CURIOSIDADES ANTIGUAS ORIOLANAS

 

 

Puesta de Sol y Claustros de la Catedral de Orihuela

 

 

MISCELÁNEAS Y CURIOSIDADES 

 

 

Este capítulo está dedicado a algunas curiosidades que se daban en Orihuela en tiempos pretéritos

 

El Jueves Santo a partir de las 10 de la mañana, hora en la que se conmemoraba la muerte del Señor, ya no se podía hacer ruidos, en las casas que tenían por costumbre cantar mientras hacían la faena doméstica ya no lo podían hacer, ni poner la radio —los pocos que tenían receptor—, los carros no podían circular porque rechinaban sus ruedas en los adoquines; los espectáculos se cerraban y las casas de citas también. Si a alguien se le ocurría emitir algún sonido más alto de lo normal inmediatamente había quien se lo recriminaba diciéndole: “¡Cállese, que ha muerto el Señor!”

Cuando resucitaba el Señor el Sábado Santo a las 11, en el palacio episcopal lanzaban desde los balcones aleluyas, los vecinos arrojaban a la calle botijos viejos en señal de alegría, y “Marianico el Alpargatero” desde la puerta de su tienda tiraba tracas y calderilla para los chiquillos.

En la procesión de Nuestro Padre Jesús se pedía limosna, Mariano “El Sestero”, portaba una imagen en miniatura del Patrón con una bandeja plateada y gritaba: “¡Limosna para Nuestro Padre Jesús!” Iba ataviado con una túnica morada.

Por la década de los 50 se celebró en Orihuela el Año Mariano. Llegaron a la ciudad unos misioneros que eran muy buenos predicadores, la gente abarrotaba las iglesias para escuchar sus sermones, en la iglesia de las santas Justa y Rufina colocaron unos grandes altavoces que sonaban a las seis de la mañana todos los días con música religiosa, era como una “diana” para despertar a la gente y que acudieran a la primera misa que se celebraba a las siete. Como colofón de todos los actos se celebró en la Glorieta una misa presidida por el Obispo de la Diócesis a la que llevaron muchas imágenes de Orihuela y de las pedanías.

Había algunos que tenían en sus casas pequeñas embarcaciones, botes o piraguas, lo hacían para salir por las calles anegadas en las frecuentes riadas y poder llevar alimentos a los vecinos por encargo de éstos; por una pequeña cantidad suministraban el pan, o lo indispensable para que los afectados por la inundación pudieran aguantar en sus casas los días que durase la crecida. Ellos dejaban caer una cesta desde los balcones atada con una cuerda y el barquero le ponía el encargo que había recibido previamente. En una ocasión la Rambla de Abanilla se desbordó con tal fuerza que se llevó medio cementerio de Benferri, y unos cuantos ataúdes llegaron hasta la puerta de la iglesia de la Merced de Orihuela.

En las inundaciones había por costumbre llevar a la Virgen de Monserrate, portando en sus brazos un ramo de flores hasta el Puente de Levante, allí la inclinaban para que cayera a las aguas el ramo, con ese gesto pedían los fieles que bajase el nivel de las aguas y cesara la inundación.

Algunas bodegas de la ciudad ponían en la puerta una rama de pino colgada de la pared, con esa señal anunciaban al público la venta de vino. En las alpargaterías colgaban en la puerta alpargatas y arreos de las caballerías, era más eficaz que poner un letrero, con ello enseguida veían los viandantes lo que se podía comprar en ese establecimiento. Las tiendas donde vendían alfalfa ponían colgado de la pared un manojo de dicha hierba.

Marianico el Alpargatero”, ponía todos los años en navidad, en la puerta de su juguetería un rey mago de cartón con un buzón en las manos para que los niños pudieran depositar sus cartas a los reyes.

