la vida pura y dura, luchaste con uñas y dientes para abrirte camino en el mercado laboral, pero con tu inteligencia lo conseguiste más pronto que tarde; primero como profesor, después como ejecutivo de una gran empresa aseguradora de las más importantes de este país, allí llegaste a ocupar un alto cargo.

Desde tu puesto directivo me consta todo el bien que has hecho por los más necesitados y, si en algún momento tuviste que tomar alguna decisión dura en razón de tu responsabilidad, sé que luego te costaba una enfermedad porque eras incapaz de hacer daño a nadie. Por eso tu gran corazón se desgastó pronto pues, a pesar de tu apariencia de hombretón grande y duro, eras muy sensible a los problemas ajenos, y un ser humano con unas cualidades extraordinarias.

Recuerdo cuando íbamos a ver la procesión del Silencio como se te ponían los ojos brillantes al paso del Cristo del Consuelo. También conozco, no por ti, las innumerables obras de caridad que realizabas, faceta desconocida por muchos, porque tú lo hacías como dice el evangelio: “Que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la mano derecha”.

Formaste parte de Patronato San Francisco de Borja y te volcaste en todos los sentidos para abrir el centro San Rafael, con el fin de acoger con la mayor dignidad posible a los discapacitados intelectuales adultos carentes de familia. Estos primeros beneficiarios los trajisteis de un “centro” que había en Vergel, donde vivían en unas condiciones deplorables.

También tengo que decir que tuviste una gran sensibilidad y cariño con los enfermos de lepra de Fontilles, donde tu gran labor no ha pasado desapercibida ni mucho menos.

A los que desconocen tu obra porque tú así lo querías (tu modestia y humildad no te permitían otra cosa), me gustaría decirles que, por personas como tú vale la pena seguir creyendo en los seres humanos.

Descansa en paz querido amigo del alma. Me despido de ti con estas hermosas palabras que nos enseña ese libro que tú tanto leíste:

En verdad, en verdad os digo:

Si el grano de trigo no cae en

tierra y muere, queda él sólo,

pero si muere, da mucho fruto”.

(Jn: 12,24)

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Joaquín Ezcurra Gilabert (a la derecha), posa junto a Antonio G. Colomina Riquelme

 

 

 

A JOAQUÍN EZCURRA GILABERT, “IN MEMORIAM”

 

 

Dos jarros de agua fría. El primero con la noticia de tu inesperada y sorprendente enfermedad. El segundo con la terrible noticia de tu repentino fallecimiento.

Joaquín, Orihuela ha perdido con tu partida una figura irreemplazable. Defensor a ultranza de todos los oriolanos, muy especialmente de los más desfavorecidos. Emprendiste por vocación de servicio y amor a tu pueblo una acción política sin precedentes en nuestra ciudad. Fundaste un Partido, “Centro Liberal Renovador”, desde el que accediste como edil al Consistorio oriolano y, desde esa responsabilidad, has traído en jaque a todo el equipo de Gobierno Municipal con tus continuas e incansables iniciativas, siempre persiguiendo con ahínco el bien de Orihuela y sus barrios más deprimidos.

Te conozco desde que eras un niño e ibas de la mano de tus padres hasta la antigua Radio Orihuela de la calle Mayor, donde trabajaban ellos junto a tu tío José Luis; yo, por entonces, ensayaba junto a mis inseparables amigos de la juventud José Céspedes y Manuel Roberto Leonís, aquellos relatos radiofónicos que dirigía el inefable Pepe Torres, ya eras un niño avispado que jugaba con los micrófonos y correteaba por todas las dependencias, el periodismo y los medios de comunicación entraban por tus venas.

Habida cuenta de tus vivencias juveniles no podías ser otra cosa que periodista, te venía de casta, por eso fundaste Tele Orihuela, pionera en la ciudad como televisión por cable. Pero tu vocación de servicio público hizo que sacaras la carrera, también, de licenciado en ciencias políticas, y ya hemos visto todos lo que has sido capaz de hacer por tu ciudad en tan poco tiempo. Estoy seguro que de no haber sido truncada por el infortunio tu carrera política, en las próximas elecciones tus paisanos te hubieran catapultado hasta la cima. Has creado escuela y, sin duda, otros seguirán tus pasos para bien de la ciudad.

En tu afán por servir a Orihuela, y para que no te restase tiempo en ese servicio, decidiste, con gran dolor de tu corazón, dejar la dirección de la Honorífica Orden de San Antón, de la que eras Maestre desde hacía doce años, Orden que tú profesabas un gran cariño por haber sido tu padre uno de los principales fundadores, pero lo hiciste cuando tuviste la seguridad que la dejabas en buenas manos, tampoco en eso te equivocaste. También delegaste la gestión de la prestigiosa revista “Oleza” en una comisión compuesta por jóvenes con ilusiones y empuje, y es que tú creías en la juventud, así me lo comentaste en una ocasión, todo en aras de dedicar más tiempo a la acción como concejal de la oposición con toda libertad.

Ahora ya has dado el paso que, indefectiblemente tenemos que dar todos, pero tú lo has dado como los elegidos, siendo joven y reconocido por todos tus conciudadanos.

Que ningún oriolano piense que ha quedado indefenso al marcharte; ahora seguirás reivindicando mejoras para esta “Orihuelica” que tanto amabas. Pero no ante la alcaldesa, ni ante el Grupo de Gobierno, sino ante Nuestro Padre Jesús, nuestro Patrón, por el que tanta devoción sentías y del que no me cabe duda que te encontrarás muy cerca.