En las fiestas de los barrios solían celebrar competiciones como, carrera ciclista de cintas. Los participantes iban en bicicleta de paseo y cruzaban por debajo de un palo que atravesaba la calle, desde el mismo colgaban unas cintas de colores con una anilla, el ciclista tenía que introducir, sobre la marcha, un pequeño palito que llevaba en la mano por la anilla y arrancar la cinta; el ganador era el que mayor número de cintas le presentaba al jurado.

Había otro concurso que por curioso vale la pena recordar, le llamaban la peseta en la sartén. Consistía en pegar una moneda de las llamadas “rubias” en el centro de una sartén, el concursante tenía que arrancarla con los dientes, si lo conseguía se quedaba con ella, en este concurso tenían más ventaja los  que tenían la dentadura prominente.

Otra tradición que se celebraba todos los años con gran alharaca era la Cruz de Mayo. Se adornaban todas las calles de Orihuela con cadeneta y banderitas que hacían los vecinos, en las rejas se ataban ramas de álamos y pinos, los residentes sacaban macetones a la calle, ponían en los balcones bombillas y cobertores, al fondo se levantaba un altar y en él, sobre la pared se colocaba una gran cruz hecha con flores. Todos querían que su calle fuera la más bonita y adornada, se visitaban y se comparaban unas con otras; después venían los comentarios a favor o en contra de las calles visitadas.

El comerciante de tejidos Emilio Salar, instalaba todos los años en uno de sus grandes escaparates de la calle Mayor, una cruz muy bonita, con muchas flores y luces, casi todos los oriolanos iban a verla. Esta preferencia le venía a don Emilio porque él era oriundo de Abanilla, lugar donde se tiene gran devoción por la Santísima y Vera Cruz, cuyas fiestas patronales se celebraban por esas fechas.

El 15 de julio por la noche la banda municipal daba un concierto en la Plaza del Carmen como homenaje a la Virgen. A la una de la madrugada cesaba la música y empezaba la primera misa en la iglesia del convento carmelita. Las eucaristías se celebraban cada hora hasta las diez de la mañana del día 16 que hacían la misa mayor presidida por el obispo. Si esa noche se entraba por una puerta de la iglesia del Carmen y se salía por la otra se ganaba el jubileo. En la festividad de Nuestra Señora del Carmen, se sacaba a la Virgen en procesión solemne, recorría la calle Meca y alrededores, ponían en los balcones cobertores y los vecinos adornaban las calles con macetas, ponían varias mesas ornamentadas para que pudieran poner las andas y descansar los costaleros. Las monjas carmelitas, —por entonces había más de un centenar—, vestían su hábito de gala con una gran capa blanca.

El Jueves Santo, iban casi todos los oriolanos a rezar las estaciones, las mujeres vestidas de negro con peineta y mantilla o con un velo sobre la cabeza; se visitaban los Monumentos de varias iglesias, pero se tenía que hacer en número impar, las visitas decían que para que fuesen válidas debían ser: 1, 3, 5, 7, etcétera. Era muy típico ese día hacer en las casas “paparajotes”, una especie de buñuelos muy ricos, distintos a los paparajotes murcianos.

Las monjas de las Salesas se dedicaban a zurcir ropa para la gente, pero no admitían pantalones de hombre, esa prenda no la trabajaban.

Las monjas de clausura, cuando tenían que entrar profesionales para hacer algún arreglo en el convento, éstos iban acompañados por la hermana tornera que tocaba una campanilla por donde pasaban para que las hermanas que se cruzaran, si no les daba tiempo a esconderse, se taparan la cara con un velo negro.

Todos los años se celebraba la procesión de la Virgen de las Angustias, salía desde la ermita situada cerca de la vía ferroviaria, en la carretera de Arneva, y llegaba hasta la puerta del Asilo de Ancianos, lugar donde daba la vuelta y regresaba a su lugar de origen.

Se comentaba que en cierta ocasión fue una mujer de los alrededores de Orihuela al estudio fotográfico de Loíno, al entrar preguntó: —¿Está el fotero?, es que vengo “pa” que me fote.

Algunos barberos se ponían en calles y plazas ofreciendo sus servicios, con una silla y un pequeño maletín donde guardaban sus herramientas, afeitaban o cortaban el pelo al viandante que lo deseaba por una módica cantidad, siempre inferior a la que cobraban en las peluquerías.

En algunas casas, cuando por alguna circunstancia olía mal, sobre algunas ascuas de carbón, ponían una cucharada de azúcar y el humo perfumaba la estancia. No cabe duda que era más ecológico que los actuales ambientadores.

Había un vigilante nocturno (Sereno) en el Rabaloche llamado Peral, el hombre no entendía bien el reloj, así que cuando alguien le preguntaba la hora se subía la manga y le mostraba el reloj de pulsera diciéndole: “Míralo tú mismo, para que veas que no te engaño”.

Algunos sastres de la época se desplazaban un día a la semana a pueblos de la Comarca, —incluso a Santomera, Cox, Callosa, San Vicente del Raspeig, etcétera. Portaban en sus bicicletas o motos paños y prendas de prueba para los clientes que tenían en esas ciudades. Probaban los trajes y atendían a la clientela en alguna casa o establecimiento que tuviesen amistad. Ese sistema les iba muy bien, sobre todo en las fechas que la faena en Orihuela era más inactiva.

Una señora llamada Adela, iba por las calles y plazas portando una gran cesta con imágenes en miniatura de santos, canicas, peonzas... cambiaba por trapos y alpargatas viejas.

Otra señora llamada Amparito, vendía por las calles y plazas platos de “camarrojas” hervidas.

Era muy normal ver en balcones o patios cuerdas donde se tendían las mondas de las naranjas a secar, y es que iban por los domicilios comprándolas, las pesaban y las pagaban según al precio que estuviesen en el mercado.

El oficio de bolillera era también muy importante entre las mujeres que trabajaban en su domicilio, tomaban encargos y hacían encaje de bolillo para los roquetes de los sacerdotes y otros adornos.

Igualmente había algunas mujeres que se dedicaban a almidonar tapetes para mesa camilla, butacones, mecedoras, enaguas, etcétera.

Otro oficio doméstico eran las señoras que recogían ropa en las casas de los más pudientes para llevarla al río a lavar, la devolvían limpia y planchada en unos cestos que portaban en la cabeza.

Los puntos donde se congregaban todos los tratantes de la Vega Baja eran, los alrededores del hotel Palas, el bar Zara, el bar Español y el Café Colón, en la puerta de dichos establecimientos se congregaban cientos de hombres, sobre todo los días de mercado, se podía comprar o vender cualquier cosa, una vez cerrado el trato se estrechaban la mano comprador y vendedor y eso tenía más valor que cualquier papel escrito.

La Glorieta de Gabriel Miró, estaba rodeada por una gran valla de hierro, la parte superior terminaba en punta de lanza por lo que no se podía escalar sin grave peligro para la persona. Por las noches había un encargado municipal que cerraba la puerta; en algunos casos, se daba la circunstancia de que alguna pareja de enamorados se le pasaba la hora de cierre y cuando acudían a la puerta ya estaba cerrada. Más de uno tuvo que pasar la noche en un banco de la Glorieta.

Recuerdo dos casos de catalepsia que se dieron en Orihuela, uno lo protagonizó Manolico “El Marullo” y fue en la calle Acequia, donde tenía su domicilio. El otro fue en la calle del Río, le ocurrió a Mercedes “La Trapera”. Ambos, tras estar amortajados, “resucitaron”, los familiares y vecinos que se encontraban en el velatorio salieron de estampida aterrados.