Mi más sentido pésame a tus familiares, amigos, Corporación Municipal y oriolanos en general.

 

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CARTA ABIERTA A ENRIQUE FRANCISCO VINAL NARRO

DESTINO: EL CIELO

 

 

Estimado amigo y paisano: Por la prensa quedo enterado de tu repentina partida hacia El Cielo (con mayúscula). No podría ser a otro sitio, por eso te dirijo esta misiva con destino al lugar de los elegidos, en la seguridad de que la recibirás.

No sabía de tu enfermedad, por eso, la noticia ha impactado sobre mí como lo haría un cañonazo.

Te fuiste el pasado 25 de mayo tras una repentina y grave dolencia. Echaré mucho de menos aquellas conversaciones que manteníamos los dos cuando nos encontrábamos en la Plaza de Calvo Sotelo donde residías en Alicante. Yo iba hacia mi trabajo y tú hacia el tuyo, pero siempre teníamos un rato para hablar de nuestra “Orihuelica”, esa que tanto amabas. Echaré también de menos aquél saludo tan oriolano que me dispensabas con tu arrolladora simpatía: “¡¡Chico, Antonio!!”, y me dabas un abrazo que yo te correspondía. Y comenzábamos siempre con aquél, “¿te acuerdas?”…

Y recordábamos cuando, tú y yo, todavía unos adolescentes, trabajábamos en nuestro pueblo, tú como dependiente en Tejidos Emilio Salar de la calle Mayor, donde compartías mostrador con nuestro común amigo Tano. Y yo, como aprendiz en una sastrería. Me encantaba visitarte en tu tienda cuando tenía que comprar algún artículo porque era un placer hablar contigo. Siempre salía de allí con el género que tú me despachabas y con la alegría de vivir que me contagiabas.

Después, seguimos ambos destinos diferentes, pero los dos recalamos en Alicante buscando la cercanía de nuestro pueblo, tú desempeñando un alto cargo en una importante empresa de electrodomésticos, yo como funcionario. Así, hemos coincidido durante muchos años, ya que en mi trayecto habitual tenía que pasar por la puerta de tu domicilio varias veces al día.

Echaré de menos también aquella impresionante figura tuya de más de 1’90, con tu cartera asida fuertemente contra tu pecho, tu elegante forma de vestir y aquella extraordinaria y varonil voz; pero sobre todo, tu bondad, tu honestidad y tu oriolanismo que llevabas como bandera. Inasequible al desaliento animando con tu presencia en Los Arcos, domingo tras domingo, a nuestro ‘Orihuela Deportiva’, y después, ‘Orihuela C.F.’

Enrique, muchas veces me repetías que mis libros, tras haberlos leído varias veces los guardabas en una estantería del comedor de tu casa, “donde mejor se veían”. Siempre me decías: “Tienes que firmármelos”. Y yo te respondía: “Cuando tú quieras”. Pero ya sabemos lo que ocurre en la vida de las ciudades, nunca se encuentra ni el momento ni el lugar adecuado para estas cosas debido a las prisas que siempre llevamos con nuestras ocupaciones diarias.

Ahora ya has realizado ese viaje sin retorno que, indefectiblemente tenemos que hacer todos. La diferencia entre unos y otros está en el bagaje que portamos. El tuyo, repleto de buenas acciones que ofrecerás a Nuestro Padre Jesús y a Ntra. Sra. de Monserrate, tus patrones, a los que tanto amabas y venerabas. Por eso se cumplirá en ti las hermosas palabras del evangelio:

 

“Yo soy la luz del mundo; el que me siga

no caminará en la oscuridad. Sino que

tendrá la luz de la vida” (Juan: 8-12)

 

Mis condolencias más sinceras a todos tus familiares, amigos y a los muchos oriolanos que te querían y te admiraban por tus numerosas cualidades.

Descansa en paz querido amigo.

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HASTA SIEMPRE DON JOSÉ

 

 

Me acabo de enterar de tu repentina marcha. Te has ido cómo tú eras, discreto y sin dar faena a nadie. Tu condición de discapacitado intelectual (como ahora se dice), no te eximía de llevar con toda justicia el apelativo de DON (con mayúscula). Eras el alma del CAMP Santa Faz, siempre les dabas la bienvenida a todos con aquella amabilidad que te caracterizaba y tu eterna pregunta: «¿Has almorzado ya?...». El Centro no será lo mismo sin ti.
Tu figura delgada, tu eterna sonrisa, tu bandolera sobre los hombros y en verano tu perenne sombrero o gorra de visera, hacía de ti un personaje pintoresco y único entre los beneficiarios de la Institución. Nunca querías salir de allí, con tu manera de hablar siempre me decías: «Antonio, yo no voy a ninguna fiesta porque me pisan y me empuja la gente»; y es que, a pesar de tu discapacidad, tenías las ideas muy claras, tanto que de alguna manera envidiábamos tu manera de ser.
Don José Vélez, así te llamabas, como el cantante canario, llegaste al CAMP Santa Faz de Alicante procedente de aquél nefasto centro que con justicia cerraron en Vergel, eras natural de Elche de la Sierra. y te adaptaste inmediatamente a nuestra tierra. Te echaremos mucho de menos, pero nos queda el consuelo de que, desde ahora, hay un ángel más en el cielo. Hasta siempre Don José.

 

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