Por el mes de marzo, todos los años en calles y plazas se celebraba la festividad de San José, una semana antes iban los vecinos acumulando en un montón enseres viejos y todo lo que pudiera arder, el día 18 por la noche le prendían fuego y se formaba una gran hoguera, los chiquillos daban la vuelta a la fogata cantando: “¡La hoguerica San José, un mistico y a correr!”

Los juegos callejeros de los zagales oriolanos de entonces eran muy diversos, de entre los más importantes para ellos estaban: Plau, Marro, Píndola, Rompes —se jugaba con la tapa de las cajas de cerillas—, las Tres en Raya —se jugaba con las canicas—, al Ajo, al Agua va, a las guerras con piedras entre barrios, si alguno aparecía con una espada de madera se reían de él y lo tomaban por un finolis. Al Alto, a Pillar, a la Trompa —peonza—, a cazar gorriones con tirachinas. También se hacían pitos con el hueso del albaricoque. Se restregaba el hueso en el suelo o sobre una piedra con un poco de agua hasta que se producía un agujero, con un alfiler se sacaba la moya y una vez hueco se podía pitar con él.

Las “Rejullaeras”, de ellas ya he hablado en mi libro “Orihuela, Dulce Pueblo”.

Otro juego de los niños era la “resurrección” de las avispas. Se cazaban con mucho cuidado de que no picaran, se les quitaba el aguijón y se las ahogaba en agua, después se ponían al sol cubiertas con un poco de tierra y en diez minutos escarbaban la tierra y salían vivas emprendiendo el vuelo de nuevo.

Los gusanos de seda también eran una distracción muy buena, se conseguían en la fábrica de la seda que había en San Francisco; como es sabido se alimentaban con hojas de morera, después de hacer el capullo y salir la mariposa se le ponía un paño blanco para guardar los miles de huevos que depositaba hasta morir. Al año siguiente, esas minúsculas bolitas se convertían en pequeños gusanos.

Había por entonces una coplilla o verso popular que recitaban pícaramente las personas más mayores que decía:

 

Los frailes de San Francisco.

Han plantado un pepinar.

Qué demonio de los frailes.

Qué pepinazo tendrán.

Las monjas de San Juan.

Le han mandado a decir.

Si nos mandáis pepinos.

Os mandaremos perejil”.

 

Los oriolanos de antes tenían por tradición tomarse un día de playa cada verano —los que no tenían medios para tomar largas vacaciones—. Ese día solía ser la festividad de Santiago apóstol, llamado también San Jaime. Los transportistas Lozano, Cámara, Ignacio “El Pescatero”, Correa, y algún otro que no recuerdo, sacaban excursiones en sus camionetas, unas a Torrevieja, otras al Moncayo, incluso a Santiago de la Ribera. Las familias iban al completo con sus bolsos cargados de comida y bebida, la salida se realizaba muy temprano y la gente menuda disfrutaba de lo lindo todo el día en la playa. Al regreso en las camionetas no se podían rozar unos con otros porque volvían quemados del sol. Al llegar a casa todo eran cataplasmas de vinagre en las espaldas, y si el sol había hecho mella en la cabeza, cubrían al perjudicado con una sábana todo el cuerpo, le ponían un plato con agua sobre la cabeza y cuando ésta se calentaba la cambiaban por otra fresca, así hasta que se aliviaba la insolación del afectado.

Antes de que se hiciera el campo de fútbol de Los Arcos, se jugaban los partidos en un terreno que había en la actual Ocarasa, frente a lo que hoy es Comisaría de Policía, el terreno de juego era de tierra con alguna piedra que otra, allí se veía jugar a los legendarios futbolistas oriolanos Villagrasa, “El Rondoyo”, “El Sangre”, Riquelme, “El Oliva”[...]

Allá por la década de los 40 o principio de los 50, hubo un hecho que turbó a toda Orihuela, no se hablaba de otra cosa, denominaron aquel caso como “La mano de Redován”. La historia corrió como la pólvora. Un agricultor de la huerta de Redován, se encontraba una mañana arando la tierra, hacía frío y llevaba encima una manta a modo de capa, de pronto notó la presencia de alguien detrás de él que le puso una mano en la espalda. Después le volvió a tocar y le grabó una cruz. El agricultor empezó a decir que se trataba de una tía suya que había fallecido. Mucha gente de Orihuela y los alrededores se desplazaban a Redován a la casa de este personaje que tenía expuesta la manta en una pequeña vitrina colgada de la pared. La manta, de color beige, tenía grabada a fuego una esquelética mano y una cruz; mucha gente regresaba impresionada al ver aquello, otros, totalmente incrédulos. Al poco tiempo se dejó de hablar de “la mano de Redován” y se comentaba que todo fue una farsa.

Vete a volar la milocha”. Esta frase se utilizaba mucho en mi niñez cuando una persona se quería librar de alguien.

Por entonces había gran afición entre los muchachos a practicar esta actividad. La cometa —llamada en Orihuela “milocha”—, se hacía con un ensamblaje de cañas, papel de seda de colores, engrudo de harina, y una cola de trapo que daría estabilidad para volar el artilugio. La “milocha” iba atada a un hilo de palomar y éste enrollado en un gran ovillo sobre un pequeño palo. Los expertos en volar milochas las hacían muy grandes, podían medir hasta dos metros de longitud. El lugar perfecto para volarla era la sierra de San Miguel y proliferaban más en la primavera. Algunos eran tan buenos que se ponían en el paraje conocido como El Malguarte, cerca del Seminario, y su “milocha” volaba por encima de la torre de Santa Justa. Los niños más pequeños cultivaban esta afición con “aviluchos”, una especie de cometa que se confeccionaba sin cañas y formaba un pico delantero parecido a un ave, con esto jugaban por calles y plazas.

Inocencio Carretero fue un oriolano muy bueno, tan bueno que algunos ya lo catalogaron como santo, no hacía otra cosa que recoger por las casas aceite para encenderle luminarias a todas las hornacinas que había con imágenes de la Virgen o de santos por todas las calles de Orihuela. Un día ocurrió un hecho que se comentaba milagroso, estando en la calle Mayor encendiendo unas mariposas se le cayó al suelo una botella de aceite de un litro, ésta se rompió y el líquido se derramó por todo el pavimento que por entonces era de adoquines. Entró en una tienda y pidió una botella de litro vacía; con los dedos índice y corazón de la mano derecha comenzó a recoger aceite del suelo y a echarlo en el nuevo envase, la gente que lo veía lo tomaban por loco, le decían que se olvidara del aceite que ya no lo podría recuperar; él pasaba los dedos por encima de los adoquines y luego los restregaba por la boca de la botella, al rato la llenó y todavía quedaba aceite en el suelo. Después de tantos años aún hay quien se acuerda de él y visita su tumba en el cementerio.

El día de la Ascensión, los frailes del desaparecido convento de Capuchinos, rezaban el rosario y cantaban por la calle con el resto de los fieles, subían por detrás del cementerio y llegaban hasta la Cruz de la Muela.

Las monjas de Jesús y María tenían una vaquería y vendían leche al público.

En Semana Santa los nazarenos que vivían en la huerta, en algunos casos, en vez de caramelos repartían habas tiernas y alcachofas. Los nazarenos de la Samaritana, como les llamaban “el huevo duro” por el color de su vesta, algunos daban ese rico alimento.

En la época en que el director del Oratorio Festivo era el sacerdote jerezano don Juan Torres Silva, como los alumnos de ese colegio eran en su gran mayoría de condición humilde, este buen cura les daba pan y chocolate para merendar y también, en los casos extremos, los calzaba y los vestía. Los zagales le cantaban:

 

Viva don Juan.

Viva don Juan, don Juan, don Juan.

Que nos compra alpargates

y nos da de merendar [...]

 

En el Oratorio Festivo también se dieron tres anécdotas que podían haber sido tres grandes desgracias; afortunadamente, según decía el Padre don Antonio Roda, su director, el manto de la Santísima Virgen María Auxiliadora les libró de lo peor. Fue así:

En el antiguo edificio del colegio había tres o cuatro plantas de altura —no recuerdo bien—, el pasamano de la barandilla de la escalera era de madera, algunos alumnos, para bajar la utilizaban como tobogán, descendían de espaldas y montados a “caballo”. En una ocasión, el niño Carmelo “El Pijorrio”, se le fue el cuerpo hacia adentro y se precipitó desde el piso último hasta la planta baja. Fue dando bandazos con su frágil cuerpo en los tramos de barandilla inferiores hasta llegar al suelo. Incomprensiblemente no sufrió daños de importancia. Desde entonces pusieron en los pasamanos unos enormes tacos de madera clavados a un par de metros de distancia unos de otros, desde arriba hasta abajo; de esa forma nadie podía ya deslizarse sobre la barandilla.

En otra ocasión, antes de la inauguración de la iglesia, otro alumno entró jugando a través de un ventanuco en el techo falso del templo que todavía no estaba acabado, éste cedió y el niño se cayó hasta el suelo. Se comentaba que el guardapolvo que llevaba puesto se hinchó como un globo y le sirvió de paracaídas. El chaval resultó ileso a pesar de la gran altura que había.

Otro desgraciado accidente ocurrió en el Oratorio; nada más inaugurarse la iglesia llegó la festividad de María Auxiliadora, cuando salió la procesión con la Virgen que era acompañada por los alumnos del colegio y los seminaristas de San Miguel, además de profesores y fieles en general. Al salir la imagen de la Virgen por la puerta del templo comenzó la música a tocar la Marcha Real, la campana, que todavía no se había estrenado comenzó a voltear tocando con fuerza, en ese momento se desprendió el badajo de hierro y salió volando hasta dar en la cabeza de un seminarista. Milagrosamente salvó la vida y tuvo muy pocas secuelas pudiendo continuar sus estudios eclesiásticos.

El colegio Oratorio Festivo de San Miguel, era muy completo dentro de sus limitaciones económicas, su banda de cornetas y tambores, en cierta ocasión se desplazó a la vecina localidad de Redován para actuar en un festejo, al parecer no les dieron la merienda, como era habitual en estos casos, y surgió una coplilla que se hizo famosa en Orihuela, decía así:

 

En este pueblo de Redován.

Tenemos hambre y no nos dan pan.

Y don Juan dice válgame Dios.

Coged los pitos y vámonos [...]

 

La música y el arte en general era una constante entre los muros del Oratorio, no en vano su director don Antonio Roda, tocaba el piano y el órgano con gran maestría; don Antonio facilitaba las instalaciones del Centro para toda manifestación artística, eso cuando él mismo no era el promotor de las mismas, por ello, el Oratorio era un trasiego de gente con instrumentos musicales en la mano. Los ensayos de la banda Unión Lírica Orcelitana; la banda de cornetas y tambores “Auxilium”; la tuna “Estudiantina Oriol”; grupos de teatro; las sesiones de cine dominicales; etcétera.

A don Antonio le encantaba, fuera del horario de clase, reunir a todos los alumnos en la capilla donde se ensayaban nuevas canciones para la Virgen, entre ellas, había algunas de su preferencia como:

 

Es María Auxiliadora.

Dulce faro de la paz.

Es el amor de mi alma.

Desde que yo supe amar [...]

 

Pero su favorita, sin duda alguna, era esa especie de himno a María Auxiliadora:

 

Rendidos a tus plantas reina y señora.

Los cristianos te aclaman su Auxiliadora.

Yo tus auxilios vengo a pedir.

Virgen Santísima ruega por mí.

En las horas de la lucha tú eres mi consuelo.

Al dejar esta vida, llévame al cielo.

Yo tus auxilios, vengo a pedir.

Virgen Santísima, ruega por mí [...]

 

 

* * * * * *

 

 

 

VOCABULARIO ORIOLANO DE TIEMPOS PRETÉRITOS

 

 

ABERCOQUE Albaricoque

ABONICO Hablar muy bajo

ABUJERO Agujero

ADOBAO Curado en vinagre

AGUACATE Níspero

AGUA CHIRLE Sopa o comida aguada

AGÜELA Abuela

AGUILANDO Aguinaldo

APONAO Agachado

JUNTAR Ser amigo

ALCACIL Alcachofa

ALGAYATA Alcayata

ALIACÁN Ictericia

AMOLAOR Afilador

AMOS Vamos

ANGUNSAERA Columpio

ARRAÑAR Arañar

ARRASCARSE Rascarse

ARROJAR Vomitar

ASOGUE Inquieto

AVELLANA Cacahuete

BAJOCA Judía verde

BALDE Barreño

BISUEJO Bizco

BLEA Acelga

BLINCAR Saltar

BOLAS Canicas

BORIA Niebla

BUBA Pupa, pequeña herida

BUFA Globo

BUFETA Ampolla en la piel

CALANDRACA Dar la lata, molestar

CALBOTASO Golpe dado con la mano en la cabeza

CANCANERO Pelmazo, pesado

CANILLA Tibia, pierna delgada

CAPARRA Garrapata

CAPUZÓN Introducir la cabeza en el agua

CARLOTA Zanahoria

CARRUCHA Garrucha, polea

CASTAÑASO Golpe

CATALINA Excremento

CETRA Cazo para sacar agua de la tinaja

CLUJIR Crujir

COCA Pegar en la cabeza con un dedo doblado

COMINERO Salsero, entremetido

COMPANAJE Charcutería

CONGRIO Mona con huevo cocido

CORDETA Soga de esparto en forma de trenza

CORVILLA Hoz, herramienta para segar

CUPIÑA Saliva

CURCUSILLA Donde termina la espalda

CURIANA Cucaracha

CHAFARDERO Mentiroso

CHAMBI Helado de mantecado

CHARAMITA Dulzaina

CHARPA Botijo de forma achatada

CHEROLES Guijarros

CHINCHARRASO Golpe fuerte

CHIQUITO Niño

CHUMINÁ Poca cosa

DEFARÓN Resbalón

DESFARARSE Resbalarse

DESTARIFAO Alocado

DOTOR Que cree saberlo todo

ENCANIJAO Muy delgado

ENGUISCAR Prometer algo que no vas a cumplir

ENJUASCARSE Obsesionarse con los juegos callejeros

ENSOBINARSE Encerrarse en algún lugar exageradamente

ENSUCIAR Defecar

ENVIÓN Empujón

ESCALDUFAO Escaldado

ESCUPIÑAJO Escupitajo, salivazo

ESNUCLAO Muerto por golpe en la nuca

ESPANSORRAR Abrir en canal

ESPARABANES Pies planos

ESPARATRAPO Esparadrapo

ESPATARRAGÁ Abierta de piernas

ESPIRITUAO Famélico

ESPOLSAR Sacudir el polvo

ESPOLSÓN Echar una reprimenda

ESPERTUGÁ Despertar de pronto

ESTUFIO Contestar de forma maleducada

FACA Navaja de grandes proporciones

FALFULLERO Persona que no se le entiende bien al hablar

FALLUTO Estropeado

FESTEAR Cortejar a la novia

FOLLONERO Que da la tabarra

FREGASA Vajilla para lavar

GAMELLA Recipiente donde comen los cerdos

GARBA Manojo de verde

GARGAJO Esputo

GARGAMEL O GALILLO Garganta

GAYAO Cayado, bastón

GUCHILLO Cuchillo

GUCHARA Cuchara

HIGO DE PALA Higo chumbo

JALUSA Apetito, hambre

JETÁ O JETASO Bofetada

JIPAR Ver a lo lejos

LADRIOLA Hucha para guardar monedas

LAGAÑA Legaña

LATIGASO Calambre eléctrico

LISIAO Lesionado

LONGUI Disimular, hacerse el distraído

LLANDA Bandeja metálica de horno

LLANTERA Llanto prolongado

LLUECA Clueca

MAERE Madre

MACOCO Maduro

MAGANTO Vago

MALACATÓN Melocotón

MANDAO Cumplir un recado

MANFLORITA Afeminado

MANIFASERO Persona que hace lo que no sabe

MAÑACÁ Hacer cosas de niños

MAÑACO Niño

MARRAJA Garrafa

MARULLEAR Regatear en el fútbol

MELÓN DE AGUA Sandía

MELOPEA Borrachera

MELVA Cansancio

MENGAJO Persona joven de poca personalidad

MERGUISO Mellizo

MERLA Persona habladora

MIAJA Poca cosa

MILOCHA Cometa de papel

MINA Pene

MINDANGO Holgazán

MINSO Persona callada poco fiable

MONA Pan quemado, dulce típico de Pascua

MONDONGO Comida elaborada con estómago y pezuña de ternera

MOÑIGO Boñiga

MORSIGUILLO Murciélago pequeño

MOSA Empleada del hogar

NULO Nublado

OBISPA Avispa

OLISCÓN Curioso, cotilla

OLZA Tinaja de agua

PACHORRA Persona tranquila

PAERE Padre

PALERA Chumbera

PALOMA Bebida con agua fría y anís

PANCHÁ Comer mucho

PANOCHA Mazorca de maíz

PARRANCANO Patizambo

PARSIMONIA Hacer las cosas lentamente

PASTURAR Pastorear el ganado

PELAÍLLA Peladilla, Almendra rebozada con azúcar

PERA Bombilla

PERROGORDO Moneda de 10 céntimos antigua

PESAMBRE Disgusto, enojo

PÉSOLES Guisantes

PICHÍN Órgano genital femenino

POLLERA Corchete

POSAL Cubo

POSPOSO Tartamudo

POSTISA Castañuela

PRUNA Ciruela

RECALCAO Contusionado

REJULLAERA Tramo refinado de sierra que utilizan los niños a modo de tobogán

RELENTE Humedad nocturna

REMANGARSE Subirse la ropa

REVENÍO Alimento que se pone blando, persona alta y pálida

ROBIÑAO Oxidado, persona de desarrollo lento

ROMANSERO Persona que para decir algo da muchos rodeos

SAFA Palangana

SAÍN Sacar de lo más profundo

SALSO Persona alta y desgarbada. Lugar donde se crian los gusanos de seda

SAMORDO Persona callada, pero que encierra mucho

SANAGUSTÍN Langosta, saltamontes

SANGUANGO Persona alta, desgarbada

SEMAO Poco hablador y malas intenciones

SENIA Noria

SEPASO Golpe dado con la mano en la nuca

SISAÑERO Incordiante

SITRATO Regaliz

SOPLILLO Merengue

TABARDILLO Síncope, ataque

TEMPLAR Afinar un instrumento

TIRISIA Repelús por algo que se ve o se escucha

TOBALLA Toalla

TORNA Trozo de pan para completar el peso

de una determinada cantidad de la hogaza

TORRAOS Garbanzos tostados al horno

TOSTÓN Aburrir con la conversación

TOSTONES Palomitas de maíz

TRAMUSOS Altramuces

TROLA Embuste

TROMPA Peonza

TROMPICHE Peonza pequeña

VESTE Vete

VISO Prenda interior de señora

ZAGAL Adolescente

ZARZO Repisa de caña o madera para criar gusanos de seda

***